sábado, 4 de julio de 2026

RECLAMACIONES DE LUIS XIV

 

Paisajes Bajos, 1 de mayo de 1.667. La paz de los Pirineos constituyó un paréntesis en el secular enfrentamiento que mantenían España y Francia por la primacía en Europa occidental.

Tan solo los periodos de debilidad franceses, las guerras de Religión, la Fronda, habían supuesto una renuncia temporal a esta competencia.

Ahora es la monarquía hispánica  la que se halla en mala situación  para proseguir el combate. Medio siglo de guerras en toda Europa y el agotamiento de la riqueza peninsular exigían un respiro.

Luis XIV, por el contrario, dispone de un reino compacto, el más poblado de Europa, rico en agricultura y comercio. No dará por tanto tregua a su desfallecido suegro ni a Carlos II, y es precisamente el matrimonio con María Teresa de Austria el que le proporciona argumentos legales para la lucha.

Por un lado aún   no se ha abonado la dote prometida. Por otro, los juristas de la corte francesa recuperan un viejo precepto matrimonial del Brabante de la región flamenca  bajo soberanía española  según el cual cuando un viudo contrae matrimonio, los bienes que poseía en vida de su primera mujer deben pasar a los hijos de ésta. Alegando la vigencia  de este fuero, llamado derecho de devolución.

Luis XIV reclamó a Mariana segunda esposa de Felipe IV t regente española, la entrega del Brabante y todos los territorios donde regia la norma.

Como se esperaba, la respuesta fue negativa, y no quedó otro camino que las armas. Luis XIV invadió frontera flamenca, sin declaración de guerra, con un ejército de unos cincuenta mil soldados, al tiempo que publicaba  un manifiesto para justificar sus actos ante las demás cortes europeas.



El gobernador español marqués de Castel Rodrigo, apenas pudo reclutar  seis mil hombres, con lo que la campaña  fue un verdadero paseo militar francés.

Tampoco llegó a variar la situación como para que alcanzase una guerra en el frente portugués que permitiese socorrer Flandes.

La corte ofreció el mando de este segundo ejército a don Juan José de Austria, quien se negó a encabezarlo. Sospechaba que esta era una forma de alejarlo y además arriesgaba perder la fama militar ganada en sus años jóvenes.

Fueron las potencias europeas, Inglaterra Suecia y Holanda las que reaccionaron para impedir el triunfo francés. Interviniendo al lado de España, frenaron el avance  e impusieron la paz a un Luis que ya miraba  hacía el futuro.



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