Madrid,
27 de enero de 1.612. El rey Felipe III dicta una ordenanza que permite la
construcción de Plazas de Toros cerradas, a semejanza de la plaza de Madrid.
Hasta
ahora, las corridas de toros se hacían en campo abierto o en cosos
provisionales, la mayoría de las veces formados por carros, con el consiguiente
peligro para los asistentes.
Pio V y Sixto V decretan la excomunión para los que asistan a corridas de toros mientras que el Papa Gregorio XIII reduce esta sólo a los caballeros.
Los Austrias, muy aficionados a la fiesta, convierten las corridas de toros en un entretenimiento de nobles, a pesar de la Iglesia.
Pio V y Sixto V decretan la excomunión para los que asistan a corridas de toros, mientras que el Papa Gregorio XIII reduce esta sólo a los caballeros.
Finalmente
el papa Clemente VIII, levanta la prohibición, si se celebran las corridas de toros en
días de fiestas religiosas.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario