domingo, 18 de octubre de 2026

EL PALACIO REAL DE MADRID

                 

               EL PALACIO REAL DE MADRID


Madrid año 1738.- Por orden de Felipe V se inician las obras de construcción de un nuevo palacio situado en el antiguo emplazamiento del Alcázar de la casa de Austria, destruido por un incendio cuatro años antes.

El encargado de su ejecución es un alumno de Fontana, el arquitecto y abate siciliano Filipo Juvara, quien, a instancias de Felipe V y de su esposa Isabel de Farnesio, presenta un proyecto de edificación que imita el palacio de Versalles, con el que rivaliza  en extensión y grandeza.

Las pretensiones del siciliano, sin embargo, alcanzan límites inusitados y los monarcas mismos se intimidan ante su exorbitante propuesta.

Juvara, empero, moría sin poder llevar a la práctica su idea, aunque antes de ello, designó a uno de sus discípulos, el turinés Giambattista Sacchetti para que ocupara su lugar.

Este último presentó a los reyes españoles un proyecto que sólo precisaba la cuarta parte del área que se había previsto en los planes iniciales de su maestro.

En realidad, sólo se conservó parte de lo que había trazado Juvara, y se ocupó de introducir buen número de mejoras que ofrecieron más amenidad al establecimiento.

El Palacio Real se situaba en un marco de gran belleza, a un extremo de la ciudad y con el río Manzanares deslizándose al fondo. El edificio dividido en seis o siete pisos, se alzaba alrededor de un patio cuadrado y amplio, con galerías en los cuatro lados para permitir la circulación de forma similar a la del palacio Farnesio en Roma.

Dicho patio, de líneas académicas y bien definidas, era de piedra granítica y por ello no apto para los adornos escultóricos.

En las fachadas, un cuerpo central sobresalía ligeramente, al igual que otros cuerpos en los ángulos poseían una protección que sobrepasaba al plano de la fachada.

De los pisos bajos, tratados con un basamento se alzaban unas gigantescas columnas hacia los pisos superiores.



Sacchetti, en contra de lo que había planeado Juvara, prestó importancia a las terrazas que se asomaban a los jardines e intentó aligerar en general la pesada masa del edificio.

Asimismo perfeccionó la escalinata del interior y situó la Real Capilla con su cúpula junto a la fachada norte, confiriendo de ese modo uno de los rasgos más peculiares al lugar.


Con el fin de decorar y amueblar el palacio se crearon, bajo el patronato real, las Reales Fábricas de Vidrio y Cerámicas, al igual que la Fábrica de Tapices.


 

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