Lérida, 7
de agosto de 1.644.- El rey Felipe IV renueva su juramento de fidelidad a las
libertades y constituciones catalanas, prometiendo que estos derechos no se verán
afectados por la rebelión del Principado y la posterior sumisión de la
Generalidad al monarca francés.
Al mando
de don Felipe de Silva, un ejército español había conseguido poner sitio a
Lérida el doce de mayo. El Mariscal francés La Motte acudió en su socorro tres
días más tarde pero sufrió una grave derrota, tras dos meses de asedio la
ciudad capituló.
La
guarnición francesa, dirigida por Arganzón pudo retirarse con honores, y
muestra de generosidad, el rey no consintió que los habitantes se vieran
comprometidos en la rendición ya que para sus vasallos no había otros pactos
que su amor y su cariño.
Esta jura
consagra el fracaso de los proyectos del conde duque de Olivares con respecto a
la Corona de Aragón.
La
ocasión oportuna que buscaba el valido para reducir los privilegios de Cataluña
se había producido, pero el estado de la monarquía no hacía posible amenazar
con la venganza. Po el contrario, Felipe intentaba ahora atraerse de nuevo a
los catalanes, sabedor de que la población formulaba contra los franceses las
mismas quejas que habían provocado la sublevación anticastellano.
Ya hasta el 25 de abril, publicó un edicto desde Zaragoza prometiendo velar por las pragmáticas, leyes y constituciones. Su comportamiento tampoco tenía porque ser insincero. Con más fuerza, su abuelo se conformó en 1.591 con abolir los fueros aragoneses que más limitaban su autoridad, respetando el resto.
el resto.
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