miércoles, 23 de septiembre de 2026

LAS MANUFACTURAS REALES

 

                      

Guadalajara.-1,719.-Las tapicerías de la Real Fábrica de Tejidos de Guadalajara sustituyen a las de Flandes.

Deseoso de potenciar la industria Felipe V de España, animado por el cardenal Alberoni y por el barón de Riperdá, practica una política intervencionista, que se manifiesta fundamentalmente  en la creación de manufacturas reales.

El objetivo d estas sirve de modelo a las industrias privadas y ser escuelas donde se difundan las innovaciones técnicas y mecánicas.

Por eso, se trae del extranjero a los mejores profesores especialistas que deben enseñar su técnica a los españoles.

Algunas de estas manufacturas tienden a satisfacer funciones monopolísticas del estado como la Fábrica de Tabacos de Sevilla y las necesidades suntuarias de la corte, como la Fábrica de tapices de Madrid y de Cristal de San Idelfonso.

Otras tienen como fin revitalizar actividades industriales en decadencia (fábricas de tejidos de seda de Talavera la Reina y de paños de Segovia) o desarrollar otras nuevas (fábricas de tejidos de algodón estampado de Ávila).

La más importante de todas es la Real Fábrica de Tejidos de Guadalajara, por el número de personas empleadas por el volumen de producción.

Su establecimiento se debe al interés del gobierno de contar en España con una industria de paños para el mercado nacional y americano, evitando la importación de los carísimos tejidos ingleses y holandeses.



martes, 22 de septiembre de 2026

UNA DEVALUACIÓN PARA ORGANIZAR

 

                


Madrid 1683.-La inflación de la moneda de cobre, acuñada sin cesar por un gobierno en perpetuos apuros económicos e incapaz de poner coto al caos monetario, llegó a su punto más crítico en 1680. 


La introducción de moneda falsa y la continua necesidad de enviar dinero fuera del país contribuyeron a sobrevalorar la buena moneda de plata en un 275 por ciento.

También para el fisco la situación se presentaba crítica. En 1680 la hacienda tan solo consiguió establecer un arriendo de impuestos y ruinosos en Castilla. El 10 de febrero de tal año y siguiendo los planes elaborados por don Juan José de Austria, hasta su muerte, el gobierno se dispuso a aplicar una drástica política deflacionaria.



La moneda de ocho maravedies pasó a valer dos, el real quedó devaluado en un setenta y cinco por ciento, y la moneda falsa, que había llegado a inundar el reino, pasó a aceptarse legalmente, pero solo por valor de un maravedí.

La caída era tan fuerte que, tal como se pretendía, la moneda de cobre, menos valiosa dejó de circular y fue aprovechada para las fundiciones metálicas.

Los efectos sobre el comercio fueron desastrosos a corto plazo.

Todos los que basaban sus negocios en las finanzas o la circulación  de moneda, sufrieron un grave quebranto, y los precios descendieron más de un  cincuenta por ciento hasta marcar el punto más bajo de la actividad económica castellana desde finales de la edad media.

Esta medida de hierro proporcionó algo que la población castellana venía anhelando  desde el tiempo de Felipe II: terminar con la inestabilidad monetaria crónica para  mirar hacia el futuro sin sobresaltos.

La hacienda real tuvo que correr con buena parte del gasto. La disminución de actividades, la extensión de la pobreza y el caos momentáneo impidieron recaudar buena parte de los impuestos en un momento de grave apuro para la Corona.

Por eso en cuanto se clarificó algo el panorama, este año de 1683, el Consejo de Hacienda decidió entonces aplicar el resto del programa de don Juan José y sustituir el arriendo de impuestos por un nuevo encabezamiento; asignar un monto total a cada localidad que sus autoridades debían luego repartir entre los vecinos.

La oposición fue dura, pues durante un tiempo ya que suponía actualizar  las tributaciones. Para conseguirlo hubo de reducir los impuestos entre un quince y un treinta por ciento.

El resultado de estas medidas proporcionó durante un tiempo un respirito a la maltrecha economía. Por eso, al final de su reinado muchos llorarían a Carlos II, que no solo fue el rey de la decadencia.



