España 1687.
Desde los tiempos de Felipe II España había quedado aislada de las corrientes
culturales y científicas europeas. En parte por la censura y en parte por la
arrogancia de quienes fueron primera potencia mundial y no ver motivos para que
nada cambie en un mundo favorable.
Durante
el actual reinado se toma clara conciencia del atraso científico y se empiezan
a surgir las primeras iniciativas para superarlo.
La libertad
de la discusión durante las turbulencias políticas de Don Juan de Austria, el mayor
papel que dio a las regiones portuarias y sus favores a la renovación desde el
gobierno animó a las nuevas ideas.
Una de
las obras más significativas al respecto es la carta filosófica médico Juan de Cabriada galeno valenciano
que tras concluir sus estudios se trasladó a Madrid. En su corte refuta
reiterada y abiertamente autoridad de los antiguos.
De
acuerdo al nuevo pensamiento racionalista sostiene que ¿no vemos que todas las
artes y las ciencias se han adelantado desde sus primeros inventores? ¿Por qué preguntó,
se ha de negar esto a la medicina cuando su aumento pende de los experimentos?.
Valencia
fue un importante centro de todas estas iniciativas y este mismo año se creaba
una academia científica en casa del matemático Iñigo.
También
en Sevilla en casa del cirujano Muñoz y Peralta se reunió otra de gran
relevancia, que llegó a contar con el patrocinio real.






