Santa Fe,
julio de 1.580. Siete jóvenes criollos, encabezados por Lázaro Benialbo, logran
que gran parte de la población blanca nativa se amotine contra las autoridades de
la ciudad – todos los españoles nacidos en la península, a las que destruyen y
ponen en prisión.
No tardan
en surgir rencillas entre los rebeldes. Benialbo es perseguido y muerto por el propio
gobernador Arévalo, nombrado por los criollos.
Los
gobernantes derrocados recobran la libertad retornan a sus puestos y ordenan la
ejecución de los que participaron en el motín y ordenan la ejecución de los que
participaron en el motín.
Cuando en
noviembre regresa Juan de Garay, gobernador y fundador de Santa Fe, ausente de
pocos días antes del suceso se produce la amnistía a los aún sometidos a proceso.
El
episodio muestra el antagonismo entre peninsulares y criollos nacidos en
América pero descendientes de españoles que se sentían injustamente discriminados.
Aunque
llegaron a ocupar altos cargos, el poder siempre estuvo en manos de españoles
nativos.

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