 

EL ESTANCO DEL TABACO

 

España 1717. El llamado monopolio o estanco del tabaco había sido concedido por Las Cortes Castellanas a partir de 1634, al haberse extendido la costumbre de fumar y observar el estado que el control de su consumo producía unos muy pingües beneficios.

A partir de ahora se extenderá al resto de los reinos españoles, dentro de la política centralizadora de Felipe V que pretende difundir por toda la Península las disposiciones castellanas aplicándolas en los ámbitos más diversos.

Desde este momento el monopolio será ejercido directamente por parte e la Corona. A fines de este mismo siglo producirá unos cien millones de reales de renta y en su administración intervendrán hasta cuatro mil personas, sin tener en cuenta los puntos de venta, representados en este caso por más de 13.000 estanqueros, que solían cobrar la décima parte del precio de la venta público.

Durante mucho tiempo este monopolio fue semejante al de la sal, que salió  finalmente del régimen de estanco. No así el tabaco, que subsiste aún hoy en dicho régimen pese a los proyectos des monopolizadores que caracterizan al liberalismo del siglo XIX.



domingo, 20 de septiembre de 2026

EL ASALTO AL PICO ESCONDIDO

 

              

                           DRAMA DE LA VIDA REAL.

Dos montañeros decidieron realizar una hazaña que jamás había sido intentada antes: Subir más arriba de la llamada Zona de la Muerte, solos sin cuerdas, oxigeno u otra ayuda artificial, siendo una de las más apasionantes narraciones de los últimos tiempos.

Solo existen catorce montañas que pasen de los ocho mil metros de altitud hasta mediado el verano de 1975, únicamente seis montañeros habían sido capaces de coronar dos de aquellas cimas. El mes de julio, uno de esos seis hombres, Reinhold Messner, de treinta años de edad, exprofesor de matemáticas, emprendió la marcha  por las tierras altas del norte de Cachemira, cortadas por múltiples glaciares, decidido a ser el primer montañero de la historia que conquistara tres.


Con un solo montañero, Peter Habeler, y doce porteadores que llevaban sus 180 kilos de equipo, se propuso como objetivo subir al Pico Escondido de 8.068 metros, en la cordillera de Karakorum, la más occidental de los Himalayas.

Porteadores

El Pico Escondido no es la montaña más alta de la tierra, ni Messner ni y Habeler serían los primeros en coronarla, pero si lo conseguían, harían historia entre los escaladores del mundo, puesto que jamás se habían atrevido dos hombres solos, con poco más que un hacha para el hielo y crampones, sin oxígeno ni amplio apoyo técnico, a subir tales alturas.

Los porteadores, las cuerdas y la mayor parte del equipo habrían de quedar atrás, bastante lejos.

Como trapecistas que trabajen sin red, habían de trepar por la que los escaladores llamaban la Zona de la Muerte, peligrosa altura donde no es posible el rescate por helicóptero, y el aire se halla tan enrarecido que el organismo humano no puede recuperarse

Estos dos escaladores creían que la tecnología estaba destruyendo el espíritu deportivo del alpinismo. Se habían entrenado durante dos meses para resistir en las grandes alturas, y ahora confiaban en sus enormes reservas de energía, y poco más para subir a la cumbre y volver.

En realidad habían estado preparándose durante toda la vida para tal empresa. Ambos habían nacido en la región de los Alpes tiroleses, pero ambos comprendían que al llegar a la cima es menos importante que cómo subir a ella.

Los dos escalaban con lo que se llama <<medios limpios>>, es decir utilizando las cuerdas como medida de seguridad y no para subir por ellas. Llevaban únicamente crampones y hachas para   desplazar por superficies heladas. No utilizaban ningún otro equipo, ni siquiera oxígeno.

En 1974, a cuerpo limpio, conquistaron en diez horas la cara norte del Eger, peligroso pico delos Alpes suizos cuya conquista había costado 38 vidas hasta entonces. Su marca aún no había sido batida.

