lunes, 20 de julio de 2026

FIN DEL SIGLO DE ORO

 

                                

El Escorial año 1685.- El pintor Claudio Coello pinta La Adoración de la Sagrada Familia, para la sacristía del monasterio. 

Procedente de diversas regiones españolas se concentran en Madrid, al finalizar el siglo XVII, pintores que se hallan sobre todo atraídos por la decoración de el Escorial.

Entre ellos se cuenta el Vallisoletano Antonio de Pereda, los sevillanos José Antolinez, Francisco de Herrera y Juan del Valdés-leal, o el benedictino Juan Andrés Rizi, de origen italiano que ingresaría en el monasterio de Monserrat.

Las dos figuras artísticas que mayor relieven alcanzan en el periodo son Juan Carreño de Miranda y Claudio Coello, Juan Carreño había nacido en 1614 y procedía de una familia noble.

Sucesor de Velázquez en el cargo de pintor de la corte, consiguió celebridad gracias el fresco de la bóveda de la iglesia de San Antonio de los portugueses, en Madrid, aunque se le deben también numerosos retratos personales de la nobleza, entre los que sobresalen los de Carlos II y su madre, que aparece siempre vestida de monja, y el duque de Pastrana en el que se percibe el intento original de expresar el movimiento del caballo.

Claudio Coello, nacido en 1642 y conocido en su época como retratista de la familia real, merece especial atención como autor de la Sagrada Familia, obra realista que representa a Carlos II, el Hechizado, acompañado de sus nobles en la sacristía de El Escorial, cuadro en el que atrae la atención y la maestría con que se refleja la atmósfera del aposento y de la ceremonia. Asimismo es autor de otro lienzo notable de temática religiosa, una Apoteosis de san Agustín.


 

 

 

INVASIÓN FRANCESA POR EL AMPURDAN


Martes, dia 21 de Julio de 2026


Cataluña, 1 de mayo de 1684.El mariscal de Bellefont, al mando de un ejército provisto de una importante artillería, penetra por la Junquera con el objetivo de invadir Cataluña. Había pasado más de medio año desde que el gobierno de Madrid declarase la guerra a Francia, expatriara a los franceses residentes en España y les despojara de sus bienes.

La reacción de Luis XIV de Francia fue inmediata: inició los preparativos para la guerra y negoció con los holandeses para que no enviasen al monarca español los catorce mil hombres que precisaba para su defensa.

En marzo de 1684, Francia planeó una maniobra de engaño y envió sus tropas, bajo las órdenes de Bellefont, hacía Navarra pasando por San Juan de Pie-de-Por y Roncesvalles, pero en realidad estas se dirigieron al Rosellón y, de ahí a la Junquera.

Las tropas del mariscal reunían a quince mil hombres y al frente de la caballería se encontraba el general catalán José Calvo.

Después de atravesar el Ampurdán, los franceses tomaron Báscara y marcharon hacía Gerona, donde prevenidos de su avance, les esperaban los hombres del duque de Bournonville, virrey de Cataluña, quienes trataban de impedir que atravesaran al río Ter.


El ejército español, sin embargo, experimentó una aplastante derrota y tuvo que retirarse, en medio de una gran confusión a la ciudad de Bournonville, dejó la defensa de Gerona en manos del gobernador Carlos Sucre, y partió hacia Barcelona para impedir los ataques enemigos después de haber confiado Hostalric al marqués de Leganés.

El 15 de mayo, los franceses ponían sitio a Gerona y pese a las tenaces muestras de valor de los sitiados lograron apoderarse de Santa Clara, defendida por  Ramón Calders, y llegar hasta el centro de la ciudad en la cual, ya seguros de su victoria, sufrieron el ataque de los armados paisanos, causando numerosas bajas, por lo que se vieron obligados s retirarse y levantar el sitio y refugiarse en el Ampurdán.

Pese a que en Báscara había permanecido una guarnición francesa de ciento cincuenta hombres, a mediados de junio el capitán Trinxeria y sus miqueletes se apoderaron de la localidad ocupada y llevaron prisioneros a Barcelona a los soldados franceses, aunque nada pudieron hacer por liberar Cadaqués, sitiada por una escuadra de treinta galeras y un ejército de tierra enemigos.

Finalmente, sólo la tregua que se vio obligado a aceptar Carlos II de España, al quedar sin aliados, consecuencia del tratado de paz estipulado en Ratisbona, entre el emperador y los estados holandeses y Francia de fecha 28 de junio, ello puso final a la contienda.

