sábado, 22 de junio de 2024

LA MARCHA EN TRASSIERRA DEL SABADO DÍA 22 DE JUNIO DE 2024

 

DESPLAZAMIENTO A SANTA MARIA DE TRASSIERRA EN EL BUS DE LAS 8,15 H. PARA DESAYUNAR EN EL BAR LLAMADO LA CHIMENEA Y POSTERIOR MARCHA SENDERISTA A TRAVÉS DE LA VIRGENCITA- LOS LLANOS DE GOISA-FUENTE DEL ELEFANTE-CORTIJO DEL CAÑO -CAÑADA DE LA CORREA-VEREDA ELÉCTRICA-CASA DEL CORONEL-Y REGRESO POR SIMILAR ITINERARIO HASTA LLEGAR A LA PLAZA DE SANTA MARIA DE TRASSIERA Y CENTRO DE MAYORES POZO DE LA NIEVE.

SENDERISTAS..-Félix García Carrasco-Aurelio Martínez Navarro-Manuel Borrego Centella-Guillermo Medina Gómez –Antonio Corpas González y Joaquín Sánchez Centella.

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viernes, 21 de junio de 2024

AÑO 1788 UN TRAJE NACIONAL FEMENINO




Apenas fallecido el rey Carlos III, se produce un hecho insólito en nuestro país que ha pasado prácticamente inadvertido, a pesar de la luz singular que arroja  sobre un tema tan importante como es el papel de la mujer en la sociedad. En este caso en la sociedad española de la ilustración. 

Hay que referirse al intento del Ministro Floridablanca de establecer un traje <<nacional>> femenino con carácter obligatorio.

El tema que aparentemente no trasciende del campo de las modas y costumbres, levanta  una vez visto de cerca toda una polvareda de ideas, actitudes e intereses, manejados a nivel de Estado por  el círculo de ilustrados que rodeaban al monarca.



Es curioso que este intento de modificación de la indumentaria  femenina se produzca apenas unos años después del realizado con el masculino, que dio lugar al famoso motín de Esquilache con  las capas.

La motivación en este caso no fue evidentemente, como en el anterior, la seguridad pública, sino la economía. Se pretendía así dar  una nueva orientación a la política de gastos que trataba inútilmente de frenar. Floridablanca, a través de una serie de leyes para frenar el lujo que se había mostrado prácticamente ineficaz. 

Tanto el cambio del vestido masculino en tiempos del ministro Esquilache, como el intento de uniformar el femenino, representan dos ejemplos típicos de una misma actitud de espíritu, característica del despotismo ilustrado, el Estado paternalista, pretendiendo resolver con soluciones simples, aparentemente lógicas, desde sui propia óptica, problemas de gran complejidad, como lo son siempre todos los que alteran los usos y costumbres.

Mucho más complejos aún si cabe, en lo que al vestido atañe, en el caso de la mujer por obvias razones psicológicas y culturales.

El origen de la idea hay que buscarlo en el gran cambio que supuso la llegada de los Borbones y que se traduce en el siglo XVIII en una carrera desenfrenada por copiar el modelo francés, disparándose los gastos suntuarios en términos que llegan a incidir gravemente en la economía española, terminando por constituir una preocupación permanente a nivel de Estado.

El cambio es particularmente notable en el mundo de la mujer. No es un cambio profundo, que transforme radicalmente sus funciones sociales, sino más bien una evolución aparencial, ligada al campo de las formas culturales.



Entre los siglos XVII y el XVIII se experimentó una transformación considerable en la manera de vivir  de las mujeres españolas. Se pasó del recogimiento de la casa y la charla femenina en el estado de las tertulias abiertas, a los bailes y saraos, al paseo por el Prado, e incluso al baño público en el Manzanares.  

En el vestir, la sobriedad característica española del tiempo de los Austrias, por lo que éramos conocidos en toda Europa, se transformó  en la sofisticación y en un deseo constante de resaltar, en cualquier ocasión y circunstancia

Desapareció el <<tontillo>> que en el siglo anterior tapaba los tobillos de las damas y se puso de moda la <<basquiña>> que los mostraba.


