Madrid, 1 de junio de 1603, Felipe III a petición de los regidores de la ciudad confirma la imposibilidad de ocupar el cargo de regidor, si se ejerce o ha ejercido alguna vez oficio mecánico o servil.
La medida regia se inserta plenamente en
las corrientes sociales y religiosas imperantes en la época que se plasman en
todas las instituciones civiles, militares y religiosas.
Socialmente
dada la estructura jerárquica existente se considera que la nobleza está reñida
con el trabajo. Esta idea asumida por todas las capas sociales, incluso las
señaladas como inferiores, considera que ni el trabajo, ni el dinero así
obtenido habilitan para adquirir títulos de nobleza.
En el fondo no es más que una medida para tratar de conservar la pureza de esta clase social y evitar el acceso no controlado de ella.
Desde el punto de vista de la iglesia,
resulta menos comprensible esta postura, ya que predica la igualdad entre los
hombres.
Claro que para poder compaginar conceptos, la iglesia acaba afirmando que preconiza la igualdad de almas, no de clases.
Esta concepción permite y apoya, naturalmente
la imposición de unas clases sociales a otras.
Unos están obligadas a trabajar, las otros se encargan de la dirección del gobierno de la cosa pública, además de asumir una humanitaria labor,
especialmente
confiada por la iglesia el sostenimiento de los mendigos gracias a la caridad,
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