Nápoles
año 1.702.-Los estados italianos de la monarquía española han proporcionado una
gran acogida al primer rey que no los visita desde hace siglo y medio.
Enterado
Felipe V de la grave situación creada por el desembarco de tropas inglesas en
Holanda y de las ambiciones del emperador respecto de Italia,
donde se batía en el norte con los franceses, y de la conjura sofocada por el
duque de Medinaceli, decide partir hacía Nápoles, para visitar y proteger
aquellas tropas.
Al frente
de veinte galeras y ocho navíos franceses de escolta, llega a la capital del
sur el 16 de abril y es objeto de un gran recibimiento. Con numerosos séquitos
entra en la ciudad, en medio de una muchedumbre que obstruye las calles y de
las aclamaciones de las tropas españolas.
Hace cuánto
puede para ganarse el aprecio de los napolitanos; indulta a los participantes
en la conjura, rebaja impuestos, perdona deudas, suprime gabelas, otorga la
grandeza de España a muchos nobles, Seguro de este reino marcha al norte para
ponerse al frente del ejército de Lombardía.
Visita
las plazas y guarniciones de Toscana y entra en Milán el 18 de junio, repitiéndose
allí las mismas escenas de regocijo,
Celebra
consejo de guerra en Cremona, y decide mandar en persona un cuerpo de treinta
mil hombres, asesorado por el duque de Vendôme y el conde de Aguilar.
El 20 de
julio se pone en marcha el ejército dividido en columnas con la intención de
pasar el río Po.
No lejos
de allí, Vendôme, que se ha adelantado encuentra a una parte de las tropas
imperiales el día 26 de julio. Emprende el ataque y sus enemigos quedan
completamente deshechos, dejando más de mil muertos y heridos sobre el terreno.
La
campaña prosigue con diversas acciones importantes aunque no decisivas y a
fines de septiembre Felipe V se retira hacía Milán con la intención de volver a
España.

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