Una vez firmado el pacto, los franceses evacuaron el Ampurdán en el mes de septiembre.










UNA DEVALUACIÓN PARA REORGANIZAR

 



Madrid 1683.-La inflación de la moneda de cobre, acuñada sin cesar por un gobierno en perpetuos apuros económicos e incapaz de poner coto al caos monetario, llegó a su punto más crítico en 1680. La introducción de moneda falsa y la continua necesidad de enviar dinero fuera del país contribuyeron a sobrevalorar la buena moneda de plata en un 275 por ciento.


También para el fisco la situación se presentaba crítica. En 1680 la hacienda tan solo consiguió establecer un arriendo de impuestos y ruinoso en Castilla. 

El 10 de febrero de tal año y siguiendo los planes elaborados por don Juan José de Austria, hasta su muerte, el gobierno se dispuso a aplicar una drástica plática deflacionaria.


La moneda de ocho maravedíes pasó a valer dos, el real quedó devaluado en un setenta y cinco por ciento, y la moneda falsa que había llegado a inundar el reino, pasó a aceptarse legalmente, pero sólo por valor de un maravedí.

La caída era tan fuerte que se pretendía a la moneda de cobre y menos valiosa que  dejó de circular siendo aprovechada para las fundiciones metálicas.

Los efectos sobre el comercio fueron desastrosos a corto plazo.

Todos los que basaban sus negocios en las finanzas o la circulación  de moneda, sufrieron un grave quebranto, y los precios descendieron más de un de un cincuenta por ciento hasta marcar el punto más bajo de la actividad económica castellana desde finales de la edad media.

Esta medida de hierro proporcionó algo que la población castellana venía anhelando  desde los tiempos de Felipe II para terminar con la inestabilidad monetaria crónica y mirar hacía el futuro sin sobresaltos.

La hacienda real tuvo que correr con buena parte del gasto. La disminución de actividades, la extensión de la pobreza y el caos momentáneo impidieron recaudar buena parte de los impuestos en un momento de grave apuro para la Corona.

Por eso en cuanto se clarificó algo el panorama, este año de 1683, el Consejo de Hacienda decidió entonces aplicar el resto del programa de don Juan José de Austria y sustituir el arriendo de impuestos por un nuevo encabezamiento; asignando  un montante  total a cada localidad que sus autoridades debían luego repartir entre los vecinos.


La oposición fue dura, pues durante un tiempo ya que suponía actualizar  las tributaciones. Para conseguirlo hubo de reducir los impuestos entre un quince y un treinta por ciento.

El resultado de estas medidas proporcionó durante cierto tiempo dar un respiro a la maltrecha economía. Por eso, al final de su reinado muchos llorarían  a Carlos II que no sólo fue el rey de la decadencia y de la nostalgia.  




























 

 

EL FÉNIX DE CATALUÑA

                               

Barcelona 1843.-Narcis Feliz de la Peña escribe su obra llamada Fénix de Cataluña. El crecimiento económico que se produce en Cataluña en la segunda mitad del siglo XVII es llevado a término por los grandes comerciantes, que suelen fundar compañías familiares. Al lado del gran comercio, cobra especial relieve el comercio al por menor, especialmente en tiendas de telas y en droguerías.

Desde 1680, la tienda se convierte en la institución más representativa y en el siglo XVIII adquiere una importancia fundamental en la industrialización del Principado.

Son estos pequeños comerciantes los que encargan a su colega Narciso Feliu de la Peña que escribe el Fénix de Cataluña, para promover la industria y el comercio.


                

En esta obra, Feliu expone un programa detallado de las medidas que deben tomarse para favorecer el resurgimiento económico de Cataluña: impulsar la industria, imponer tasas aduaneras proteccionistas, favorecer la fabricación autóctona de telas que son compradas a otros países, crear una compañía para fomentar la construcción naval, establecer un puerto franco en Barcelona, enviar anualmente dos  barcos a América y dar créditos bancarios a los particulares, entre otras cosas.

 


sábado, 11 de julio de 2026

POR UN RENACIMIENTO CIENTÍFICO

 

         

España 1687. Desde los tiempos de Felipe II España había quedado aislada de las corrientes culturales y científicas europeas. En parte por la censura y en parte por la arrogancia de quienes fueron primera potencia mundial y no ver motivos para que nada cambie en un mundo favorable.

