domingo, 5 de noviembre de 2023

SABADO DÍA 04 DE NOVIEMBRE DE 2023 MARCHA SENDERISTA EN CERRO MURIANO ZONA DE LAS MINAS DE COBRE -CAMPO BAJO Y EL ARROYO PAPELILLOS

 





SÁBADO DÍA 04 DE NOVIEMBRE-DESPLAZAMIENTO  EN EL BUS DE LINEA DE LAS 7,45 A CERRO MURIANO Y POTERIOR MARCHA SENDERISTA POR CAMPO BAJO-LA VAGUADA-LAS  MILENARIAS MINAS DE COBRE-LA PIEDRA HORADADA-CENTRO DE MAYORES-BUS DE LINEA 12,45 A CÓRDOBA.

SENDERISTAS.-José Obregón Rojano-Avrelivs Martínez Navarro-Manuel Borrego Centella- Antonio Corpas González Miguel Rodríguez Martín y Félix García Carrasco.  

Desayuno en el bar que recibe el nombre del Casinito en torno a las 8,50 h. al finalizar, dimos  comienzo la marcha andariega, unos  hacía el lugar que recibe el nombre de Campo Bajo pasando por el arroyo Papelillos la Vaguada, el Indalo etc..







Yo que me llamó Aurelio Martínez,  comuniqué al resto del grupo, mi expreso deseo de bajar y subir en solitario a través de la zona de aquellas milenarias  minas de cobre, a pesar de la soledad y dureza que ello  implica sobre todo  al regreso,  bajar es muy fácil, pero subir por aquel sitio  es cosa bien distinta, a todo esto con un ventarrón que te echaba para atrás, lo cierto que tenía ganas de pasar por aquella  zona minera, luego me llevé la desagradable sorpresa que más adelante relataré .

FOTOS.















FOTOS ZONA DE LAS ANTIGUAS MINAS DE COBRE.

 


Después de visitar algunos rincones de la población que desconocía,llegó el momento de realizar el  cómodo descenso  a través de  la Vereda de los Pañeros al Cerro de la Coja, así como  al  muy antiguo complejo minero y sus antiguos lavaderos de mineral, y también aquellos verdaderos montones de escorias que configuran esa especie de monte Testacio en imitación  al de Roma. 

Según nos cuenta la historia, estas minas estaban en explotación en el siglo I, siendo propiedad del  importante  romano SEXTO MARIO,  de ahí le  viene el nombre a esta población  de Cerro Muriano, hace algunos años estas minas estaban en explotación  a cargo de la factoría COOPER COMPANY LTD, que con el paso del tiempo se vio obligada a suspender el negocio por la caída del precio del cobre.

Ya hace algunos años que no hemos pasado por aquellos lugares, no siendo otra cosa que el calendario zaragozano corre que vuela, aquello es  muy duro,no obstante ya tenía ganas de volver a ver esta zona,  a pesar que hoy no haya sido el día más apropiado,  con amenazas de lluvias  y un tremendo viento que   dificultaba  poder andar con normalidad.








Una vez rebasado el lugar donde se encuentra la PIEDRA HORADADA, continúe en descenso salvando alguna que otra cancela hasta llegar a una de ellas que resultó de  todo punto imposible poder continuar, esa fue la desagradable sorpresa que anteriormente dije,  ésta estaba rodeada por  una interminable vaya de alambre de espino, colocada de tal modo que nadie pueda pasar hacia el lado opuesto,  aún trepando por ella  ya que debajo hay una hondonada  tremenda, desde aquí hice el camino de vuelta.





Ahora no sabemos desde dónde poder dirigirnos desde aquí hacía la Armenta,  La Alcaidía, la   Vereda del Gallo y Alcolea, ya nos enteraremos. si fuera posible.

