viernes, 19 de junio de 2026

LOS PINCELES DEL PINTOR MURILLO.

 


Sevilla 1652. Bartolomé Esteban Murillo, pinta la Sagrada Familia. Se trata de una de esas obras más célebres y responde el primer periodo pictórico de este artista sevillano, nacido en el año 1617, durante el cual se percibe la influencia de Velázquez y la preponderancia de los tonos fríos en la composición como rasgos más frecuentes.

La obra de Murillo, claro exponente de la estética barroca, puede repartirse en dos grupos temáticos, el de tipo religioso y el del tipo infantil que reúnen cuadros y frescos.

Las composiciones religiosas aprovechan la libertad interpretativa sin apartarse por ello de la esfera ortodoxa y presentan las escenas religiosas como cuadros de género, en los que se incluyen aspectos secundarios de la vida cotidiana con el fin de humanizar la refinada e idealizada belleza de los personajes.

Pertenecen a este grupo obra como Rebeca y Eliazar en el pozo, una Concepción de grandes dimensiones que forma parte de una serie de telas sobre la Inmaculada Concepción, y que en la actualidad se halla en el museo provincial de Sevilla, La Niña y finalmente la Concepción de los Venerables.

Respecto a las obras de temática infantil, estas constituyen sin duda el aspecto más conocido de Murillo fuera de España.

El pintor se interesó a lo larga de toda su vida por este asunto que, si bien  correspondía por su aparente tono intrascendente a la estética del rococó, en algunas de las telas aparece matizado por un sentimiento dramático, la contemplación de una infancia  abandonada y en la miseria, y en rostros infantiles que jamás esbozan la menor sonrisa.

 

Entre los títulos representativos de esta serie se encuentran: Niños comiendo uvas, Vieja espulgando a un niño, Niño jugando con su perro, y la Pequeña vendedora de fruta.

La obra de Murillo, que gozó del reconocimiento general se sus contemporáneos, se presenta ante la espectador actual como provista de cierta teatralidad.

Sin embargo ello es propio del gusto barroco de la época y no disminuye el dominio de la tónica pictórica en su autor que se despliega pese a todo en sus lienzos variopintos.


 

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