Mahagar 8848 

La aventura del Pico Escondido comenzó en 1975 cuando Nessner y y Habeler obtuvieron permiso del gobierno del Pakistán para llevar a cabo una expedición de sólo dos hombres. Luego entrenaron a fondo en los picachos del Tirol.


A pesar de todo, cuando partieron de Múnich para iniciar su audaz y solitaria expedición, pocos deportistas avezados les concedían la más mínima posibilidad de éxito.

Era imposible que dos personas sin equipo de apoyo experimentado trepasen a más de ocho mil metros. Intentar aquella locura sin oxígeno y sin  un  experto grupo de apoyo, era suicida.

Sin tener en cuenta aquellas sombrías predicciones, el pequeño grupo partió de Skardu, en las tierras altas de Cachemira hacía el glaciar de Boltoro en la mañana del 13 de julio de 1975. Tardaron siete días en llegar, y otros cinco en cruzar 65 kilómetros de hielos quebrados, paisaje tan desolado que les parecía estar siempre en el mismo lugar.

Por la tarde del jueves 24 de julio alcanzaron el final del glaciar, a una altura de 5.100 metros donde acamparon y despidieron a los porteadores.

El domino 27 contemplaron la cara noroeste de Pico Escondido por vez primera. Treparon a un punto elevado, por encima de su campamento y se vieron rodeados por algunas de las más impresionantes montañas de la tierra, Chogolisa, las seis cumbres de la cadena Gasherbrum y completamente enfrente el espectacular macizo, estriado de nieve de Gasherbrum o Pico Escondido.

Al sol poniente se destacaban sus agudas aristas de granito, franqueadas por paredes de hielo tan cortadas a pico que no mostraban saliente aluno para que ningún ser viviente pudiera aferrarse a él.

Messner y Habeler habían planeado atacar al gigante por la cara noroeste, por lo que nunca se había intentado el ascenso trepando por una muralla de roca y hielo de 1.200 metros que se inclinaba sólo quince grados de la vertical absoluta, ángulo tan agudo como el de las afiladas agujas de una catedral y se elevaba hasta un saliente que parecía hacer imposible todo acceso al picacho.

¿Serían capaces de llegar a aquel punto?, incluso en el supuesto aunque hiciera buen tiempo y contasen plenamente con su capacidad y resistencia existía un factor imprevisible. Ningún equipo de dos hombres había escalado nunca de aquel modo una cumbe de ocho ml metros.

De repente, el tiempo comenzó a empeorar. La nevada y una gélida niebla les aisló de un mundo alucinante que sólo podían contemplar de manera intermitente.

Pasaron varios días de gran tensión mientras continuaban reconociendo los flancos de la montaña, hacían y deshacían sus mochilas y esperaban a que se despejase la neblina. Con optimismo, guardaron una clavija con intención de clavarla en la cima como prueba de su ascensión.

Por fin la noche del 7 de agosto, surgió el Pico Escondido entre la niebla, silueteado sobre un  cielo tachonado de estrellas. Antes de rayar el día, comenzaron la etapa final.

Al alba, los montañeros estaban ya trepando por el glaciar hacia la cara noroeste, manteniéndose en la zona de sombra, puesto que el disolvente esplendor del sol se ensanchaban las grietas del hielo, se derrumbaban las cornisas de nieve y caían aludes con un enorme estruendo.

Poco después de mediodía, a una altura de casi seis mil metros, establecieron su primera base.

Como era temprano, podían haber proseguido la marcha, pero repentinamente se había apoderado de Habeler un terrible dolor de cabeza y  penas veía. No era la primera vez que le sucedía a grandes alturas, y solía mejorar a las tres o cuatro horas.


Como nunca había subido a más de 6.700 metros, Messner empezó a preguntarse cómo se comportaría el organismo de Peter en la Zona de la Muerte, en la que oxígeno era escasísimo.

Al día siguiente iban a enfrentarse con los momentos decisivos de la jornada. Hasta que no superasen la abrupta cara noroeste, podían regresar con seguridad a la base; pero una vez allá arriba se hallarían a merced de la montaña.



