jueves, 25 de junio de 2026

LA PAZ DE LOS PIRINEOS.

 

Islas de los Faisanes 14 de noviembre de 1659,

La prolongada guerra que vienen librando España y Francia desde hace veinte años ha dejado a ambos contendientes hambrientos de paz.

Las exigencias de Mazarino habían impedido que desde 1648 significase también el fin de las hostilidades franco españolas, y la guerra continuó más tarde por la negativa francesa a devolver sus conquistas y las esperanzas castellanas de poder hacerlo gracias a la rebelión nobiliaria de la Fronda  que por entonces sacudió el reino galo.

Restablecida en Francia la autoridad de Mazarino, la guerra ofrecía ya escasas perspectivas.

La situación se agravó cuando Cromwell, obsesionado con el poder de la católica España, decidió aliarse con Francia.

Las pérdidas del ya debilitado comercio sevillano en América fueron enormes, y el mar del norte quedó cerrado cuando Dunkerque cayó tras la batalla de las Dunas.

Felipe IV y sus consejeros aún se resistían a realizar grandes concesiones territoriales para lograr la paz por deseable que ésta fuera.

La solución vino dada en este caso a través de la reina francesa hermana de Felipe, quien instruyó a Mazarino para que contuviese sus exigencias a cambio del futuro matrimonio entre María Teresa y el rey Luís XIV.

Tras algunos desacuerdos diplomáticos, los plenipotenciarios de ambos reinos, Don Luis de Haro y Mazarino, se reunieron en un pequeño islote del Bidasoa, la Isla de los Faisanes, donde acordaron crear una comisión que estableciese la definitiva frontera de los Pirineos, una vez que España aceptaba renunciar  al Rosellón y parte de la Cerdaña, condados catalanes situados al norte de la cordillera.

Otras concesiones eran la pérdida de Jamaica para Inglaterra y Dunkerque, así como numerosas plazas en el sur de Flandes en Luxemburgo.

Por parte de Francia devolvió el Charoláis y  las plazas de Borgoña, así como algunas otras  localidades en el Ducado de Milán.

La Infanta María Teresa, debía renunciar a la herencia española para evitar las futuras reivindicaciones borbónicas y  a cambio recibiría dote de medio millón de ducados.

Otros acuerdos permitieron  Carlos Estuardo de Inglaterra recuperar su trono, ahora que ambas potencias católicas estaban de acuerdo.

La anexión francesa de los condados privó a Cataluña de una quinta parte de su territorio, aunque la pequeña localidad de Livia quedó finalmente para España como enclave en  territorio francés, la erudición y habilidad del obispo Pere de Marca, uno de los dos comisionados franceses, permitió que su rey sacase de este acuerdo la mejor tajada en la negociaciones que se desarrollaron a todo lo largo de 1-660.            


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