Con los tobillos apareció el lujo en las medias y calzado y el escándalo en los pensadores ilustrados y así Don Juan Semper y Guarinos,  decía de ella que <<es una provocación>> ésta indecente moda, mientras tanto imperaba el siguiente criterio popular que decía <<lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos>>

MEJOR CORTEJO QUE MARIDO

Todas las modas que se observan en el siglo XVIII español a excepción del Majismo de tipo popular y nacional provenían de Francia.

Para una dama de la época el máximo lujo se cifraba en tener un peluquero francés  y un <<cortejo>> versión española del <<chevalier servant, para entrar y salir.


Estas novedades requerían una base  económica que tanto el país como los particulares distaban mucho de poseer. Se produjo entonces  y la prensa de la época abundaba en el tema, un movimiento de rechazo por parte  de los jóvenes hacía el matrimonio.

A la vista de tales gastos era más rentable ser <<cortejo>> y pagar tan sólo las fruslerías, abanicos, batas, flores que ser marido y correr con todo.

Esta huida del matrimonio llegó a convertirse para los contemporáneos en un serio problema, pues se les llegó a achacar un descenso de la natalidad en los grandes centros urbanos.

La escalada del lujo, una vez desatada, no se ciñe, naturalmente de una manera exclusiva al continuo cambio del adorno y del vestido, sino que alcanza a todas las manifestaciones suntuarias, casa mobiliario, comida, servicio etc. Cayendo en cascada este afán, en orden regresivo a través de todas las clases sociales.


En 1770, con la prohibición de importar muselinas francesas y la obligación de utilizar las nacionales,  comienza  el estado a promulgar medidas que revelan su preocupación por el tema.  

Paulatinamente estas medidas alcanzan desde la procedencia de los tejidos hasta el número de caballos que pueden llevar las berlinas. 

Muchas de estas medidas como se ve, van dirigidas a a los grupos sociales privilegiados, que eran quienes gravemente perjudicaban al conjunto de la economía.


Siendo  preciso resaltar que, en tanto el   estado dictaba estas leyes, era la propia corona la que promovía afán suntuario, con la creación crítica de los Borbones, con los  artículos tan extraordinarios caros  como fueron los cristales de Nuevo Baztán  y de  La  Granja, las porcelanas del Retiro y los paños de San Fernando de Henares.


Aparece entonces en los ambientes ilustrados y como consecuencia de todo ello, se produce una toma de postura generalizada contra lo que es considerada como un grave defecto nacional, que el país tenía necesariamente que superar.

Las soluciones que se arbitraban rayaban en no pocos casos en la ingenuidad, que posiblemente, sea  una de las características de la ilustración española.

Es frecuente encontrar entre los escritores ilustrados obras dedicadas expresamente a atacar las costumbres y las modas, en especial de las mujeres.

Considerando a éstas como responsables principales de este afán de lujo. incluso las propias ilustradas, se sumaban a ésta crítica. 

De este modo doña Beatriz de Cienfuegos, autora del primer periódico femenino de nuestro país  arremete contra las madamas gastadoras. publicado en Madrid y Cádiz en 1763.

EL PROYECTO DE TRAJE NACIONAL FEMENINO

Se extiende así la idea entre los ilustrados que no deja de ser un particular especie de machismo histórico de que todo lo malo que sucedió a nuestros país en el siglo XVIII debe ser atribuible a la mujeres,.olvidando que también los hombres participaron de este gusto por las modas y costumbres francesas, sin que no se se concebiría figuras como las del <<petimetre>>, el <<currutaco>>, el mueble etc. tan populares.



En este marco histórico se produce el intento de Floridablanca de establecer un traje femenino nacional. Su antecedente remoto hay que buscarlo como queda dicho, en la modificación del traje masculino por Real Orden 1766 en la que el ministro Esquilache, a fin de impedir el anonimato en las calles y sus perniciosas consecuencias sobre la seguridad pública, favorecido por el uso de la capa larga y el chambergo, obligó a recortar la primera y a sustituir el segundo por el sombrero de TRES PICOS

Exceptuando tan sólo de esta prohibición a los arrieros, trajineros y aquellos que no pararan en la Corte, pero si se detuvieran más de tres días, tendrían que llevar sombrero de tres picos.

