Los reclutamientos
forzosos en España tienen lugar en las
hermandades medievales de Castilla, en la Santa Hermandad de los Reyes
Católicos y en las milicias provinciales del Cardenal Cisneros, si bien
tradicionalmente se considera la Real Cédula de 25 de enero de 1598 como el
origen del primer reclutamiento forzoso en Castilla.
Por esta
disposición todos los varones comprendidos entre quince y cincuenta años entrarían
en un sorteo para designar a uno de cada diez, que ingresaría en el ejército
real a cambio de una soldada igual a la percibida por los voluntarios.
Según
antiguos antecedentes desde 1641 se
podía hacer un uso esporádico de esta
clase de sorteos, hasta que en el siglo XVIII los Borbones consiguen imponerlas
de forma progresiva.
Una Real Cédula
de Carlos III será la que establezca definitivamente esta forma de reclutamiento
anual, estableciendo un sorteo que destinaría al ejército real a uno de cada
cinco individuos.
La misma normativa
establece las penas para los prófugos,
la forma de repartir el contingente entre las distintas armas y la jurisdicción
del sistema por la necesidad de aliviar al Real Tesoro, el deber de todo súbdito
de servir al rey, y para mantener un ejército numeroso.
A pesar
de estas justificaciones, muy pronto se produjeron múltiples altercados
populares, y en Navarra, Euskadi y Cataluña, no se logró imponer el sistema
hasta bien entrado el siglo XIX.





