jueves, 9 de abril de 2026

SEÑORES DE HORCA Y CUCHILLO

 

SEÑORES DE HORCA Y CUCHILLO

Madrid, 29 de julio  de 1602.-El Consejo de Aragón remite una consulta al rey Felipe III sobre la muerte de cuatro vasallos del duque de Híjar. Tres de ellos moriscos, ordenados por su señor,

Aunque durante los siglos XV y XVI especialmente durante el gobierno de Los Reyes Católicos, la monarquía ha visto reconocido su derecho superior sobre la justicia señorial, cuyas sentencias pueden ser apeladas o revisadas en las audiencias o chancillerías.

Una gran de la población permanece sujeta, en todos los reinos peninsulares, a los tribunales del señor jurisdiccional, sea secular o eclesiástico.

No todos los mismos señores tienen las mismas potestades. Se distingue entre la baja civil y la alta justicia criminal, pero los lugares donde se acumulaban ambas eran todavía muy numerosos, y lo continuarán siendo hasta el siglo XVIII.

Dentro de la  alta, existían también diferencias. La presencia de una horca a la entrada del pueblo o junto a la residencia del señor indicaba que la autoridad de este llegaba hasta la aplicación del tormento y la muerte.

Tradicionalmente se ha considerado este caso como propio sobre todo de Aragón, ya que las constituciones amparaban  la plena autoridad del señor sobre sus vasallos, pero en absoluto era algo exclusivo de este reino.

Por el contrario, abundaban los señores con derecho de vida y muerte en toda la Península.

El ejercicio de la justicia, aún sujeta a las normas y la revisión de los tribunales, del rey que  ofrecía grandes ventajas para quien poseyera esta potestad.

Piénsese levantar los vasallos contra las prácticas del señorío debían pasar en primera instancia ante la curia del señor, quien actuaba así como juez y parte.

La justicia criminal resultaba cara de administrar, por lo que se intentaba hacerla efectiva a base de multas elevadas. En ocasiones, los tribunales de algunos nobles multiplicaron la imposición de penas de muerte para conmutarlas después por servicio perpetuo en galeras, que era cumplido en las naves del mismo señor o de sus amigos.

Quienes obtenían así remeros a bajo precio. En el caso que atañe al duque de Híjar, ni siquiera se guardaron las garantías formales.

El duque se había irritado porque estas cuatro personas no prestaron auxilio a su alcalde en un tropiezo que tuvo con gente noble. Sin juicio, les dio garrote y mandó colgar sus cuerpos en el lugar del incidente.

 














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