sábado, 7 de noviembre de 2026

LAS ARMAS DE TRUBIA Y OVIEDO

 

                  

Asturias 1794. Por razones estratégicas, el gobierno ha  decidido establecer en esta región nuevas industrias de armamento. Hasta entonces, una buena parte de esta capacidad se hallaba situada en Guipúzcoa y Navarra, por lo que resultaba muy vulnerable a los ataques franceses; en especial a las fábricas navarras de Eugui y Orbaiceta, que elaboraban municiones de hierro colado para la artillería.

Rio Nalón.

Ocupada una vez más este año, el ingeniero Casado de Torres recorrió el Cantábrico y recomendó finalmente la confluencia del Nalón y el Trueba, como lugar para la nueva fundación.

Río Trueba

Se pensaba aprovechar el hierro de Castañedo del Monte, el carbón mineral, muy poco usado aún en España y las facilidades de transporte que ofrecían los ríos.

Antiguo convento de Santa Maria de la Vega

Allí se situó la fábrica de municiones y piezas artilleras, y en el antiguo convento de Santa María de la Vega, en Oviedo una de armas ligeras.

Hubo problemas especialmente con los altos hornos de carbón mineral, que debía servir como una de las primeras experiencias del país. En 1796 se dio fuego al primer horno, pero ya fuese por la inexperiencia de los obreros o por la mala calidad del combustible, el ensayo no tuvo buen resultado.

Dos años más tarde el coronel Dotoly fue enviado a Francia para observar el proceso, pero todas las pruebas fracasaron. Abandonado el intento, se siguió trabajando con carbón vegetal hasta 1808. 



Las destrucciones de la guerra, la atonía de los decenios siguientes y el conflicto carlista mantuvieron la fábrica en práctico abandono, al contrario que la de Oviedo, hasta 1844. Ese año, Francisco de Elorza y Aguirre, consiguió reactivar la producción y convertirla en un centro moderno


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