Sevilla
1579.-La cárcel de esta ciudad alberga en estos momentos unas 1.300 personas,
lo que sitúa a Sevilla entre las ciudades españolas con un número mayor de
delincuentes.
El hampa
sevillana presenta dos grupos bien diferenciados, Vagabundos y mendigos, por un
lado y criminales profesionales, por otro.
Los
primeros que deambulan por la ciudad y sus campos circundantes, se dedican a
mendigar y robar, alternativamente, pueden ser peligrosos o no, y se dividen en
diversos rangos según su experiencia en la mendicidad y el robo.
Los más
comunes son los mendigos simuladores, que pretendiendo ser cojos, ciegos, mudos,
locos o mancos, recorren las calles tratando de enternecer las almas cristianas.
En 1597,
el conde de Puñorostro decide reducir el número de mendigos sevillanos y ordena
que se presenten el 29 de abril en el Hospital de la Sangre.
Según las
crónicas aparecen unos dos mil hombres y mujeres.
Los
criminales profesionales, por su parte, son en Sevilla más numerosos que en
ninguna otra ciudad española.
Rufianes
o matones malhechores y asesinos a sueldo también dedican sus actividades a la
alcahuetería.
El hampa
es, sin embargo ladrona. Hay cortabolsas, duendes y grumetes, capeadores o
mayordomos que roban comida, devotos,
que despojan las imágenes; murcios, birladores y floreros o ladrones,
hurtadores y fulleros. También hay avispones y ondeadores, que avisan donde se
puede trabajar; polinches que introducen a los ladrones como buenos criados en
las casas previamente elegidas de sus víctimas, se les llama pulidores, que
venden lo robado, y arrendadores que compran a escaso precio los objetos mal
habidos.
Todos estos
maleantes y muchos más, se articulan en Sevilla a través de una hermandad
propia, a imitación del gremio de mercaderes sevillanos, y que siguiendo los
módulos de los gremios medievales, tienen aprendices y maestros, así como
reglas y registros.
Rinconete y Cortadillo
La cárcel
no constituye para ellos ningún lugar temible, callan sobre sus cómplices aún
bajo la ordenanza de la muerte y si han de pasar tiempo encerrados pueden
disfrutar de una vida relajada, ya que no les falta de nada, siempre que
cuenten con el dinero necesario

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