De todos son conocidas las violentas consecuencias que se derivaron de estas medidas. El antecedente inmediato es, sin duda, la ley promulgada por Cristian VII de Dinamarca, cinco años antes, en enero de 1783, restringiendo el uso de los géneros extranjeros en su país, en cuya doctrina se inspira el proyecto español. 

Este fue publicado  en Madrid, el 15 de febrero de 1788 en forma de un pequeño en 12º, con el título de Discurso Político     económico sobre el lujo de las Señoras y proyecto de un traje nacional.

El librillo tarda aún unos meses en salir a la calle y en junio del mismo año la Gaceta de Madrid comienza ya a anunciar su venta y el Memorial Literario publica un extracto comentario de su contenido.

El proyecto es anónimo  y figura redactado por una dama de la Corte, que eleva su idea a la consideración del Conde de Floridablanca, primer secretario de Estado.

En su estudio preliminar la dama en cuestión se revela como una magnífica economista, al calcular con precisión los costes sociales del lujo de las mujeres y así después de examinar de pasada  la legislación comparada europea en materia de leyes suntuarias, nos informa de que el valor de las exportaciones francesas en el capítulo de adornos y modas asciende a ciento y cincuenta millones y medio de mujeres que arroja por entonces el censo de población de nuestro país, gastaría una con otra cada día un tan solo ochavo en comprar géneros extranjeros de lujo con que se visten, calcula en dieciocho millones de reale de vellón las pérdidas que sufre anualmente el erario nacional por este concepto tan sólo en Europa..

LA RESPUESTA DE LA JUNTA DE DAMAS DE HONOR Y MÉRITO

Invocaba  Floridablanca, al enviar el proyecto, la participación de la Junta de Damas en su desarrollo y, para estimularlas, anunciaba la posibilidad de convocar un premio de mil reales de vellón a quien presentase el mejor modelo de traje, compuesto con géneros del país... que aúne la honestidad y decencia con la gracia y agilidad de nuestra nación. Para la obtención había de presentarse una muñeca vestida,  acompañada de una <<Memoria>> explicativa de las ventajas partes y preposiciones del traje.

Ante la proposición de Floridablanca la  Junta de Damas se reunió como solía hacerlo para todas sus actividades y tomó postura. La condesa de Montijo quedó encargada de tramitar la respuesta. Esta fue totalmente negativa.

 


En respuesta comienza su carta la condesa de Montijo, diciendo claramente: La Junta ha creído que, iría contra los nobles fines que V.E. se propone en orden al mayor bien del Estado,  si se le ocultase lo que realmente piensa de este nuevo proyecto y los inconvenientes que cree tendría su ejecución y me ordena que yo lo haga presente. Y analiza, a continuación, cómo sería recibido por las mujeres.

Chocaría, ante todo, contra el deseo del sexo femenino de sobresalir y distinguirse. Las damas de clases elevadas no aceptarían vestir  de manera parecida a las otras damas, por muchos galones que se pusieran en los brazos y serán las principales opositoras.

Llevarían a muy mal todo lo que en público se dirija a deprimir la superioridad que se figuren o que efectivamente tengan.

La distinción de las clases por señales exteriores del traje , mediante galones y divisas, parece  extremadamente difícil o casi impracticable, será muy odiosa y de arriesgadas consecuencias que deben premeditarse mucho. Existe para ellas, tanto en las mujeres, un deseo de innato para diferenciarse de los demás.

MEJOR EDUCAR QUE CONTROLAR

 


Esta firme respuesta de las damas dio al traste con el plan de Floridablanca de unificar a todas las españolas. La historia acaba aquí y lo importante de ella reside en la confrontación de éstas dos maneras tan radicalmente opuestas de enfrentarse con un mismo problema, dos instancias ilustradas del siglo: un ministro de Estado, empujado por su camarilla, y una Junta de damas, apoyadas tan solo en las luces de su sentido común. Para las damas la solución de los problemas nacionales - el del lujo, como cualquier otro, no podía venir más que de la educación de la mujer y de su participación en la sociedad de forma que le permitiera tener vida propia y no sólo dedicada al adorno personal. Para los varones ilustrados la solución radicaba en controlar el desenfreno del lujo en la mujer, imponiéndolas una serie de medidas arbitrarias y ridículas en manifiesta contradicción con el papel de ellos mismos las habían asignado previamente. Es una vez más la pescadilla que se muerde la cola.

