Barcelona,
7 de junio de 1640. Estalla una revuelta de segadores en Cataluña. La crítica
situación del erario público, a causa de los enormes gastos derivados de la
involucración de España en la guerra de los treinta años y que lleva a la
bancarrota de 1627, es uno de los factores que desencadena una serie de medidas
con diferente repercusión en los países de la Corona de Aragón.
Hasta
entonces ésta ha logrado librarse de la presión fiscal y de enviar hombres a
los diversos frentes de batalla, evitando así ser arrastrada por la crisis
castellana.
Los
problemas surgen cuando el conde Duque de Olivares considera que todos los
reinos deben contribuir más activamente en su aventura imperial. Sus reiterados
intentos de establecer nuevos impuestos chocan con la resistencia obstinada de
la sociedad catalana, cuyos distintos sectores se unen olvidando antiguos
enfrentamientos.
En
1620-1626 este problema deja de ser de la Corona de Aragón para pasar a afectar
únicamente a Cataluña, ya que los demás reinos se declaran oficialmente contrarios a la posición catalana.
El
conflicto degenera en una guerra inmersa en un conflicto internacional Desde
1614 los lugartenientes generales intentan reactivar la recaudación de los
impuestos reales, hasta entonces más teórica que real.
En 1620,
se extiende exigir también un impuesto el quinto a Barcelona retroactivo desde
1599 que alcanza las 300.000 mil libras
y la ciudad se opone por todos los medios y el tema se replantea en las cortes
de los años 1626 y 1634.
Este
último año, se exige que oficiales reales revisen las cuentas de la ciudad,
cosa que va en contra los fueros catalanes, y el lugarteniente general duque de
Cardona, ordena el arresto de cuatro miembros del Consejo de Ciento, el juicio
del Presidente del Consejo en 1635.
Estas
medidas radicalizan las posturas de los consejeros que han intentado evitar la
ruptura de relaciones y ganarse el favor de Felipe IV con donativos.
Por otra
parte en la Cortes de 1626 se plantea la ilegal exigencia del conde duque
Olivares de que la Corona de Aragón contribuya con hombres para formar la Unión
de Armas.
Todos los
reinos ceden, en parte, salva Cataluña, que debe contribuir con 16.000 hombres.
En este tema y el de los impuestos hacen fracasar las cortes de 1626 y 1634 y
el rey parte sin clausurarlas,
Desde
1626 se impone la presencia de soldados en el Principado, para frenar los
abusos y las exigencias de alojamiento de los soldados, se definen las
obligaciones a que están sujetos los catalanes, en 1630, pero eso no evita los
atropellos.
La
situación empeora tras la declaración de guerra a Francia en 1635, ya que
aumenta a unos 15.000 soldados instalados en Cataluña. Cardona proclama
entonces una leva general, lo que provoca disturbios entre los braceros
(segadores).
En 1639
los franceses ponen sitio a las fortalezas de Salses y Opol, y las autoridades
reclutan a unos 13.000 catalanes.
Convertido
en una plaza de armas, la larga presencia de tropas y la presión fiscal crea en
el Principado un sentimiento general contra la Corona. La Generalidad
radicaliza su posición frente a las autoridades reales. Las elecciones de 1638
la ponen en manos de Pau Claris, Jaume Ferran y Frances Tamarit, conocidos por
sus posturas inconformistas.
El
intento del nuevo lugarteniente, conde de Santa Coloma, de apropiarse de los
ingresos de Generalitat y el encarcelamiento de Tamarit y dos miembros del
Consejo de Ciento hace aumentar enormemente la tensión.
Además
entre los campesinos, obligados a alojar a los soldados, y los artesanos, que
junto con los anteriores llevan el peso de los impuestos, reina un profundo
descontento que constituye un fenómeno esencial de la revuelta.
En mayo
de 1640 estalla un alzamiento de los tercios reales y el alojamiento
obligatorio. El obispo de Gerona excomulga a los tercios, responsables del
incendio y saqueo de la iglesia de Riudarenes, dando a la lucha un cierto
sentido de guerra santa.
Un
ejército entre 4 y 5 mil campesinos ataca a los tercios y, el 22-5-1640, un
grupo de ellos entra en Barcelona, gritando contra Santa Coloma.
Tras
liberar a Tamarit y otros presos, las autoridades logran expulsarlos de la
ciudad. Los disturbios prosiguen atacando los campesinos a los traidores que
alojan a soldados. Tal como era costumbre, el 7 de junio, 7 de junio día del
Corpus Christi, entra en Barcelona un grupo numeroso de braceros en busca de
trabajo.
Una pelea entre un bracero y un alguacil, que acaba con la muerte del primero, desata la ira de sus compañeros, que se lanzan por las calles gritando muera el mal gobierno Viva la tierra, Mueran los traidores, Una serie de incidentes más o menos fortuitos que culmina con la persecución de los miembros de la Audiencia Real y la muerte de Santa Coloma, cuando intentaba huir, en la playa, a los pies de Montjuic.
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