España 1685.-
El bandolerismo rural surge en la segunda mitad del siglo XVI en Cataluña y Aragón
y continua en la centuria siguiente, variando de intensidad y escenario principal.
Continuamente el bandolerismo aristocrático se cruza con el popular, fruto de
la miseria existente en el país. En Cataluña esta actividad se ve favorecida
por la frontera pirenaica que es zona de refugio de contrabandistas.
Durante
la primera mitad del siglo XVII se hacen famosos los bandoleros llamados Perot,
Roca Guinarda, Joan Serrallonga y Barbeta. Aunque persisten en la segunda mitad
de siglo animados por las guerras y la crisis carecen de las dimensiones épicas
de las figuras anteriores.
En el
reino de Valencia, la belicosidad mobiliaria se canaliza a través de los bandos,
apoyados por las grandes familias. Estas facciones tienen cómplices incluso
entre las primeras autoridades.
En la
segunda mitad del siglo XVII Valencia sustituye a Cataluña como zona más afectada por el bandolerismo. Entre los principales cabecillas se encuentran Josep Artás,
Josep Cases, Senent y Manel Oltra, los hermanos Palacios, etc.
En el
reino murciano el bandolerismo florece al mismo tiempo que en Valencia, Jumilla
y Yecla siendo el epicentro de la actividad de diversas bandas.
Del
bandolerismo andaluz destaca el de Jaén y el de Sierra Morena, que tiene un
marcado carácter nobiliario, ya que sus dos cabecillas, Pedro de Escobado y
Juan de Frías, estos dos pertenecen a la clase noble.
El
problema del bandolerismo pasa por el Consejo de Guerra de la monarquía, el
cual lo trata en una de sus sesiones y se acuerda intensificar hasta donde sea
posible la persecución.
Ante la inminente
llegada a Barcelona, el 1 de abril de 1620 del rey Felipe IV para celebrar las
Cortes, el señor Marión propone medidas de gran radicalismo a fin de acabar con
el bandidaje.
Estas
medidas son: encarcelar a todos los
habitantes de los pueblos de Manlleu y Roda, acusándoles de encubridores, de
quemar los bosques y derribar las casas de Querós para castigo de
sus vecinos y moradores, ya que se considera el lugar como inexpugnable para
Serrallonga y sus secuaces, pero el problema del bandolerismo pasa por el
Consejo de Guerra, ante estas medidas Serrallonga decide retirarse a Francia.

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