 

En una sociedad masculina, en que la mujer no era más que un objeto erótico y de adorno, está por fuerza obligada a <<aparentar>> para no ser rechazada. Estos mismos hombres, que las criticaban y trataban de frenar sus gastos. eran los que las exigían bellas y presentables 

Art. de .Paloma Fernández Quintanilla.

                                                                            


     

       

 



  


 


 




 

martes, 18 de junio de 2024

HUMANISTAS Y MËDICOS EN LA EDAD MEDIA AVANZADA

 

INTERCAMBIO CULTURAL ENTRE LOS PAÍSES BAJOS Y ESPAÑA

                            EN LA EDAD MEDIA

         HUMANISTAS Y MÉDICOS POR SIMÓN A. VOSTERS

 


Desiderius Erasmus Van Rotterdam, fue un filósofo humanista cristiano que la historia lo ha considerado como uno de los grandes filólogos más importantes del Renacimiento, ya en época de Felipe II y sus descendientes,  sus escritos fueron prohibidos pero pese a sus múltiples ataques contra su persona y su obra, siguió prevaleciendo su influencia.

Lope de Vega, por ejemplo aunque le ofende en tres ocasiones, cita sus apotegmas, y en su correspondencia con el Duque de Sessa, no destinada a la publicación, se apiada de las víctimas inquisitoriales y censura a los jesuitas.

Gracias a López de Hoyos, el erasmismo cala también en Cervantes y se percibe su influjo en todos sus escritos, particularmente en el Quijote.

                                                     


El erasmismo atraía especialmente a los judaizantes y conversos, uno de ellos fue  Juan Luis Vives,  que  pasó la mayor parte de  su corta existencia fuera de España, sin ganas de volver a su Valencia natal,  donde la Inquisición  habían matado a su padre y quemado el cadáver de su madre.


Vivía en la colonia valenciana de Brujas (Bélgica), daba  clases privadas a universitarios de Lovaina donde conoció a Erasmo y abrazó su manera de entender el cristianismo. Con él y  con Budeo de París, formó Vives el triunvirato del humanismo internacional en tiempos de Carlos V.

Casi todos sus libros se escribieron y publicaron originariamente en Flandes lugar al que quería y a su vez denostaba, como si de su verdadera patria se tratara. Su eco en la cultura neerlandesa, sobre todo en terreno pedagógico ha sido considerable, aunque no tan profundo  como el Erasmismo español.

Muchos humanistas flamencos acudieron a la Península a estudiar y a enseñar. Uno de los más  curiosos es Nicolás Cornado, profesor de griego y hebreo en el colegio de Lovaina.(Bélgica). Vino a España para aprender árabe y tratar de convertir a los moros al cristianismo pero sus propósitos despertaron recelos en Granada y Marruecos, aunque también causaba admiración por su dominio del idioma.

Conocido es su libro que contiene las epístolas que se leen o se cantan en las misas, en ellas se recuerda a los cristianos a la pacífica cruzada contra el  Islán y donde refiere en su descripción recordando  los  pasajes del Quijote y la absoluta falta de confort de las Ventas (fondas) antiguas  castellanas de entonces. 

Cienardo se carteaba con Juan Vaseo,  de Brujas, antiguo alumno suyo en  Lovaina, que trabajó en la Biblioteca colombina de Sevilla y luego enseñó griego y retórica en Salamanca..

En su crónica de las casos memorables de España fue de los primeros en analizar científicamente la historia medieval, en ella elegía Vaseo los escritos del médico de las hermanas de Carlos V y del filólogo, Serapio Becano..

 Otro  humanista flamenco que trabajó en España fue Andrés Vesalio de Bruselas, anatomista y cirujano médico de Carlos V y Felipe II y autor del libro llamado la FÁBRICA DEL CUERPO HUMANO, siendo la primera anatomía de la Era Moderna. Sus grabados muestran los órganos tal como son y Vesalio prueba que las descripciones  médicas se basaban en la disección del mono y no del hombre.

En la Universidad de Padua fueron discípulos suyos los valencianos Pedro Gimeno y Luis Collado que habían seguido con él las clases de Sylvius de Amiens en la Sorbona.


