SEÑORES DE
HORCA Y CUCHILLO
Madrid,
29 de julio de 1602.-El Consejo de Aragón
remite una consulta al rey Felipe III sobre la muerte de cuatro vasallos del duque
de Híjar. Tres de ellos moriscos, ordenados por su señor,
Aunque
durante los siglos XV y XVI especialmente durante el gobierno de Los Reyes Católicos,
la monarquía ha visto reconocido su derecho superior sobre la justicia señorial,
cuyas sentencias pueden ser apeladas o revisadas en las audiencias o chancillerías.
Una gran
de la población permanece sujeta, en todos los reinos peninsulares, a los
tribunales del señor jurisdiccional, sea secular o eclesiástico.
No todos
los mismos señores tienen las mismas potestades. Se distingue entre la baja
civil y la alta justicia criminal, pero los lugares donde se acumulaban ambas
eran todavía muy numerosos, y lo continuarán siendo hasta el siglo XVIII.
Dentro de
la alta, existían también diferencias.
La presencia de una horca a la entrada del pueblo o junto a la residencia del
señor indicaba que la autoridad de este llegaba hasta la aplicación del
tormento y la muerte.
Tradicionalmente
se ha considerado este caso como propio sobre todo de Aragón, ya que las
constituciones amparaban la plena
autoridad del señor sobre sus vasallos, pero en absoluto era algo exclusivo de
este reino.
Por el
contrario, abundaban los señores con derecho de vida y muerte en toda la Península.
El
ejercicio de la justicia, aún sujeta a las normas y la revisión de los
tribunales, del rey que ofrecía
grandes ventajas para quien poseyera esta potestad.
Piénsese
levantar los vasallos contra las prácticas del señorío debían pasar en primera
instancia ante la curia del señor, quien actuaba así como juez y parte.
La
justicia criminal resultaba cara de administrar, por lo que se intentaba
hacerla efectiva a base de multas elevadas. En ocasiones, los tribunales de
algunos nobles multiplicaron la imposición de penas de muerte para conmutarlas después
por servicio perpetuo en galeras, que era cumplido en las naves del mismo señor
o de sus amigos.
Quienes
obtenían así remeros a bajo precio. En el caso que atañe al duque de Híjar, ni
siquiera se guardaron las garantías formales.
El duque se había irritado porque estas cuatro personas no prestaron auxilio a su alcalde en un tropiezo que tuvo con gente noble. Sin juicio, les dio garrote y mandó colgar sus cuerpos en el lugar del incidente.

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