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España 1604.- Se observa en todo el reino una gran abundancia de clérigos, principalmente extranjeros que se dedican a ejercer la mendicidad por los caminos.
La
iglesia asume su papel de principal asistente de las necesidades, canalizando la
práctica de la caridad a través de numerosas instituciones.
En ellas
encuentran asilo y asistencia gran número de pobres, faltos de medios de vida,
y otro gran número que tiene en realidad, la mendicidad como profesión.
Tal es la
confusión entre pobres reales y fingidos que en muchas poblaciones se promulgan
normativas para asistir a los verdaderos pobres.
Entre los
falsos se encuentran muchas veces éstos clérigos vagabundos, que incluso llegan
a fingir su condición clerical. Una de las explicaciones clave de este fenómeno
es la falta de beneficios menores para todo el bajo clero, al mismo tiempo se
producen arrendamientos de parroquias y de las labores pastorales.
A todo
ello se aunará la llegada del clero regular extranjero que no encontrará en
España el alivio que buscaba a su pobreza y que se harán también vagabundos y
mendicantes.
Sin embargo, como la iglesia se les aparece sólo como una solución económica, es normal encontrar una falta de moral en estos clérigos que viven más como pícaros que dedicados a su misión divina. Gracias a la tonsura, muchos esquivan la acción de la justicia

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