Burgos, 1577.-El sínodo diocesano burgalés prohíbe que se le dé la primera tonsura a quien no sepa los rudimentos de la doctrina cristiana, Se pretende así frenar la incorporación al clero de los que busquen favorecerse de sus beneficios, aún sin saber leer, o escribir, o desconociendo la doctrina de la iglesia.
El clero
español del siglo XVI (100.000 personas) absorbe a gente procedente de todos
los estratos sociales. Los segundones de poderosas familias se juntan con
simples hidalgos y con hijos de artesanos y campesinos.
La
jerarquía social que impera fuera de la iglesia se refleja también dentro de
ella quedando reservados los puestos más relevantes para los personajes
procedentes, casi exclusivamente, de la nobleza. Junto a los perjuicios
sociales, la principal causa de esta situación, se arguye también otro motivo.
Hasta
algunos años después del Concilio de Trento no se inicia la creación de
seminarios, y a pesar de estos hay un gran número de eclesiásticos que carecen
de una cultura básica.
La
iglesia constituye, para todo el mundo, una gran atracción. A mediados de siglo
las rentas del clero ascienden a cinco millones de ducados, la mitad del total
del reino.
A pesar
de las graves diferencias entre el clero alto y el bajo, que en muchas
ocasiones pasa por verdaderos apuros para poder vivir, en el último tercio del
siglo muchas gentes buscan el hábito eclesiástico para asegurarse el sustento,
ante la crisis económica que asola el país.
Según un
municipio toledano hay doblados religiosos, clérigos y estudiantes, porque ya
no hallan otro modo de vivir, ni d poder sustentarse.

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