Torrellas,
8 de agosto de 1304. Los reinos de Castilla y Aragón concluyen un acuerdo para
resolver sus diferencias sobre Murcia, rectificado luego más tarde en Campillo.
La
población de Torrellas, sita entre Agreda y Tarazona, reúne numerosos miembros
de las cortes castellanas, aragonesas y portuguesas, ya que el rey luso
Dionisio actúa como un intermediario.
Jaime II
de Aragón recibe al monarca portugués mientras Fernando IV de Castilla espera
el resultado de la reunión en Ágreda donde ha llegado el primeo de mes.
La
sentencia arbitral de Torrellas confirma los acuerdos previos entre Jaime II y
don Juan Manuel. Por ella se fija una línea divisoria en el reino de Murcia, que
sigue exactamente el curso del río Segura. Las tierras situadas al norte pasan
a Aragón, a excepción de Murcia, Monteagudo y Molina de Segura, y las del sur a
Castilla.
Con este
tratado se incorporan Valencia entre otros lugares, Alicante, Elche, Orihuela,
Elda y Cartagena, Villena, cuya propiedad se reconoce a don Juan Manuel, pasa
también a jurisdicción de Aragón.
El
acuerdo permite a los pobladores de estas tierras permanecer en ellas o marchar
con todas sus pertenencias y propiedades.
Al mismo
tiempo que se concluye la sentencia arbitral de Torrellas o de Tarazona se
resuelve también la situación de los Infantes de la Cerda, (
El rey
Juan II abandona la causa de Alfonso de la Cerda, que se compromete a devolver
a Fernando IV todos los territorios ocupados a renunciar a todas sus
reivindicaciones a la corona castellana. A cambio, recibe un grueso patrimonio,
disperso por las tierras castellanas que le suponen una renta anual superior a
los 400.000 maravedíes.
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