viernes, 6 de febrero de 2026

EL HUMANISMO IMPOSIBLE DE LOS VALDÉS.

 


 



NÁPOLES. El escritor español Juan de Valdés se establece en esta ciudad, donde se entrega a la divulgación de su doctrina basada en la renuncia total de los honores y riquezas de la vida, y a escribir sus obras y tratados místicos y teológicos así como de  la exégesis de los libros sagrados.

Tareas estas  que le ocuparían hasta el final de sus días en esa italiana ciudad, Juan de Valdés había nacido en Cuenca en 1498 y a los veintiséis años había entrado al servicio del Marqués de Villena,  en cuya casa realizó la reflexión sobre una posible reforma que probablemente maduraría.


Fue  animado por el ambiente que se respiraba en la universidad de Alcalá, foco importante de erasmistas y en la que ingresó antes de realizar misiones diplomáticas para cancillerías imperial y vaticana.

Relacionado con los alumbrados, el pensador estuvo envuelto en diversos procesos pese a su carácter. Ya en 1529, los católicos habían denunciado a la Inquisición su Diálogo de la Doctrina cristiana, en el que tras pasar examen no se halló ningún delito de gravedad.

Fue un místico heterodoxo del iluminismo, Valdés escribió un alfabeto cristiano, las ciento diez consideraciones divinas, un comentario a la epístola de san Pablo a los romanos, y una interpretación de los salmos.


Su celebridad se debe también a la redacción de un Dialogo de la lengua, exento de consideraciones religiosas, que escribió en 1535 para facilitar el aprendizaje del castellano a sus alumnos.

No obstante rebasa los límites de la gramática, al introducirse en el ámbito filológico y en el de la crítica literaria.

Alfonso Valdés hermano del anterior, nació también en Cuenca en 1490 aproximadamente. Es probable que fuera alumno de Pedro Mártir de Angleria que realizó sus estudios universitarios en Alcalá  Bolonia, figura clave del humanismo erasmista español, a partir de 1520, Alfonso participó en la vida política del país al lado del  emperador, quien lo premió con diferentes cargos de importancia.


Enfrentado con la Inquisición, elaboró su propia doctrina, reflejada en dos obras dialogadas llamadas Diálogo de Lactancia y un arcediano o de las cosas ocurridas en Roma (de talante político,  y en defensa del emperador ante el asalto a Roma), y un Dialogo de Mercurio y Caronte



 

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