lunes, 1 de junio de 2026

EL EMPERADOR ALFONSO VI , REY DE LEÓN DE CASTILLA. DE GALICIA Y DE NAVARRA

El Emperador Alfonso VI, rey de León, de Castilla, de Galicia y de Navarra, tenía decidida intención de conquistar toda la península, y era bastante poderoso para hacerlo. Sin embargo, no quería realizarlo de pronto. Nada le obligaba a apresurarse, tenía tiempo de esperar. Ante todo reunía dinero, nervio de la guerra y el medio más seguro de lograr el objetivo que se proponía en su ambición. En consecuencia, ponía en prensa a los príncipes musulmanes, y como de una prensa manan la sidra y el vino, de estos reyezuelos estrujados manaba el oro. El más débil de sus tributarios era probablemente Cadir, rey de Toledo. Educado en la molicie del serrallo, era este príncipe el juguete de sus eunucos y la burla de sus vecinos, que lo despojaban a porfía. Sólo Alfonso parecía protegerlo. Así que se dirigió a él cuando ya no pudo contener a sus súbditos, hartos de su tiranía. Alfonso prometió enviarle tropas pero exigió en recompensa una suma enorme. Cadir se la pidió a los principales ciudadanos, a quien había hecho ir a su presencia. Ellos se negaron a dársela “juro exclamó entonces que si no me la dais al momento entrego a vuestros hijos en manos de Alfonso. Antes te echaremos”, le respondieron En efecto los toledanos se entregaron a Motawakkil de Badajoz, y Cadir tuvo que escaparse durante la noche. Entonces imploró de nuevo el socorro de Alfonso “iremos a sitiar Toledo, le dijo el emperador y serás restablecido en tu trono, pero para eso es preciso que me des todo el dinero que has traído de Toledo todavía me hará falta más, en adelante, y me dejarás algunas fortalezas en prenda”, Cadir consintió en todo y comenzaron las hostilidades contra Toledo (1080). Ya habían durado dos años cuando el emperador envió según costumbre, una embajada a Motamid para pedirle el tributo anual. Esta embajada se componía de muchos caballeros pero el encargado de recibir era un judío llamado Benchalib, en esa época los judíos servían por lo común, de intermediarios entre cristianos y musulmanes. Habiendo levantado los embajadores sus tiendas fuer de la ciudad, Motamid mandó algunos de sus grandes entre los que s encontraba el primer ministro Abu Bcr Ibn Zaidún a que llevaran lo que tenía que pagar. Parte de la moneda de la moneda era de baja ley, no habiendo podido reunir Motamid la suficiente, aunque había impuesto a sus súbditos una contribución extraordinaria. Así es que el judío exclamó al verla ¿Me creéis lo bastante tonto como para tomar esta moneda fals. Yo no tomo más que oro puro, y el año que viene necesitaré ciudades. Cuando refirieron estas palabras a Motamid, se encolerizó en gran manera “Que me traigan a ese judío y a sus compañeros,” gritó a sus soldados, y se cumplió la orden y cuando llegaron los embajadores a palacio dijo Motamid, que metan a esos judíos en la cárcel y que se crucifique a ese maldito judío.

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