No tardó mucho tiempo  en sonar el teléfono móvil, era el amigo Pepe Obregón el que se interesó por mi posición, le informé al respecto y continué subiendo hasta llegar al Centro de Mayores donde se encontraba el resto del grupo. tomando una birra, yo para no ser menos  tomé otra..


En el bus de las 12,45  regresamos a Córdoba para llegar en torno a las 13,30 h. quedando en vernos el próximo martes a las 8 h. en las proximidades del Bar Los Tamicos, a fin de  hacer una marcha senderista que  ya nos  comunicaré el rutero Pepe Obregón de la  continuidad a través del WhatsApp.

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                                        ¡¡¡HASTA EL MARTES!!!  

 

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viernes, 3 de noviembre de 2023

EL PAPEL A DESARROLAR POR LAS MUJERES EN LA ANTIGUA ROMA MÁS ALLÁ DE LA DOMUS.-

 





Las mujeres en la antigua Roma tanto libertas como libres, participaron en negocios de carácter familiar, como los talleres artesanales. En ocasiones eran de modestas trabajos artesanales, mientras que otras implicaba mayor capacidad económica, como la orfebrería.

              ¿Cuál fue el rol de las mujeres en Roma?

La mujer romana se encontraba en una posición de inferioridad con respecto al hombre y siempre estuvo sujeta a una potestad familiar (patria potestad).


¿Cuál fue el papel que tuvieron las mujeres en la economía romana?

Las mujeres llegaron a dirigir  navieras, empresas de manufactura textil y de calzado, negocios dirigidos a proporcionar embellecimiento a otras mujeres, comerciaban con artículos de lujo y productos de alimentación o regentaban negocios de hostelería, entre otras actividades. 

 

En la antigua Roma, el comportamiento de las mujeres respetables debía ajustarse a un ideal femenino muy preciso: el de la matrona. Su misión era tener hijos e hijas en el marco de un matrimonio controlado y educarlos en los valores tradicionales.

Desde la infancia, las niñas eran encaminadas a cumplir ese papel. En la ceremonia de los esponsales se colocaba a la prometida –aún cuando era una  una niña, con un anillo en el dedo, que por eso se llamaba anular, del que se pensaba que partía un nervio que iba al corazón.


A partir de ese momento, la niña esperaba el matrimonio como el acontecimiento más importante de su vida. Con él iniciaba su función reproductora y de mantenimiento de los valores nacionales, educando a las hijas y a los hijos en los principios del patriotismo romano.

SOMETIMIENTO LEGAL


La mujer estaba sometida a una orden patriarcal, en el que eran los varones quienes controlaban su sexualidad y capacidad reproductiva.

           Para ello se aplicaban normas y leyes de gran dureza.

Toda relación fuera del matrimonio, incluso si las relaciones las mantenían mujeres solteras o viudas, se consideraba delito y podía ser castigada por el cabeza de familia o paterfamilias sin necesidad de juicio.

En el siglo II a.C., Catón afirmaba, no sin satisfacción, que si el marido sorprende a la mujer cometiendo adulterio «puede matarla impunemente», mientras que si es la mujer es  la que sorprende al marido «no puede tocarlo a él ni siquiera con un dedo», según recogía más tarde Aulo Gelio. Asimismo, aunque una mujer desease ser madre, si el paterfamilias no quería ese hijo podía obligarla a abortar sin que su comportamiento fuera jurídicamente reprochable.

Más allá de su papel de madres, las mujeres sufrían innumerables limitaciones legales. No podían hacer testamento y estaban de por vida sometidas a tutela masculina en todos los negocios jurídicos que realizaban.

En algunos casos no heredaban ni podían disponer de sus bienes en favor de sus propios hijos. Igualmente, las mujeres estaban excluidas de la vida política.


No se les permitía votar en los comicios donde se elegía a los magistrados, y, por tanto, tenían prohibido el acceso a los llamados «oficios viriles», officia virilia.

