España
1717. El llamado monopolio o estanco del tabaco había sido concedido por Las
Cortes Castellanas a partir de 1634, al haberse extendido la costumbre de fumar
y observar el estado que el control de su consumo producía unos muy pingües
beneficios.
A partir
de ahora se extenderá al resto de los reinos españoles, dentro de la política centralizadora
de Felipe V que pretende difundir por toda la Península las disposiciones
castellanas aplicándolas en los ámbitos más diversos.
Desde
este momento el monopolio será ejercido directamente por parte e la Corona. A
fines de este mismo siglo producirá unos cien millones de reales de renta y en
su administración intervendrán hasta cuatro mil personas, sin tener en cuenta
los puntos de venta, representados en este caso por más de 13.000 estanqueros,
que solían cobrar la décima parte del precio de la venta público.
Durante
mucho tiempo este monopolio fue semejante al de la sal, que salió finalmente del régimen de estanco. No así el tabaco, que subsiste aún hoy en
dicho régimen pese a los proyectos des monopolizadores que caracterizan al
liberalismo del siglo XIX.

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