lunes, 16 de marzo de 2026

SEVILLA SIGLO XVI CAPITAL DE LA PICARESCA

 


Sevilla 1579.-La cárcel de esta ciudad alberga en estos momentos unas 1.300 personas, lo que sitúa a Sevilla entre las ciudades españolas con un número mayor de delincuentes.

El hampa sevillana presenta dos grupos bien diferenciados, Vagabundos y mendigos, por un lado y criminales profesionales, por otro.

Los primeros que deambulan por la ciudad y sus campos circundantes, se dedican a mendigar y robar, alternativamente, pueden ser peligrosos o no, y se dividen en diversos rangos según su experiencia en la mendicidad y el robo.

Los más comunes son los mendigos simuladores, que pretendiendo ser cojos, ciegos, mudos, locos o mancos, recorren las calles tratando de enternecer las almas cristianas.

En 1597, el conde de Puñorostro decide reducir el número de mendigos sevillanos y ordena que se presenten el 29 de abril en el Hospital de la Sangre.

Según las crónicas aparecen unos dos mil hombres y mujeres.

Los criminales profesionales, por su parte, son en Sevilla más numerosos que en ninguna otra ciudad española.

Rufianes o matones malhechores y asesinos a sueldo también dedican sus actividades a la alcahuetería.

El hampa es, sin embargo ladrona. Hay cortabolsas, duendes y grumetes, capeadores o mayordomos  que roban comida, devotos, que despojan las imágenes; murcios, birladores y floreros o ladrones, hurtadores y fulleros. También hay avispones y ondeadores, que avisan donde se puede trabajar; polinches que introducen a los ladrones como buenos criados en las casas previamente elegidas de sus víctimas, se les llama pulidores, que venden lo robado, y arrendadores que compran a escaso precio los objetos mal habidos.

Todos estos maleantes y muchos más, se articulan en Sevilla a través de una hermandad propia, a imitación del gremio de mercaderes sevillanos, y que siguiendo los módulos de los gremios medievales, tienen aprendices y maestros, así como reglas y registros.

Rinconete y Cortadillo

La cárcel no constituye para ellos ningún lugar temible, callan sobre sus cómplices aún bajo la ordenanza de la muerte y si han de pasar tiempo encerrados pueden disfrutar de una vida relajada, ya que no les falta de nada, siempre que cuenten con el dinero necesario 



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