Cielo defendió a Vesalio de los ataques personales de su antiguo profesor y trató de incorporar a su enseñanza los métodos experimentales de Vesalio, anteponiendo la observación al principio de autoridad y criticando el tratado de Galeno sobre los huesos con argumentos sacados del libro llamado  la Fábrica, texto del que también era  el Atlas anatómico inédito (1680) de Crisóstomo Martínez, médico y dibujante valenciano que estudió el interior de los huesos, valiéndose del microscopio del holandés Anthony Van Leeuwenhoek y de correcciones de esta invención  hechas por descubridores  posteriores..

Una de las grandes obsesiones del fundador de la medicina moderna fue la farmacia bien dosificada  y aplicada. El médico segoviano Andrés Laguna, autor del escrito erasmista Viaje de Turquía, atribuido  durante mucho tiempo a Villalón, pasó varios años en Amberes, donde estudió una espléndida edición del  Dioscórides, libro botánico y farmacéutico.


Artistas como Velázquez según nos cuenta Pacheco, se sirvieron del libro llamado la Fábrica y los escritores españoles de la época admiraron no solo la teoría, si no la práctica de la medicina flamenca; Dionisio Daza Chacón, que escribió con Vesalio una práctica y teórica de cirugía, sanó a un enfermo flamenco en Bruselas, y el famoso autor natural  de Murcia y diplomático Diego Saavedra Fajardo, fue curado en la misma Corte por el médico de la Archiduquesa J.J. Chillet, autor de la  Reivindicación de España

Mucha simpatía por España  y contactos con intelectuales del país se  registran en la vida de Enrique Cock, lo que parece desmentir la opinión sustentada por la gran mayoría de escritores españoles de entonces de que los holandeses eran enemigos de Dios y del Rey. 

Su ida a España no fue voluntaria, sino forzosa, tal como el mismo apunta al considerarse persona que trabajaba por la vida,  vive lejos de su dulce Patria, su ciudad natal había caído en 1572 en poder de los mendigos (Gueux), que apresaron a veintiún religiosos y sacerdotes, martirizaron a diecinueve de ellos, canonizados; su fiesta, el 9 de julio.

Dos años después Cock llegaba a España. vía Roma y ya no retomaría a su patria. En España desempeñó diversos oficios, entre ellos el de agente de una librería flamenca en Salamanca, pero la mayor parte del tiempo fue archivero y miembro de la guardia de Felipe II.

Acompañó al monarca en numerosos desplazamientos realizados a Zaragoza, Barcelona y Valencia en 1585 y a Tarazona en 1592, ambos viajes fueron minuciosamente relatados por él, en idioma español, lengua que dominaba a la perfección, aunque solía escribir en latín.





Para la magna obra ilustrada del alemán Braun sobre las ciudades del mundo, hizo la descripción de Osuna y Marchena con grabados de Hoelnagle, un artista de Amberes que también viajó en la Península, pero lo que le dio más fama a Cock fue su Ursaria silve Mantua Carpetana, una descripción en versos heroicos de Madrid, la primera que se hacía de la capital, tan precisa que corrige datos proporcionados por autores nativos y donde se menciona la presencia cultural de Flandes,  en el Alcázar madrileño: tapices, pinturas y sobre todo la capilla Flamenca de Carlos V,  se contrataba  a los mejores cantantes de los Paises Bajos de la que fueron directores Nicolás Gombert, Felipe Roger,  Cock había en su epistolario  latino de sus contactos con Fray Luis de León , el Brocense Francisco de Salinas, el célebre músico ciego y Cristóbal  Calvete y Estrella, poeta latino, autor del viaje de Felipe II por  los Paises Bajos, de 1549. 

También conoció al caballero de Amberes Jean Lhermite, archivero como él  pero con más suerte, porque gozó del favor de Felipe II después de una demostración de patinaje, arte desconocido en la España de entonces; llegó a ser ayo del futuro rey Felipe II y regresó a Flandes en 1602 colmado de honores .


