miércoles, 25 de febrero de 2026

UN ARZOBISPO ANTE LA INQUISICIÓN


Arzobispo de Toledo en 1558

Toledo, 13 de octubre de 1.558.- El dominico Bartolomé de Carranza toma posesión del Arzobispado de Toledo, en el momento de una tremenda persecución que  se cierne sobre él.

El rigorismo extremo y el equivocado celo de la inquisición española apunta en esta ocasión a una persona recta e intachable, a la que por animosidades y envidias personales, se acusa de postular y defender en sus escritos ideas protestantes.

Le espera la prisión y un largo proceso de diecisiete años de duración a lo largo del cual declararán en su contra más de cien testigos y se le imputaran como heterodoxas, millares de proposiciones vertidas en sus escritos.

De nada servirán las brillantes intervenciones de los abogados de Carranza, en particular las del navarro Martín de Azpilicueta, ni las declaraciones en favor del arzobispo de los más  egregios testigos.

Al final, el propio papa Pío V tendrá que mediar y decretar el traslado a Roma de este proceso, promovido por el Inquisidor General, Fernando de Valdés e instruido por el Arzobispo de Santiago, Gaspar Zúñiga de Avellaneda.

Los jueces romanos más comprensivos que los españoles, absolverán a Carranza,  pero a la muerte de Pío V los enemigos del Arzobispo de Toledo volverán a la carga.

El nuevo Papa, Gregorio XIII sentenciará la causa declarando a Bartolomé Carranza, sospechoso de herejía.  Su Catecismo fue censurado por Melchor Cano y Domingo de Soto. 

Fue sentenciado a una condena leve en 1567, falleciendo poco después en  Roma. 


  

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