Bruselas,
16 de enero de 1556, el emperador Carlos V renuncia a las Coronas de España. No
ha tomado esta decisión de forma repentina, desde hace años acaricia el
proyecto de abandonar sus funciones y ha dejado en manos de sus generales las
guerras contra Francia e Italia para permanecer durante tres años en los Países
Bajos, hecho insólito en la vida de este viajero.
Sin
embargo hasta que no se firmó la paz de Augsburgo (25-9-1555) que ponía punto
final a las guerras de religión en Alemania, no consideró llegado el momento
oportuno de hacer realidad sus deseos.
El 25 de
octubre de 1555 abdicaba en favor de su hijo la regencia de los Países Bajos, donde
a pesar de ello, permaneció aproximadamente un año más para ayudar al sucesor
en sus primeros pasos.
Palacio de Coudenberg
Al frente
de los reinos de España y del imperio Carlos V había combatido sin descanso a
los enemigos de la cristiandad con el tenaz empeño de conseguir la unidad religiosa
de todas sus tierras.
Su
mandato estuvo marcado por los numerosos viajes a través de Alemania, Francia,
España, Inglaterra y África, en los que aun a riesgo de su vida luchó por la paz
y la defensa de la vida y de sus dominios.
En la
ceremonia de abdicación el monarca recuerda su última empresa de
recuperar Metz fracasa, se siente cansado y
reconoce que ha llegado el momento de ceder sus posesiones y su puesto.
Monasterio de Yuste.
A finales
de 1556 Carlos V se retira al palacio de Yuste, construido por su propia
iniciativa en el recinto del Monasterio de los Jerónimos, donde piensa pasar
sus últimos días.
Marcha
acompañado por una reducida comitiva entre cuyos miembros se halla el mayordomo
don Luis Méndez de Quijada, un médico de
origen flamenco, Mathis, el confesor fray Juan de Regla y unos secretarios.
Felipe II
No obstante
su apartamiento de la vida política no es total, pues el antiguo emperador
sigue de cerca los acontecimientos internacionales, y ofrece sus advertencias y
recomendaciones a Felipe II, establecido entonces en Los Países Bajos y en
Inglaterra, y a su hija Juana encargada de la regencia de Castilla,
El viejo
Emperador aquejado durante años por la enfermedad de la gota, no tarda en ser víctima
de unas fiebres palúdicas que se han extendido por la zona y tras firmar un
codicilo con su última voluntad. Recibe la extremaunción de Fray Juan de Regla
y muere el 31 de septiembre de 1558.

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