jueves, 7 de mayo de 2026

NOBLES ALTIVOS Y PEDIGüEÑOS

 




España 1.640.- La nobleza española parece cada vez más preocupada por enriquecerse a costa de la Corona, y se muestra más gustosa de la vida frívola que del campo de batalla o de la política internacional, actividades ambas que la alejan de la corte.

Los nobles atraídos por la vida se encuentran siempre en una continua lucha por mantener su nivel de vida, que sus excesivos gastos desequilibra.

Es tal su situación que más de una vez la corona debe ordenar a muchos nobles a que se retiren a sus propiedades para que ahorren ya que se encuentran prácticamente en bancarrota.

En muchas ocasiones ni la misma Corona puede evitar la quiebra de determinadas casas nobles. Nada sabe que hacer la nobleza para remediar esta situación por la dificultad en convertir su patrimonio en dinero y por las imposiciones sociales.

Los nobles se dedican a buscar de la corona rentas nuevas y la concesión de privilegios. En contrapartida, se muestran siempre remisos a aportar dinero a las arcas exhaustas del tesoro real, para contribuir a las crecientes necesidades que demanda la proyección internacional de España. 


Es más cuando se les confía que se hagan cargo de alguna embajada o empleo importante, lejos de la corte, no presentan más que excusas e impedimentos. Incluso los considerados más afines al Conde Duque de Olivare,


Tal ocurre con el marqués de Leganés, cuando se le encomienda la gobernación de Milán. Se le ofrecen 6000 ducados de renta perpetua, 12.000 de ayuda de costa y 2.000 de sueldo al mes, pero Leganés en vez de estar contento se  marcha de muy mala gana. 

Al no portar nada a la Corona, mientras la esquilman continuamente, los nobles le hacen tan flaco servicio que llegan hacer afirmar en un escrito de la época, titulado. El espíritu de Francia  y máximas de Luis  XIV los Grandes de España, son de gran ayuda al rey de Francia y procuran sin pensar adelantar su designio, porque se enriquecen con la hacienda de su señor y quitan en su país la fuerza de mantener tropas.

Tan dura y cínica crítica contiene una gran verdad. En 1643, cuando Felipe IV necesita ayuda para intervenir en Cataluña se ve obligado en imponer una multa de 2.000 escudos  a todos los caballeros de la de las órdenes militares que no se presenten.


En esta despreocupación de la nobleza incide grandemente la descalificación social del trabajo que prima la holgazanería al considerar el trabajo como algo vil.


Esta situación hace que a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos, la nobleza española  contribuya al retraso de la industria, ya que  basa sus rentas principales en la tierra y se labre así su propia ruina.


La deshonra del trabajo y su propia falta de iniciativa convierten a la nobleza en una oligarquía claudicante, pobretona y pedigüeña, ruinosa para la Corona y para todo el país.


El mal ejemplo de las clases altas es seguido por todas las demás. Si los nobles están continuamente pidiendo nuevos privilegios, para ellos o sus parientes o amigos, la búsqueda de la nobleza se convierte en un fin para la mayoría de la población.

Así no es raro hallar un creciente número de peticiones de hidalguías, primer paso en el  ascenso social.

Su concesión significa, más que un reconocimiento de nobleza, una afirmación de la pobreza de las arcas reales, que tiene en las concesiones una fuente de ingresos.

 


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