Asturias
1794. Por razones estratégicas, el gobierno ha decidido establecer en esta región nuevas
industrias de armamento. Hasta entonces, una buena parte de esta capacidad se
hallaba situada en Guipúzcoa y Navarra, por lo que resultaba muy vulnerable a
los ataques franceses; en especial a las fábricas navarras de Eugui y Orbaiceta,
que elaboraban municiones de hierro colado para la artillería.
Rio Nalón.
Ocupada
una vez más este año, el ingeniero Casado de Torres recorrió el Cantábrico y
recomendó finalmente la confluencia del Nalón y el Trueba, como lugar para la
nueva fundación.
Río Trueba
Se pensaba
aprovechar el hierro de Castañedo del Monte, el carbón mineral, muy poco usado
aún en España y las facilidades de transporte que ofrecían los ríos.
Antiguo convento de Santa Maria de la Vega
Allí se
situó la fábrica de municiones y piezas artilleras, y en el antiguo convento de
Santa María de la Vega, en Oviedo una de armas ligeras.
Hubo
problemas especialmente con los altos hornos de carbón mineral, que debía
servir como una de las primeras experiencias del país. En 1796 se dio fuego al
primer horno, pero ya fuese por la inexperiencia de los obreros o por la mala
calidad del combustible, el ensayo no tuvo buen resultado.
Dos años más tarde el coronel Dotoly fue enviado a Francia para observar el proceso, pero todas las pruebas fracasaron. Abandonado el intento, se siguió trabajando con carbón vegetal hasta 1808.
Las destrucciones de la guerra, la atonía de los decenios siguientes y el conflicto carlista mantuvieron la fábrica en práctico abandono, al contrario que la de Oviedo, hasta 1844. Ese año, Francisco de Elorza y Aguirre, consiguió reactivar la producción y convertirla en un centro moderno
.








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