NÁPOLES.
El escritor español Juan de Valdés se establece en esta ciudad, donde se
entrega a la divulgación de su doctrina basada en la renuncia total de los
honores y riquezas de la vida, y a escribir sus obras y tratados místicos y
teológicos así como de la exégesis de
los libros sagrados.
Tareas
estas que le ocuparían hasta el final de
sus días en esa italiana ciudad, Juan de Valdés había nacido en Cuenca en 1498 y
a los veintiséis años había entrado al servicio del Marqués de Villena, en cuya casa realizó la reflexión sobre una
posible reforma que probablemente maduraría.
Fue animado por el ambiente que se respiraba en la
universidad de Alcalá, foco importante de erasmistas y en la que ingresó antes
de realizar misiones diplomáticas para cancillerías imperial y vaticana.
Relacionado
con los alumbrados, el pensador estuvo envuelto en diversos procesos pese a su
carácter. Ya en 1529, los católicos habían denunciado a la Inquisición su Diálogo de la Doctrina cristiana, en el
que tras pasar examen no se halló ningún delito de gravedad.
Fue un
místico heterodoxo del iluminismo, Valdés
escribió un alfabeto cristiano, las ciento diez consideraciones divinas, un
comentario a la epístola de san Pablo a los romanos, y una interpretación de
los salmos.
Su
celebridad se debe también a la redacción de un Dialogo de la lengua, exento de
consideraciones religiosas, que escribió en 1535 para facilitar el aprendizaje
del castellano a sus alumnos.
No
obstante rebasa los límites de la gramática, al introducirse en el ámbito filológico
y en el de la crítica literaria.
Alfonso
Valdés hermano del anterior, nació también en Cuenca en 1490 aproximadamente.
Es probable que fuera alumno de Pedro Mártir de Angleria que realizó sus
estudios universitarios en Alcalá
Bolonia, figura clave del humanismo erasmista español, a partir de 1520,
Alfonso participó en la vida política del país al lado del emperador, quien lo premió con diferentes
cargos de importancia.





