España
1.640.- La nobleza española parece cada vez más preocupada por enriquecerse a
costa de la Corona, y se muestra más gustosa de la vida frívola que del campo
de batalla o de la política internacional, actividades ambas que la alejan de la
corte.
Los
nobles atraídos por la vida se encuentran siempre en una continua lucha por
mantener su nivel de vida, que sus excesivos gastos desequilibra.
Es tal su
situación que más de una vez la corona debe ordenar a muchos nobles a que se
retiren a sus propiedades para que ahorren ya que se encuentran prácticamente en
bancarrota.
En muchas
ocasiones ni la misma Corona puede evitar la quiebra de determinadas casas
nobles. Nada sabe hacer la nobleza para remediar esta situación por la dificultad
en convertir su patrimonio en dinero y por las imposiciones sociales.
Los nobles se dedican a buscar de la corona rentas nuevas y la concesión de privilegios. En contrapartida, muestran siempre remisos a aportar dinero a las arcas exhaustas del tesoro real para contribuir a las crecientes necesidades que demanda la proyección internacional de España.
Es más cuando se les confía que se hagan cargo de alguna embajada o empleo importante, lejos de la corte, no presentan más que excusas e impedimentos. Incluso los considerados más afines al Conde Duque de Olivares.
Tal
ocurre con el marqués de Leganés cuando se le encomienda la gobernación de
Milán. Se le ofrecen 6000 ducados de renta perpetua, 12.000 de ayuda de costa y
2.000 de sueldo al mes, pero Leganés marcha de muy mala gana. Al no portar nada
a la Corona, mientras la esquilman continuamente, los nobles le hacen tan flaco
servicio que llegan hacer afirmar en un escrito de la época, titulado. El espíritu de Francia y máximas de Luis XIV los Grandes de España son de gran ayuda al
rey de Francia y procuran sin pensar adelantar su designio, porque se
enriquecen con la hacienda de su señor y quitan en su país la fuerza de mantener
tropas.
Tan dura
y cínica crítica contiene una gran verdad. En 1643, cuando Felipe IV necesita
ayuda para intervenir en Cataluña se ve obligado en imponer una multa de 2.000
escudos a todos los caballeros de la de
las órdenes militares que no se presente.
En esta
despreocupación de la nobleza incide grandemente la descalificación social del
trabajo que prima la holgazanería al considerar el trabajo como algo vil.
Esta
situación hace que a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos, la
nobleza española contribuya al retraso
de la industria, ya que basa sus rentas principales
en la tierra y se labre así su propia ruina.
La deshonra del trabajo y su propia falta de iniciativa convierten a la nobleza en
una oligarquía claudicante, pobretona y pedigüeña, ruinosa para la Corona y
para todo el país.
El mal
ejemplo de las clases altas es seguido por todas las demás. Si los nobles están
continuamente pidiendo nuevos privilegios, para ellos o sus parientes o amigos,
la búsqueda de la nobleza se convierte en un fin para la mayoría de la
población.
Así no es
raro hallar un creciente número de peticiones de hidalguías, primer paso en el ascenso social.
Su
concesión significa, más que un reconocimiento de nobleza, una afirmación de la
pobreza de las arcas reales, que tiene en las concesiones una fuente de
ingresos.
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