Un cambio de tiempo, un simple percance en aquella muralla implacable, significaba el fin de sus días. Se detuvieron unos instantes, con la vida sensación de que cruzaban una peligrosa frontera, y comenzaron la escalada.

Alternaban de posición. Cada veinticinco pasos hacían una pausa para tomar aliento. Cada 250 cambiaban de puesto. El que marcaba el frente debía descubrir el camino hacia lo alto, buscando el pequeño saliente o hueco que le permitiera ascender.

Cuando llegaban a un punto sin salida, podían apartarse a la derecha o a la izquierda, pero el peligro consistía en que no había tiempo para desviarse de la ruta de subida.

En ningún momento discutió una de las decisiones del otro. Era tan absoluta su mutua confianza que las únicas palabras que cruzaban consistían en afirmar que todo iba bien.

A la caída de la tarde, tras haber ascendido durante ocho horas por la tremenda muralla, llegaron al gran saliente de roca negra. Parecía no haber medio de salvarlo, pero les era imprescindible hacerlo, ya que resultaba imposible el regreso en la obscuridad de la noche, y tampoco podían permanecer agarrados a unos pequeños salientes durante las gélidas horas nocturnas.

Messner, que iba en vanguardia, tanteó la ruta por un canal de hielo que consiguieron abrir en la roca blanda que se proyectaba sobre sus cabezas, se trataba de un canal más estrecho y empinado que ningún otro que hubieran cruzado en su vida, pro no tenían más opción que aquella.

Messner se quitó lo guantes y se estiró cuanto pudo hasta que encontró una rendija, a la que se sujetó fuertemente y luego se elevó poco a poco.

Centímetro a centímetro fue ganando terreno, tanteando hacía arriba hasta hallar el más mínimo entrante o saliente al que aferrarse. Cuando los dedos se hallaban tan entumecidos por el frío que habían perdido toda sensibilidad, el montañero ya se hallaba bastante adentro de la hendidura, que se había ido estrechando cada vez más, y comenzó a ayudarse con los crampones de sus botas, seguido muy cerca por  Habeler.

Tras dos horas espeluznantes lograron salvar el peligroso paso.

Ahora le tocaba a Hebeler  encabezar la escalada, Próximos al agotamiento, los dos hombres se preguntaron ¿A dónde vamos desde aquí?, Luego trepando dificultosamente hasta la cima de una enorme pared. Habeler se volvió hacía su compañero, con el rostro grisáceo y fatigado, iluminado por una radiante sonrisa: había hallado el lugar preciso para establecer la Base 2.

Frente a él había un reborde donde podían plantar su tienda, sentarse, e incluso acostarse, a una altitud de siete mil metros.

Durante largo tiempo permanecieron tumbados, con la cabeza apoyada en la mochila, sin hablar, ni moverse. Por primera vez en diez horas no necesitaban concentrarse para mantener el equilibrio o buscar el siguiente equipo, y su satisfacción era tan grande como la fatiga que invadía sus agotados cuerpos.

Por fin se decidieron con gran esfuerzo de voluntad, a montar la tienda y encender el hornillo de gas.

Al caer la noche se levantó un fuerte tiempo acompañado por copos de nieve que se estrellaban contra las paredes de su refugio de lona. Los dos escaladores, entre tanto, solos en el techo del mundo, charlaban y bebían té  y esperaban el gran día.

Sólo pudieron dormir a ratos y cuando se levantaron, sus movimientos eran torpes, el sol estaba ya en el horizonte antes de que pudieran ponerse en marcha.

Después de pasar por el borde superior de una gran extensión de nieve volvieron a la rítmica escalada, más perezosa esta vez, deteniéndose en una cornisa donde se unían las caras norte y noroeste de la montaña.

El aire les entraba por la tráquea dificultosamente como si la tuvieran obstruida, pero a pesar de la afanosa respiración sentían un silencioso entusiasmo.

Prosiguieron la lucha, aunque la respiración se les hacía cada vez más difícil. El organismo les parecía un cuerpo ajeno que apenas funcionaba. De vez en cuando les transmitía mensajes de dolor, frío y agotamiento.


