viernes, 8 de mayo de 2026

CORPUS DE SANGRE EN LA CIUDAD DE BARCELONA

 

                   

Barcelona, 7 de junio de 1640. Estalla una revuelta de segadores en Cataluña. La crítica situación del erario público, a causa de los enormes gastos derivados de la involucración de España en la guerra de los treinta años y que lleva a la bancarrota de 1627, es uno de los factores que desencadena una serie de medidas con diferente repercusión en los países de la Corona de Aragón.

Hasta entonces ésta ha logrado librarse de la presión fiscal y de enviar hombres a los diversos frentes de batalla, evitando así ser arrastrada por la crisis castellana.

Los problemas surgen cuando el conde Duque de Olivares considera que todos los reinos deben contribuir más activamente en su aventura imperial. Sus reiterados intentos de establecer nuevos impuestos chocan con la resistencia obstinada de la sociedad catalana, cuyos distintos sectores se unen olvidando antiguos enfrentamientos.

En 1620-1626 este problema deja de ser de la Corona de Aragón para pasar a afectar únicamente a Cataluña, ya que los demás reinos se declaran oficialmente  contrarios a la posición catalana.

El conflicto degenera en una guerra inmersa en un conflicto internacional Desde 1614 los lugartenientes generales intentan reactivar la recaudación de los impuestos reales, hasta entonces más teórica que real.

En 1620, se extiende exigir también un impuesto el quinto a Barcelona retroactivo desde 1599 que alcanza las 300.000  mil libras y la ciudad se opone por todos los medios y el tema se replantea en las cortes de los años 1626 y 1634.

Este último año, se exige que oficiales reales revisen las cuentas de la ciudad, cosa que va en contra los fueros catalanes, y el lugarteniente general duque de Cardona, ordena el arresto de cuatro miembros del Consejo de Ciento, el juicio del Presidente del Consejo en 1635.

Estas medidas radicalizan las posturas de los consejeros que han intentado evitar la ruptura de relaciones y ganarse el favor de Felipe IV con donativos.

Por otra parte en la Cortes de 1626 se plantea la ilegal exigencia del conde duque Olivares de que la Corona de Aragón contribuya con hombres para formar la Unión de Armas.

Todos los reinos ceden, en parte, salva Cataluña, que debe contribuir con 16.000 hombres. En este tema y el de los impuestos hacen fracasar las cortes de 1626 y 1634 y el rey parte sin clausurarlas,

Desde 1626 se impone la presencia de soldados en el Principado, para frenar los abusos y las exigencias de alojamiento de los soldados, se definen las obligaciones a que están sujetos los catalanes, en 1630, pero eso no evita los atropellos.

La situación empeora tras la declaración de guerra a Francia en 1635, ya que aumenta a unos 15.000 soldados instalados en Cataluña. Cardona proclama entonces una leva general, lo que provoca disturbios entre los braceros (segadores).

En 1639 los franceses ponen sitio a las fortalezas de Salses y Opol, y las autoridades reclutan a unos 13.000 catalanes.

Convertido en una plaza de armas, la larga presencia de tropas y la presión fiscal crea en el Principado un sentimiento general contra la Corona. La Generalidad radicaliza su posición frente a las autoridades reales. Las elecciones de 1638 la ponen en manos de Pau Claris, Jaume Ferran y Frances Tamarit, conocidos por sus posturas inconformistas.

El intento del nuevo lugarteniente, conde de Santa Coloma, de apropiarse de los ingresos de Generalitat y el encarcelamiento de Tamarit y dos miembros del Consejo de Ciento hace aumentar enormemente la tensión.


Además entre los campesinos, obligados a alojar a los soldados, y los artesanos, que junto con los anteriores llevan el peso de los impuestos, reina un profundo descontento que constituye un fenómeno esencial de la revuelta.

En mayo de 1640 estalla un alzamiento de los tercios reales y el alojamiento obligatorio. El obispo de Gerona excomulga a los tercios, responsables del incendio y saqueo de la iglesia de Riudarenes, dando a la lucha un cierto sentido de guerra santa.

Un ejército entre 4 y 5 mil campesinos ataca a los tercios y, el 22-5-1640, un grupo de ellos entra en Barcelona, gritando contra Santa Coloma.

Tras liberar a Tamarit y otros presos, las autoridades logran expulsarlos de la ciudad. Los disturbios prosiguen atacando los campesinos a los traidores que alojan a soldados. Tal como era costumbre, el 7 de junio, 7 de junio día del Corpus Christi, entra en Barcelona un grupo numeroso de braceros en busca de trabajo.

Una pelea entre un bracero y un alguacil, que acaba con la muerte del primero, desata la ira de sus compañeros, que se lanzan por las calles gritando muera el mal gobierno Viva la tierra, Mueran los traidores, Una serie de incidentes más o menos fortuitos que culmina con la persecución de los miembros de la Audiencia Real y la muerte de Santa Coloma, cuando intentaba huir, en la playa, a los pies de Montjuic.  




























 

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