Esta marginación se mantuvo a lo largo de toda la historia de Roma, como pone de relieve en el siglo III d.C. el jurista Ulpiano: «Las mujeres están apartadas de todas las funciones civiles y públicas, y por ello no pueden ser jueces, ni tener magistratura, ni actuar como abogadas, ni intervenir en representación de alguien ni ser procuradoras».

La subordinación jurídica y política de la mujer se justificaba de diversos modos. El filósofo Séneca, por ejemplo, afirmaba que «los dos sexos contribuyen de igual modo a la vida común pues uno está hecho para obedecer y otro para mandar». También se argüía que la exclusiva dedicación de la mujer a la familia la inhabilitaba para el ejercicio de los oficios públicos.

Otros se referían a la inferioridad natural de las mujeres, y más precisamente a su «debilidad de juicio» o levitas animi, conforme al mito de la inconstancia femenina, que tanta trascendencia jurídica y literaria ha tenido a lo largo de la historia posterior. Así se manifiesta en los textos jurídicos: «Los antiguos quisieron que las mujeres, aunque fueran de edad adulta, estuvieran bajo tutela a causa de la ligereza de su espíritu», escribía el jurista Gayo refiriéndose a la Ley de las XII Tablas, el código legal más antiguo de Roma.

Sin embargo, no puede decirse que las mujeres romanas vivieran totalmente resignadas a esta sumisión legal. A lo largo de la historia muchas encontraron resquicios para hacer valer sus intereses e incluso plantearon desafíos abiertos a la supremacía masculina. Así ocurrió a propósito de las severas leyes que regían contra la ostentación de lujo.

LOS RESQUICIOS DEL SISTEMA


El riesgo de corrupción que siempre lleva consigo el manejo del dinero se presentaba como algo especialmente perjudicial para las mujeres. Éstas debían seguir el modelo de Cornelia, la madre de los Gracos, ejemplo de matrona romana, quien despreciaba los adornos y las riquezas y se jactaba de que sus hijos (los héroes de Roma Cayo y Tiberio Graco) eran sus únicas joyas: «Haec ornamenta mea». Pese a este ejemplo, el enriquecimiento general que vivió Roma al acabar la segunda guerra púnica (218-201 a.C.) hizo que las mujeres se mostraran beligerantes con leyes que las alejaban de las riquezas, como la lex Oppia, de 215 a.C., que les prohibía lucir sus joyas («llevar encima más de media onza de oro» ). Ante esta resistencia de las mujeres, Catón respondió con su habitual misoginia: «Lo que realmente quieren es la libertad sin restricciones; o, para decir verdad, el libertinaje. En verdad, si ahora ganan, ¿qué no intentarán?».

 


En esa misma época, tanto las hijas como los hijos de las familias accedían con mayor facilidad a la administración de su patrimonio.

Muchos cabezas de familia habían muerto durante las guerras púnicas y cada vez había más mujeres ricas y dedicadas al comercio. Ello provocó una presencia cada vez mayor de las mujeres en el mundo de los negocios y de la empresa e incluso de la política, como ponen de relieve decenas de carteles electorales en Pompeya firmados por mujeres.

Cuando en 169 a.C. se promulgó la lex Voconia, que les impedía ser herederas de los ciudadanos más ricos (los que se inscribían en la primera clase del censo), las mujeres hallaron estrategias legales para burlar esta restricción, con la colaboración de varones que se censaban en clases distintas.

Asimismo, las mujeres idearon complejos mecanismos jurídicos para librarse de la tutela masculina, eligiendo para ejercerla a algún familiar o amigo que no interfiriese en sus deseos. Algo que suscitó las críticas de autores conservadores como Cicerón: «Fue voluntad de nuestros antepasados que todas las mujeres, por su debilidad de juicio, estuvieran bajo la potestad de los tutores, más los jurisconsultos inventaron una especie de tutores que estuvieran sometidos a la potestad de las mujeres».

