Paisajes
Bajos, 1 de mayo de 1.667. La paz de los Pirineos constituyó un paréntesis en
el secular enfrentamiento que mantenían España y Francia por la primacía en
Europa occidental.
Tan solo
los periodos de debilidad franceses, las guerras de Religión, la Fronda, habían
supuesto una renuncia temporal a esta competencia.
Ahora es
la monarquía hispánica la que se halla
en mala situación para proseguir el
combate. Medio siglo de guerras en toda Europa y el agotamiento de la riqueza
peninsular exigían un respiro.
Luis XIV,
por el contrario, dispone de un reino compacto, el más poblado de Europa, rico
en agricultura y comercio. No dará por tanto tregua a su desfallecido suegro ni
a Carlos II, y es precisamente el matrimonio con María Teresa de Austria el que
le proporciona argumentos legales para la lucha.
Por un
lado aún no se ha abonado la dote prometida. Por otro, los
juristas de la corte francesa recuperan un viejo precepto matrimonial del Brabante
de la región flamenca bajo soberanía
española según el cual cuando un viudo
contrae matrimonio, los bienes que poseía en vida de su primera mujer deben
pasar a los hijos de ésta. Alegando la vigencia de este fuero, llamado derecho de devolución.
Luis XIV
reclamó a Mariana segunda esposa de Felipe IV t regente española, la entrega
del Brabante y todos los territorios donde regia la norma.
Como se
esperaba, la respuesta fue negativa, y no quedó otro camino que las armas. Luis
XIV invadió frontera flamenca, sin declaración de guerra, con un ejército de
unos cincuenta mil soldados, al tiempo que publicaba un manifiesto para justificar sus actos ante
las demás cortes europeas.
El gobernador
español marqués de Castel Rodrigo, apenas pudo reclutar seis mil hombres, con lo que la campaña fue un verdadero paseo militar francés.
Tampoco
llegó a variar la situación como para que alcanzase una guerra en el frente
portugués que permitiese socorrer Flandes.
La corte
ofreció el mando de este segundo ejército a don Juan José de Austria, quien se
negó a encabezarlo. Sospechaba que esta era una forma de alejarlo y además arriesgaba
perder la fama militar ganada en sus años jóvenes.
Fueron
las potencias europeas, Inglaterra Suecia y Holanda las que reaccionaron para impedir
el triunfo francés. Interviniendo al lado de España, frenaron el avance e impusieron la paz a un Luis que ya miraba hacía el futuro.

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