Madrid 1747.-Empieza en este año la publicación, por parte del Padre Enrique Florez de Setién y Huidobro (1702-1773), de la magna obra titulada España Sagrada, que alcanzará los 29 volúmenes y que constituye un verdadero monumento de erudición, y cuyo último tomo aparecerá en 1755, continuada desde los tomos XXIX al XLI por los padres Manuel Risco, Fernández de Rojas y otros.
Se trata de una obra en la que cabe todo, desde una historia eclesiástica de España hasta una colección de documentos medievales, descripciones geográficas, vidas de santos y antigüedades.
El Padre Flórez empezó sus actividades como teólogo hasta que descubrió su vocación de historiador por lo que tuvo que ejercer de autodidacta y formarse en aquellas materias que quiso reflejar en su magna obra, haciendo las veces de geógrafo, epigrafista, numismático, paleógrafo, arqueólogo e incluso naturista.
Y aunque no alcanzó en todas las ramas igual eminencia, si dejó constancia de gran saber y erudición y su obra ha quedado como paradigma de época.
LA POLEMICA JANSENISTA
Aparece un nuevo index, con un apéndice que hace referencia a libros jansenistas prohibidos Esto forma parte de la polémica jansenista y de su proyección en España través del regalismo regio, que en realidad nada tiene que ver con la aceptación o no de las proposiciones de Jansenio.
El jansenismo proponía una doctrina cercana a los calvinistas, según el cual era la gracia divina el principal motor en la salvación humana.
Aunque finalmente prohibida por los reyes la aprovecharan para reafirmar su autoridad, debilitando la del papa y los jesuitas, que debían solicitar la ayuda estatal para perseguir estas ideas condenadas.
Es un fenómeno que también se dio en Portugal, en la corte de José I y de su ministro, el reformista marqués de Pombal. Bajo el reinado de Carlos III, ahora diez años de la puesta en vigor del concordato de 1737, se optará por la política de llevar al máximo rigor el permiso regio, o Esequator. Para los documentos pontificios y la creación del tribunal de la Rota en sustitución del Tribunal de la Nunciatura.
Antes de llegarse a la expulsión de los jesuitas, algunos de los consejeros, como Tanucci, el irlandés Ricardo Wall, o los aragoneses conde de Aranda y Roda, consiguieron que el rey interviniese en el Consejo de las universidades, en los estudios de las congregaciones religiosas, la reforma de los colegios mayores y la de los seminarios conciliares