Figuran, asimismo, en el Epistolario de Cock, sus cartas con el jesuita de Amberes Andrés Schott  y con Pieter Pantyn, de Tiell catedráticos de griego  en Toledo y Zaragoza, donde fueron sus alumnos los hermanos Leonardo de Argensola, poetas y humanistas que siempre se vanagloriaran de haber tenido como profesores  a estos dos amigos de Justo Lipsio con el que sostenían  correspondencia en latín. Pantyn colaboró además, en la colección de concilios españoles,  de García de  Loaisa 

Justo Lipsio se carteaba con numerosos humanistas hispanos. El catedrático de Lovaina nacido ceca de Bruselas, procuraba llenar así el vacío dejado en España por la prohibición de Erasmo, cuyas obras podían exhibirse en público. Cuando Lipsio tornó al seno de la iglesia ya no fue peligroso adherirse a sus ideas, a su estoicismo cristiano y a su simpatía por el gran filosofo cordobés Séneca. Lipsio fue en vida, el humanista neerlandés más conocido en España y, a su muerte, el segundo tras Erasmo. 

Célebre es su correspondencia con Quevedo, a quien llama en griego  la joya de los iberos. Este ya por entonces crítico de la mentalidad de sus compañeros patriotas, le escribe: vosotros sois presas de la guerra; nosotros del ocio y de la ignorancia.

También se carteaba con el autor del Buscón con J.J. Cifflet, capellán y secretario de la gobernadora  de los Paises Bajos, por medio de Chifflet, Quevedo conoció y trató a Lucas Torio gentilhombre flamenco discípulo digno del gran Erycio Puteano, como me llama Tamayo de Vargas, amigo de Lope de Vega, 

Torio permaneció bastante tiempo en Madrid, donde en 1628 conectó con Rubens  para que se le diese un volumen de inscripciones africanas. Es posible que éste Torio le ayudase a conseguir una antigualla de valor incalculable, un casco romano intacto, pero no lo es tanto que Rubens conociese a Quevedo, al hallarse desterrado en  la Torre de San Abad, desde donde escribió a Torio  el 12 de septiembre de 1628, una carta llena de aquella sabiduría estoica que tanto complacía a Justo Lipsio, alumno de éste fue Felipe Rubens, el mal logrado hermano de Pedro Pablo que  admiraba a Quevedo


Sirva de consuelo el hecho  de que pese al odio levantado por las sangrientas guerras de Flandes, los humanistas españoles y neerlandeses mantuvieron sólidos lazos de amistad.

                                INTERNACIONALISTAS

Uno de los problemas más urgentes en la época de las guerras de Religión  era reglamentar las relaciones internacionales. El holandés Hugo Grocio intentó fijar el derecho de la guerra y de la paz. 

No fue el primero en ocuparse del tema, pero al ser su obra  De Iure belli ac pacis, la más completa y mejor documentada  y compuesta, se le considera fundador del Derecho internacional. Basado éste no sólo en autoridades eclesiásticas  y seglares sino ante todo el Derecho Natural, tiene sus antecesores en España, donde internacionalistas como francisco de Viloria, Domingo de Soto y Francisco Suárez, extrajeron de la revelación y la razón reglas aplicables al comportamiento  de los Estados. Así al comentar el descubrimiento de América reconocía los derechos de los bárbaros y protestativas por las crueldades de los conquistadores  .

Esta preocupación cristiana por los derechos romanos, plasmada en un asunto concreto y urgente, llegó en parte por conducto de Flandes. Vitoria fue Erasmista y en París, alumno del bruselense Crackeen, quien dentro del espíritu de Santo Tomás, procuró ocuparse de cosas prácticas sin perderse en las agudezas del decadente escolasticismo. Antes de volver a Espala. Domingo de Soto oyó en Paris las clases de Vitoria sobre Aquinas, siendo uno de los primeros en convertirse a la causa tomista.

El  Consejo de Indias censuró el tratado sobre el mal libre y contradecir la tesis del Mare Clusum, que consideraba al conjunto de los mares que unían territorios españoles como regalo papal a los fieles servidores de los Reyes Católicos y de la fe.

Cabe tachar de  hipócrita, a su vez, la indignación holandesa ante el bárbaro trato de los españoles a los pechelingues, ya que el colonialismo holandés en las Indias orientales abundó el comercio y el sistema de cultivos obligatorios y en las aguas africanas  (trata de esclavos), no se compaginaba con el principio de la libertad marítima  y de los derechos humanos. 


