domingo, 26 de abril de 2026

LOS RIGORES DEL CLIMA

 

               


Península ibérica, 1626. Las grandes tormentas caídas en la Península producen diversas inundaciones y provocan importantes daños materiales. Mientras que la ganadería experimenta algunas pérdidas (los cartujos sevillanos, por ejemplo, pierden todo su ganado valorado aproximadamente en diez mil maravedíes).

La agricultura española en general se halla igualmente afectada por las inclemencias del tiempo, y con ello vuelven a extenderse por el territorio el hambre y la carestía sin haber dejado tiempo a que los campos y las personas restablezcan de la sequía pertinaz de los años anteriores.

Los más afectados por estos cambios climáticos y por las malas cosechas fueron sin duda los campesinos y las masas pobres urbanas quienes veían encarecerse los productos de primera necesidad.

Pese a que en otras situaciones similares –debe considerarse que durante el antiguo régimen el clima representaba el factor más importante para la producción de alimentos y que una serie de malas cosechas era seguida inevitablemente por epidemias y una elevada mortandad, el gobierno había adoptado la medida de importar productos del exterior; sin embargo, no se registra en esta época ninguna entrada de cereal de fuera, lo que indica que los recursos europeos se hallan agotados y que la situación es penosa  por doquier.

Aparentemente, el siglo XVII marca la transición de un periodo climático a otro, se supera en cierta forma una etapa glaciar y como consecuencia de ello las variaciones y ka imprevisibilidad del clima están a la orden del día en lo que se refiere a Europa, cuyo modelo siguen los historiadores en España, ya que su microclima todavía mo ha sido bien analizado. Aun así, se conoce que el reinado de Carlos I fue asolado por una sequia que reaparecería a mediados del siglo XVII y sería causante, unida a una política adversa, de una grave crisis.



 

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