España 1608.-En
la vida cotidiana del siglo XVII tienen gran importancia las tabernas, mesones
y posadas. Unas y otras se encuentran reguladas por diversas normativas que en
la práctica rara vez se cumplen.
Tal es el
caso de la ley que, prohíbe servir vino en las tabernas si no es de buena
calidad, medida poco económica. Muchas y diversas son las características de
estos establecimientos, a los que los viajeros especialmente extranjeros, y la
literatura picaresca española, se han encargado de dotar con tan mala fama que las más
de las veces son siniestras.
Así
ocurre, sin razones de cuando se habla de estos lugares como centro de reunión
de bandidos y bandoleros, o como centro ocasional o fijo de prostitución que
amén de transmitir enfermedades podían aligerar los bolsillos de los viajeros
de todo su capital y sus bienes.
Las casas
de huéspedes, sean fondas, posadas o mesones, en las ciudades o ventas, en los
caminos solo están obligados hasta el año 1560 a proporcionar cama sal, aceite
y vinagre y asiento en la lumbre, ya que el resto había que preocupárselo el viajero
por su cuenta, al establecerlo así las ordenanzas de los pueblos.
Este año,
Felipe II dispone que en ellas pueda tener lo preciso para satisfacer las
necesidades de los huéspedes, que así pueden reposar en vez de tener que
buscarse los alimentos fuera de los
mesones.
Su
principal inconveniente radica no en ya
las posibles incomodidades (muchas ventas tienen fama horrible por sucias, pero en otras, como la de Arganda hay camas con mil flores y con rica ropa de Holanda, según asegura Moreto), pero de dudosa catadura
moral de sus amos.
Por lo general los venteros no son más que ladrones
encubiertos bajo la capa de cuadrilleros de la Santa Hermandad, y su palabra es
la única que vale, por el sólo hecho de descansar un momento, sin tan siquiera
comer o beber nada. El posadero ya cobra seis maravedíes, además de la comida que
él proporciona las más de las veces, todo menos lo que se pregona.
Se vende
gato por liebre según la etimología popular española, este es el origen de la palabra venta, oveja
por cordero o muleto mortecino (mulo joven sacrificado especialmente) por
ternera, y si llegan a servir huevos empollaos-
Muchos
ejemplos de este tipo se encuentran en la literatura picaresca, como puede
verse en el Guzmán de Alfarache.
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