Pero en ambos Paises la diferencia entre política y cultura, se manifiesta en el contraste de halagüeñas teorías con prácticas repugnantes, Juan de Solórzano y Pereira defendieron  las tesis antigracianas de Mare Clusum y en su política indiana llama a Grocio el anónimo, quizás por no figurar su nombre en la edición príncipe de Mare Iberum, más si en ediciones posteriores que Solórzano debió consultar, como la de Lyon de 1633 que tenía en su biblioteca don Vicencio Juan de Lastamos, el mecenas de Baltasar Gracián

                            TEÓLOGOS E IMPRESORES.


 A partir de la Baja Edad Media, los benedictinos de Montserrat traducen y editan los  textos de la Devoción Moderna, movimiento neerlandés de renovación espiritual que influye en el humanismo de Erasmo- alumno de los Hermanos de la Vida Común  y en el misticismo de Ignacio de Loyola  y Teresa de Ávila, que prescriben a los miembros de su Orden el escrito más conocido de la Devoción Moderna.


 La Imitación de Cristo de Tomás Kempis . por este movimiento laicista y en las traducciones latinas de Herpio, llegaron también a España los textos de Jan Van Ruusbroec, místico  brabanzón del siglo XIV que influyó poderosamente en San Juan de la Cruz y  en Fray Juan de los Ángeles, pese a las insinuaciones  del panteísmo y herejía levantadas por la Inquisición contra los místicos  flamencos.


Ya en el reinado de Felipe II, era sospechosa toda mercancía espiritual venida de Flandes y el severo monarca prohibió estudiar en Lovaina a los españoles. Así se cerró una época de fructífero intercambio hispano flamenco en la Atenas Brabanzona. 

Allí  se formaron humanistas como Martin Cordero. que llegó a obispo de Valencia  y el secretario y criado del Rey, traductor de Plutarco y Tucídides, Diego Gracián de Alderete, llamado García antes de visitar Lovaina donde latinizó su apellido, siempre recordó a Grudia con afecto igual que a Cordero. 

En 1542, es decir dos años después de su aprobación eclesiástica, siendo los  primeros jesuitas españoles llegaron a Lovaina y reclutaron universitarios flamencos para la Contrarreforma. 


Alumnos de esa Universidad.desde donde desvió el peregrinaje a Roma, fue el célebre biógrafo de San Ignacio, Pedro de Rivadeneira, quien cuenta que siendo Loyola  estudiante de París, marchó a Brujas durante las vacaciones a pedir limosna a los ricos mercaderes hispanos teniendo entonces la oportunidad de conocer a Vives cuyos escritos pedagógicos admiraba.            


Convertida Amberes en centro mundial de la impresión, de la casa Plantino allí radicada, salió la Biblia Políglota de Benito Arias Montano, el afamado hebraísta español de origen judío. Este frecuentó la tertulia de Plantino, en la que intervenía el filósofo Justo Lipsio, los hebraístas Masío y Rafalingio, el geógrafo Otilio, autor del espléndido Atlas llamado  Teatro del Orbe de la Tierra; el botánico Clusio y muchos otros que editaron sus obras en el <<Arch Tipógrafo del Rey>>, encargado de vigilar contra su voluntad, las restantes imprentas de Flandes en materia sobre todo del índice de Libros Prohibidos.

Parece que Arias Montano simpatizaba con esta  ligera libertad religiosa, aunque siguiera contando con la confianza regia hasta el punto de obtener, por sus gestiones, la dimisión del Duque de Alba como gobernador de los Países Bajos.  

Ya en España en el Escorial y en las mismas barbas del desconfiado Felipe II, Arias habría convertido a las ideas de la Familia de la Caridad a Fray José de Sigüenza, autor de la Historia de la Orden de San Jerónimo en tres tomos, siendo hombre perseguido algún tiempo por la Inquisición, y a Pedro de Valencia en Sevilla.



También influyó Arias en Fray Luis de León, al que inició en la traducción directa del hebreo del Cantar de los Cantares cuando eran estudiantes.     

Por esto la inquisición acusó a Fray Luis quien, desde los calabozos del Santo Oficio pidió dos libros del franciscano Frans Titelmans lector de la Sagrada Escritura  en Lovaina, ortodoxo, erasmista  y con un hermano inquisidor.

