Ávila 23
de agosto de 1562. Teresa de Ávila funda el convento de San José, el primero en
que se aplicarán las normas del Carmelo en toda su pureza, a la vez con ayuda
de San Juan de la Cruz, pretende la reforma de la orden femenina y también dela
masculina.
La futura
santa había nacido en Ávila de los Caballeros. El 28 de marzo de 1515, hija
tercera de Alonso Sánchez de Cepeda y de doña Beatriz de Ahumada.
En su
biografía, aunque con ribetes de buscar siempre las faltas de su conducta nos
cuenta sus primeros años hasta los 16 en que ingresó en el colegio de Nuestra Señora
de Gracia en Aunque luego extendería su relato a hechos posteriores.
En estos capítulos
nos perfila el carácter de una niña apacible y piadosa cuyo único vicio, según
ella, y el de que se arrepentiría toda
su vida, lo constituía la lectura de novelas de caballerías, algo muy frecuente
en su época y a la aficionaron las tendencias de sus padres.
Tras permanecer
unos meses en el colegio enfermó y de nuevo hubo de volver bajo los cuidados
paternos, una vez muerta en plena juventud 33 años. Así permaneció su madre
hasta los 21 años en que se le fue madurando la vocación religiosa.
Tuvo que
huir de su casa para profesar en el convento el 12 de noviembre de 1.536, bajo
la protección de su progenitor que se convirtió en un entusiasta de los pasos
de su hija.
Enfermó
de nuevo incluso se la llegó por muerta, antes de comenzar el proceso de
curación.
En 1543
salió del convento para reconfortar los últimos días de su padre. Ahora en 1562,
pasará cinco años en compañía de las monjas con las que ha resucitado la pureza
del Carmelo, cosa que nos recordará en su libro de las Fundaciones.
A los
cuarenta años comenzó su verdadera vida de andariega y de escritora, con sus
fundaciones de conventos de carmelitas descalzas; Medina del Campo, 1567; Malagón,
1568, Valladolid, 1568, Sevilla, 1575, hasta el último el de Burgos, el mismo
año de su muerte, acaecida en Alba de Tormes.
También
colaboró en la fundación de los carmelitas descalzos reformados, desde el de
Duruelo, en 1568 hasta los de Valladolid, Salamanca y Lisboa en los años 1581 y
1582.
De forma
paralela surgieron sus críticos que abarcan desde su camino de perfección hasta
Castillo o Las Moradas, de 1577, en que la santa se convierte en mística y nos
facilita las definiciones de los diferentes grados de contemplación de Dios.
Fue
santificada bastante pronto después de su muerte, el 12 de mayo de 1622, por el
papa Gregorio XV, y las cortes de Madrid, de 24 de octubre de 1617, la
declararon patrona de todos los reinos de España.
Posteriormente,
se le declaró asimismo doctora de la iglesia, sus últimos veinte años fueron en
realidad de los de más actividad religiosa y fundadores, hasta el punto de que
bien se ha podido calificar de andariega por las distintas tierras de España,
en su afán de fundar conventos y de reformar las órdenes del Carmelo con la
ayuda en muchos casos de San Juan de la Cruz.
Sus obras
aparte de su elevación religiosa y mística son también un dechado de perfección
del castellano de la época, en toda su pureza, con desparpajo y haciendo del
idioma un instrumento para moldear todas sus concepciones religiosas y de
visión interior de Dios.
Tanto en
su Autobiografía como en el Libro de las fundaciones nos ha dejado un vivido
relato de sus andanzas en busca de la perfección, tanto suya como de las monjas
a las que deseaba elevar el mismo nivel de perfección.
Carente siempre
de medios con los que hacer frente a su obra, tuvo empero algunas valedoras,
como la Duquesa de Alba, lo que le permitió seguir su siembra de conventos de
carmelitas descalzas por media España.
Su autobiografía
que abarca desde su niñez hasta la fundación del primer convento reformado de
San José, nos proporciona datos en extremo puntuales de su vida y ha sido
comparada, por su aspecto de autocorrección, con otro libro en esta misma línea,
las Confesiones, del eximio San Agustín
Apresen de
todas formas aquellas cualidades que fueron norma de su vida, cuales fueron
sencillez, naturalidad, sinceridad y verdad, y que escribió a mandado de sus
confesores, y que retocada varias veces aparecería en 1565.
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