EL PALACIO REAL DE MADRID
Madrid año 1738.- Por orden de Felipe V se inician las obras de construcción de un nuevo palacio situado en el antiguo emplazamiento del Alcázar de la casa de Austria, destruido por un incendio cuatro años antes.
El
encargado de su ejecución es un alumno de Fontana, el arquitecto y abate
siciliano Filipo Juvara, quien, a instancias de Felipe V y de su esposa Isabel
de Farnesio, presenta un proyecto de edificación que imita el palacio de
Versalles, con el que rivaliza en extensión
y grandeza.
Las
pretensiones del siciliano, sin embargo, alcanzan límites inusitados y los
monarcas mismos se intimidan ante su exorbitante propuesta.
Juvara,
empero, moría sin poder llevar a la práctica su idea, aunque antes de ello,
designó a uno de sus discípulos, el turinés Giambattista Sacchetti para que
ocupara su lugar.
Este último
presentó a los reyes españoles un proyecto que sólo precisaba la cuarta parte del
área que se había previsto en los planes iniciales de su maestro.
En
realidad, sólo se conservó parte de lo que había trazado Juvara, y se ocupó de
introducir buen número de mejoras que ofrecieron más amenidad al establecimiento.
El
Palacio Real se situaba en un marco de gran belleza, a un extremo de la ciudad
y con el río Manzanares deslizándose al fondo. El edificio dividido en seis o
siete pisos, se alzaba alrededor de un patio cuadrado y amplio, con galerías en
los cuatro lados para permitir la circulación de forma similar a la del palacio
Farnesio en Roma.
Dicho
patio, de líneas académicas y bien definidas, era de piedra granítica y por
ello no apto para los adornos escultóricos.
En las
fachadas, un cuerpo central sobresalía ligeramente, al igual que otros cuerpos
en los ángulos poseían una protección que sobrepasaba al plano de la fachada.
De los
pisos bajos, tratados con un basamento se alzaban unas gigantescas columnas
hacia los pisos superiores.
Sacchetti,
en contra de lo que había planeado Juvara, prestó importancia a las terrazas
que se asomaban a los jardines e intentó aligerar en general la pesada masa del
edificio.
Asimismo
perfeccionó la escalinata del interior y situó la Real Capilla con su cúpula
junto a la fachada norte, confiriendo de ese modo uno de los rasgos más
peculiares al lugar.
Con el
fin de decorar y amueblar el palacio se crearon, bajo el patronato real, las
Reales Fábricas de Vidrio y Cerámicas, al igual que la Fábrica de Tapices.








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