| Arzobispo de Toledo en 1558 |
Toledo,
13 de octubre de 1.558.- El dominico Bartolomé de Carranza toma posesión del
Arzobispado de Toledo, en el momento de una tremenda persecución que se cierne
sobre él.
El rigorismo extremo y el equivocado celo de la inquisición española apunta en esta ocasión a una persona recta e intachable, a la que por animosidades y envidias personales, se acusa de postular y defender en sus escritos ideas protestantes.
Le espera
la prisión y un largo proceso de diecisiete años de duración a lo largo del
cual declararán en su contra más de cien testigos y se le imputaran como heterodoxas,
millares de proposiciones vertidas en sus escritos.
De nada
servirán las brillantes intervenciones de los abogados de Carranza, en particular
las del navarro Martín de Azpilicueta, ni las declaraciones en favor del arzobispo
de los más egregios testigos.
Al final,
el propio papa Pío V tendrá que mediar y decretar el traslado a Roma de este
proceso, promovido por el Inquisidor General, Fernando de Valdés e instruido
por el Arzobispo de Santiago, Gaspar Zúñiga de Avellaneda.
Los
jueces romanos más comprensivos que los españoles, absolverán a Carranza, pero a la muerte de Pío V los enemigos del
Arzobispo de Toledo volverán a la carga.
El nuevo Papa, Gregorio XIII sentenciará la causa declarando a Bartolomé Carranza, sospechoso de herejía. Su Catecismo fue censurado por Melchor Cano y Domingo de Soto.
Fue sentenciado a una condena leve en 1567, falleciendo poco después en Roma.

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