Durante el actual reinado se toma clara conciencia del atraso científico y se empiezan a surgir las primeras iniciativas para superarlo.

La libertad de la discusión durante las turbulencias políticas de Don Juan de Austria, el mayor papel que dio a las regiones portuarias y sus favores a la renovación desde el gobierno animó a las nuevas ideas.

Una de las obras más significativas al respecto es la carta filosófica médico Juan de Cabriada  galeno valenciano que tras concluir sus estudios se trasladó a Madrid. En su corte refuta reiterada y abiertamente autoridad de los antiguos.

De acuerdo al nuevo pensamiento racionalista sostiene que ¿no vemos que todas las artes y las ciencias se han adelantado desde sus primeros inventores? ¿Por qué preguntó, se ha de negar esto a la medicina cuando su aumento pende de los experimentos?.

Valencia fue un importante centro de todas estas iniciativas y este mismo año se creaba una academia científica en casa del matemático Iñigo.

También en Sevilla en casa del cirujano Muñoz y Peralta se reunió otra de gran relevancia, que llegó a contar con el patrocinio real.


 

LA PLAGA DEL BANDOLERISMO

 

              


España 1685.- El bandolerismo rural surge en la segunda mitad del siglo XVI en Cataluña y Aragón y continua en la centuria siguiente, variando de intensidad y escenario principal. Continuamente el bandolerismo aristocrático se cruza con el popular, fruto de la miseria existente en el país. En Cataluña esta actividad se ve favorecida por la frontera pirenaica que es zona de refugio de contrabandistas.

Durante la primera mitad del siglo XVII se hacen famosos los bandoleros llamados Perot, Roca Guinarda, Joan Serrallonga y Barbeta. Aunque persisten en la segunda mitad de siglo animados por las guerras y la crisis carecen de las dimensiones épicas de las figuras anteriores.

En el reino de Valencia, la belicosidad mobiliaria se canaliza a través de los bandos, apoyados por las grandes familias. Estas facciones tienen cómplices incluso entre las primeras autoridades.

En la segunda mitad del siglo XVII Valencia sustituye a Cataluña como zona más afectada por el bandolerismo. Entre los principales cabecillas se encuentran Josep Artás, Josep Cases, Senent y Manel Oltra, los hermanos Palacios, etc.

En el reino murciano el bandolerismo florece al mismo tiempo que en Valencia, Jumilla y Yecla siendo el epicentro de la actividad de diversas bandas.

Del bandolerismo andaluz destaca el de Jaén y el de Sierra Morena, que tiene un marcado carácter nobiliario, ya que sus dos cabecillas, Pedro de Escobado y Juan de Frías, estos dos pertenecen a la clase noble.

El problema del bandolerismo pasa por el Consejo de Guerra de la monarquía, el cual lo trata en una de sus sesiones y se acuerda intensificar hasta donde sea posible la persecución.

Ante la inminente llegada a Barcelona, el 1 de abril de 1620 del rey Felipe IV para celebrar las Cortes, el señor Marión propone medidas de gran radicalismo a fin de acabar con el bandidaje.

Estas medidas  son: encarcelar a todos los habitantes de los pueblos de Manlleu y Roda, acusándoles de encubridores, de quemar los bosques  y derribar las casas de Querós para castigo de sus vecinos y moradores, ya que se considera el lugar como inexpugnable para Serrallonga y sus secuaces, pero el problema del bandolerismo pasa por el Consejo de Guerra, ante estas medidas Serrallonga decide retirarse a Francia.



jueves, 9 de julio de 2026

PASEAR SIN TOCAR EL SUELO

                  


Madrid 1683.- Cuentan antiguas crónicas que alrededor de un millar de propietarios de la capital del foro, poseen de un carruaje para pasear.

En los últimos tiempos ha calado hondamente la costumbre de pasear en coche, como un cómodo medio de ostentación, a la que tan dado  somos los españoles, de todas las clases sociales.

Es tal el número de carruajes que pronto se ha de dictar normas para regular el tráfico por la capital, ya  que causan frecuentes accidentes y múltiples incidencias.

También se fija el número de caballos y de carruajes que puede tener una persona, porque otro problema consiguiente, es el séquito de criados que en ocasiones acompañan al carruaje y las peleas por la  prioridad para su circulación.

La situación es tan caótica que se está estudiando prohibir la circulación de coches privados, de cualquier modo hay que pensar que ésta situación se impone entre los ricos, y sobre todo entre los que sin remedio alguno quieren parecerlo.