Granada,
18 de abril de 1568.-El tintorero granadino Farax ibn Farax fracasa al intentar
tomar la ciudad, falto del apoyo de sus correligionarios del Albaicín,
temerosos del inquisidor Pedro de Deza.
El levantamiento
morisco, que pronto se extiende a todo
el reino de Granada, es propiciado por la pragmática real del 1-1-1557,
auspiciado por el inquisidor Pedro de Deza en la que se prohíbe a los moriscos
el portar armas, hablar y escribir en su lengua en público y privado, usar sus
propios vestidos y practicar sus costumbres, y se les obliga a entregar todos
sus libros.
Además se
les imponen nombres cristianos y se les obliga a tener abiertas sus casas,
descubrir el rostro de sus mujeres y suprimir sus baños.
Estas medidas
que buscan responder a una posible conveniencia de los moriscos con los piratas
berberiscos y a su falta de cristianización, provocan fuertes protestas incluso
de señores cristianos como el duque de Alba y el conde de Tendilla.
En
diciembre de 1567 se produce el levantamiento de las Alpujarras. Aquí se
refugia Farax ibn Farax, aunque los moriscos eligen rey a Hernando de Córdoba y
Válor, caballero veinticuatro de Granada, que toma el nombre de Aben Humeya.
Este nombre a Farax ibn Farax alguacil mayor, que pronto lo destruye por
organizar una especie de inquisición islámica.
La
rebelión se extiende por Granada, Málaga, Almería y Murcia por la que el
capitán general de Granada marqués de Mondéjar, solicita la ayuda de los
señores de Andalucía.
Poco
después Felipe II nombra nuevo capitán general a su hermanastro don Juan de Austria, quien destierra a
los moriscos (junio de 1569) y logra amplios poderes para combatirles (octubre de
1569).
La rebelión
prosigue aunque con nuevo jefe Abén Humeya,
que logra apoyos de los argelinos en julio de 1569, es asesinado y sustituido
por Diego López (noviembre 1569) o Aben Aboo.

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