A pesar de haber bebido litros de té y zumos de fruta, ninguno de ellos había orinado en dos días. Tenían que recurrir a un máximo esfuerzo de voluntad para obligar a pies y manos a avanzar, estirarse y agarrar.

A cada paso que daban hacía arriba se enrarecía más el aire y disminuían sus fuerzas.

De vez en cuando pronunciaban algunas palabras (¿Estás bien?), Sí perfectamente, lo que hacían para oír el sonido consolador de la otra voz que para intercambiar información.

Se levantó fuerte viento, pero no resultaba desagradable. El tiempo se mantenía  despejado y el sol iluminaba los picachos de intenso contraste de negros y blancos.


Sobre los contrafuertes orientales del Pico Escondido se divisaban infinitas crestas rocosas que se perdían en dirección al Tíbet.

Respirando angustiosamente, cayendo y volviendo a levantarse cubrieron los mil metros  finales que le separaban de la cumbre  y se convirtieron en los dos seres humanos que solos y sin ayuda habían alcanzado aquella enorme altura.

Se abrazaron llenos de júbilo y derramaron lágrimas de emoción y alegría, luego gravaron en el hielo la única clavija que llevaban y se sentaron hasta que se les pasó la emoción.

Ningún otro ser humano había presenciado la magnífica hazaña, y nadie podía felicitar a Habeler por haber coronado su primera montaña de más de ocho mil meros ní a Messner por haberse convertido en el primer ser humano de la historia capaz de conquistar tres colosos.

La recompensa estaba ya en su espíritu, y comenzaron a pensar en la siguiente escalada-

Después de aquella conquista y en la primavera de 1977,  Messner, Habeler y dos compañeros fracasaron en su intento de escalar el Dhaulagiri, cumbre de 8.167 metros en los Himalayas, a causa de seis semanas seguidas de nevada consecutivas y mal tiempo. Sin adentrarse por ello han obtenido permiso del gobierno de Nepal para intentar escalar este año el Everest, el más alto del mundo utilizando <<medios limpios>>

 




jueves, 17 de septiembre de 2026

LA INFANTERÍA DE MARINA ESPAÑOLA

 

             

                                    


Madrid, 28 de abril de 1.717.-Por disposición de esta fecha se crea la  Real Compañía, que empezará a actuar en Cádiz y que más tarde tendrá otras dos compañías en los departamentos marítimos de El Ferrol y Cartagena.

Para pertenecer a estos guardias marinas era necesario ser caballero hijodalgo, los miembros de la Compañía, tenían una serie de privilegios análogos a los regimientos de Guardias españoles y a  los guardias de corps, en lo que se refiere sobre todo a la custodia de las personas reales.

Esto se encuadraba dentro de las medidas para resucitar la marina de guerra española, cosa que los Borbones consiguieron en el siglo XVIII.

Una de las características de aquella nueva marina en líneas generales era mejorar la calidad en la marinería, mientras los oficiales llegan a  alcanzar cotas de muy alta competencia.

Sobresaldrá marinos muy importantes, no sólo en acciones de guerra sino también en expediciones de tipo científico.

Marinos y científicos formaron parte de la expedición hispano-francesa científica  organizada por la Academia de Ciencias de París, de la que también formaba parte  el naturalista Jussieu, cuyo objetivo era medir el arco del meridiano terrestre en el Ecuador, para dilucidar la verdadera forma de la tierra y sus exactas dimensiones.





 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

RECORTES Y REBUSCOS MARCHA EN CERRO MURIANO Y SUS RINCONES

 

DESPLAZAMIENTO A LA POBLACIÓN DE CERRO MURIANO EN EL BUS DE LAS 7,45 H. A SU LLEGADA EN TORNO A LAS 8,30 H. DESAYUNO EN EL BAR LLAMADO EL CASINITO-A SU FINALIZACIÓN  POSTERIOR CAMINATA POR LOS  INMEDIATOS EXTRARRADIOS  PARA REGRESAR A CÓRDOBA EN EL BUS DE LAS 12,45 H

                                          FOTOS.