Tras varios días de largo
viaje caminando por tierras de Castilla llegamos a un sitio entre montañas inhóspitas y con un
frío aterrador, a pesar de estar en pleno
estiaje, al trasponer una de aquellas montañas muy prominentes y
buscando la orilla izquierda del río Pisuerga, nos llevamos el susto padre, ya
estaban avisados los cristianos que íbamos de marcha hacia esa tierra, no sé de
donde sacarían tanta gente, allí estaba
el rey de León, Ramiro el II luciendo
sus galas guerreras, con sus gentes de Riaño, Astorga, Bembibre, Bañeza, Carracedelo,
Fabero, Gusendos, Órbigo, Maraña, Pajares, Ponferrada, Reyero, Sahagún y
Villazala, más las coalicionadas de Asturias y Navarra, también estaban los
maragatos leoneses, los bables asturianos, los pasiegos santanderinos, los
navarros, euskaldunos y vascones, había gentes de la Alcarria, el conde de Burgos y Castilla Fernán González
con sus tropas de Bujedo, Briviesca y Pancorbo,
los del Alfoz de Bricia, Ameyugo, Arlanza, Barbadillo, Cogollos,
Moncalvillo, Orbanegra, Pardilla, Belorado, Cabezón, Prádanos, Quintanapalla,
Salas, San Mamés, Tobalina y Villarcayo, también los había de Soria y Ágreda,
del Burgo de Osma, Calatañazor, Coscurita, Duruelo, Gómara, Medinaceli,
Almazán, San Esteban de Gormaz y también los de Vila Mazan, ya sabes no me
gusta la prolijidad por ello solo cito lo más
esencial y breve.
Nosotros llevábamos el
auxilio del gobernador de Zaragoza, Abu-Yahia no olvidando que resultó un
traidor y culpable del principal desastre de Osma, tres años antes de esta
confrontación, llevaba sus gentes de Calatorao, Ricla, La Almunia y Sansueña,
de saeteros iban los saqalibas muy diestros en este oficio, la caballería
bereber y andalusí bien dotada de lanzas y alfanjes, la infantería de los Banu
Hudayir con arcos y flechas lanzas y lanzones y
como tropas auxiliares para
llevarse los primeros envites de la contienda vinieron los nobles de:
Benichembia, Benilloba,
Almudaina, Benifallín, Aljorfa, Busot Confrides, Benesaou, Aljufia, Abarán,
Bendame, Benétuzar, Benimongí, Benéjuzar, Alfadarin, Alboraiba, Benovia,
Condomina, Tiñosa, Benicomai, Alfande, Albarilla, Beniazón, Benicomai,
Farabosque, Beniazón, Acenete, Benihalel, Benifiel, Alnaxar, Zaraiche,
Albatalia, Benifiar, Urdienca, Albocácer, Betxí, Zucaina, Agullent, Zeneta,
Albuisech, Beneguasil y Benipotrox.
También llevábamos un
enorme contingente de caballería berebere en la retaguardia, alma mater de
nuestras tropas andalusíes.
Hicimos sonar atabales
formando un estruendoso ruido así como
la marcha del miedo, después marcha allegro non tropo, al Abderrahman se
le escapó un suspiro y un “hay” al observar el enorme contingente del enemigo, al
hombre se le hizo un nudo en la garganta impidiéndole hablar, después pidió que
le trajeran y sirvieran un chambi, al hombre se le quedó la lengua seca y la garganta atragantada.
Con dificultades tragó el helado como pudo y se quedó pensativo y cabizbajo, a continuación
miró al cielo y se encomendó a Alá,
después se sacudió el polvo acumulado en el pecho con la mano diestra,
sacó el pañuelo se limpió el sudor frío de sus mejillas.
Tocamos zafarrancho de
combate dando comienzo la confrontación guerrera entre ambos contingentes
que se apresuraron en enorme carrera
finalizando en tremendo choque, hubo empujones, apretones y revolcones,
pisotones y agarrones, estruendoso
crujir de escudos al chocar contra las espadas,
el trote de los caballos galopando
hacía que temblase la tierra, los equinos asustados relinchaban con
denuedo, daban brincos, patadas y coces evidentemente estaban desbocados ante el fuerte y ronco
vocerío de ambos ejércitos.
Desde nuestra tribuna en
el puesto de observación resultó imposible dirigir palabras de aliento a nuestros
guerreros, no obstante se aplaudía con entusiasmo al objeto de enaltecer los ánimos en esa
dura pelea.
Hubo de todo, lamentos de heridos en el umbral de la
muerte, regueros de sangre y cuerpos llenos de mutilaciones, sollozos y
llantos, hombres agonizantes pidiendo auxilio,
fue un duro y cruento combate todo un horror que jamás se borrará del
recuerdo.
Cinco días duró aquella
pelea de amargos sudores, eso sí cuando sacábamos la bandera blanca era de
obligado cumplimiento descansar un rato
de tanta refriega, por la noche sonaban
trompetas dando la señal de
silencio, era necesario dormir para reponer las fuerzas respetando
por ambos bandos tan deseada señal.
Al quinto día y antes del alba tocaron ellos una marcha muy alegre con
chirimías y trompetas, muy entusiasta con redobles de tambores, afinamos la oreja y
oímos que estaban eufóricos, tocaban los mardita madre la marcha de “allegro
triunfati”, estos traidoramente
hicieron el recuento y les resultó favorable,
de momento salieron árbitros de
ambos bandos cotejaron el resultado y
efectivamente ellos habían vencido,
pusieron el cartelón como ganadores de la pelea en el quinto roung.
Cuando observamos el
resultado de aquella batalla nos vimos obligados a tocar la marcha “huida con
motto” y se formó la desbandada, muchas
vidas costó aquel trance, al Abu-Yahia de
Zaragoza nuestro aliado lo hicieron
prisionero, de modo que los omeya perdimos la batalla pero no la guerra.
Pasemos al siguiente cuento.