MUJERES EN EL IMPERIO

Aunque la presencia femenina en la política ya se empezó a hacer visible durante la República, ésta fue en aumento cuando el modelo de familia –cuyos miembros estaban unidos por vínculos de sumisión al paterfamilias– entró en crisis hasta desaparecer definitivamente en el Imperio.

La presencia femenina fuera de la domus, la casa, iba en aumento a la par que la vieja idea de familia patriarcal tradicional perdía fuerza. Empezaron a ser frecuentes las familias mixtas: algunas de ellas estaban compuestas por un solo progenitor divorciado o viudo, otras por cónyuges sin hijos, otras eran familias «pluriparentales» que unían hijos de diferentes matrimonios y personas de edades muy diferentes. Esto sin contar las numerosísimas uniones de concubinato ni las familias compuestas por parejas homosexuales.

MILLONARIAS Y POTENTADAS

Poco hicieron para corregir la nueva situación las leyes de Augusto en favor de la natalidad y en defensa de la institución matrimonial, ni la promoción que se hacía de la figura ideal de la matrona, fiel a su marido y madre de muchos hijos. Por otra parte, hay que destacar que las leyes natalistas del fundador del Imperio incorporaban importantes ventajas legales para las mujeres, puesto que declaraban liberadas de la tutela masculina a las mujeres ingenuas (aquéllas nacidas libres que nunca habían caído en la esclavitud) que daban a luz al menos tres niños, así como a las libertas que hubieran tenido al menos cuatro hijos.

Muchas mujeres de la aristocracia gozaron durante el Imperio de una posición económica envidiable. Las mayores fortunas procedían del favor imperial y pertenecían en gran medida a libertos y libertas, a quienes los emperadores prestaban su garantía sin hacer distinción entre varones y mujeres. Del mismo modo, se superó la idea republicana de que el dinero fuera algo sucio o indigno. De ahí que fuera cada vez más habitual que las mujeres aparecieran como titulares de grandes patrimonios y como gestoras de los mismos, e invirtiesen personalmente su capital. Con el Imperio, el estatuto legal de las mujeres también mejoró en otros aspectos. Por ejemplo, bajo los emperadores Severos (193-235 d.C.) a las madres divorciadas se les reconoció el derecho a ejercer la custodia sobre sus hijos, aunque sólo en caso de probada maldad  del padre. 

VENTAJAS E INCONVENIENTES.

Las mujeres también supieron aprovechar algunas ventajas del sistema. Así, algunas se valieron de su condición de viudas para proteger sus derechos. Tal fue el caso de Antonia la Menor, sobrina de Augusto y nuera de la emperatriz Livia, que tras haber cumplido sus deberes con el Estado dando a luz a sus tres hijos –Germánico, Livila y el futuro emperador Claudio–, decidió no volver a casarse, desoyendo los consejos de su imperial tío, con lo que pudo acceder a las ventajas legales de que disfrutaban las viudas. Permaneciendo univira (esposa de un solo varón) y fiel a la memoria de su heroico esposo, Antonia logró la admiración y el respeto de toda Roma, y esquivó las críticas de las que no se libraron ni su madre Octavia ni su suegra Livia por tener hijos de diferentes matrimonios. Pero la mayor de las ventajas de seguir viuda fue que estuvo en condiciones de manejar por sí misma, sin injerencias masculinas, su enorme patrimonio.

En otros aspectos, las leyes seguían siendo contrarias a la libertad de la mujer. La interrupción del embarazo sin el acuerdo del marido salió de la jurisdicción doméstica y fue objeto de persecución pública. Pero no era el feto ni la libertad de la madre lo que se protegía, sino «la legítima expectativa del marido de tener prole». Seguía existiendo la figura del «cuidador del vientre», curator ventris, que se ocupaba de la marcha del embarazo e impedía que la mujer abortara sin el consentimiento del marido. 


No es raro por ello que el jurista Papiniano afirmarse: «En muchos extremos de nuestro derecho es peor la condición de las mujeres que la de los varones».