Uno de los comentarios al Cántico de Salomón y el otro llamado la Elucidación parafrástica del Libro de Job, que usó para escribir su Exposición del mismo libro de la Biblia, compendio de paciencia ante las adversidades que el propio Luis intentaba aplicarse.

Su método científico sin embargo difiere notablemente del seguido por Titelmans, se basa en la exégesis y el conocimiento de los idiomas bíblicos, mientras el del franciscano limburgués se apoya en el antiguo método prefigurativo, reacio a censurar la Vulgata. De todas formas, los teólogos flamencos leídos en España por literatos como Lope y Quevedo entre otros, solían ser más avanzados que Titelmans, siendo tan alto el nivel de la teología hispana, que un libro de Suárez fue adoptado por el holandés Revius para uso de teólogos  calvinistas por considerarlo indispensable.

Obras teológicas de autores españoles escritas en lengua vernácula o en latín, fueron utilizadas e impresas en lo Países Bajos  donde había editoriales, como Martín Nucio, Steiso, Velpio y Belero, especializadas en sacar libros para el mercado hispano.

La excelente calidad de las imprentas neerlandesas motivó a los eruditos como Andrés Laguna y Martín Cordero para que fueran a a Flandes a editar sus libros. De ahí también salieron textos heterodoxos que entraron clandestinamente en los puertos españoles, donde siempre había protestantes y alumbrados, como sabemos por los procesos inquisitoriales.

Uno de los luteranos más famosos fue el burgalés Francisco de Enzinas, que tuvo la audacia de ofrecer a Carlos V un ejemplar de la traducción del Nuevo Testamento, impreso en Amberes, sin privilegio. El monarca lo aceptó pero después encarceló en Bruselas a su  autor, quien en venganza, escribió sobre el triste estado de la libertad religiosa en los Países Bajos.

                             

                                CARMELITAS DESCALZOS                                          


        

Sería incompleto éste trabajo al  no mencionar a los Carmelitas Descalzos. El reinado de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, llegó a crear un clima favorable para la fundación de conventos reformados por particulares y entusiastas y así en 1607, la venerable Ana de Jesús, continuadora de la obra de Santa Teresa, fundó el de  Bruselas, donde murió en 1621. 


Se debe  a esta descalza, no solo que Fray Luis, escribiera los Comentarios del libro de Job, sino la edición príncipe en Bruselas, del libro de las Fundaciones de Santa Teresa y la primera edición en lengua original de la Declaración del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, que también fue miembro del Carmelo descalzo de Fray Jerónimo de Gracián, hijo del ya citado humanista, Gracián de Alderete. que  editó en Bruselas los Conceptos del Amor de Dios, de la Madre Teresa, fue confesor de los archiduques, 

Publicó en Bruselas varios libros escritos en español donde demuestra conocer bien el sectarismo protestante y el ateísmo en Holanda, cosa rara, pues los españoles de entonces insinuaban que todos los holandeses eran luteranos. 

Cabe suponer que Gracián dispuso de información de primera mano , quizá de católicos holandeses refugiados. La presencia en Flandes de religiosos españoles  propició a editar obras en castellano y otras traducidas, llegando a impulsar el florecimiento espiritual del norte de Europa.

Una dama noble, doña Luisa de Carvajal y Mendoza procuraba sacar de la cárcel de Londres a católicos ingleses y les ayudaba a escapar. respaldando su obra los  jesuitas flamencos y religiosos españolas de Flandes, con quienes mantenía correspondencia. 

De niña, Doña Luisa se educó con Isabel Clara Eugenia, la hija predilecta  de Felipe II que, al casarse con con don Alberto de Austria, fue gobernadora de los Paises Bajos. 

Por encargo de doña Isabel, pintó Rubens una Asunción para la iglesia de las Carmelitas Descalzas de Bruselas y otros cuadros de temas teresianos y para el Carmelo Descalzo de Amberes, y otro inspirado en el Libro de las Fundaciones. 

El único retrato auténtico de la Santa, es el de Fray Juan de la Miseria, quizá conoció a Rubens a través del excelente grabado de Jerónimo Wierix de Amberes publicado en el Compendio de las fiestas de Santa Teresa, o por la copia hecha por otro flamenco, Adrianes Boon,        .



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