Lisboa,
30 de mayo de 1588.-La Flota española conocida
por la Invencible, parte con destino a Inglaterra para tratar de desembarcar en aquellas
tierras y destronar a la reina Isabel, enemiga de la católica Corona española.
La antigua política de amistad con Inglaterra herencia llevada a cabo por la Corona
de Aragón, va enturbiándose poco a poco hasta que con la muerte de María Tudor,
entra en un callejón sin salida.
La nueva
reina Isabel I trata por todos los medios de afianzar y acrecentar las fuerzas
de Inglaterra en Europa y evitar la subordinación en el mar por medio de
corsarios y alianzas.
Para ello
no tiene más alternativas que el enfrentamiento con España, por este motivo
Isabel no duda en apoyar a los enemigos de Felipe II, allí donde se hallen,
sean Los Países Bajos o Francia jugando en gran medida la baza de la religión.
Mientras
Felipe II aparece como el defensor del catolicismo. Isabel se arroga el papel
de protectora del protestantismo; así las cosas se suceden con diversos
intentos españoles de derrocar a la monarca inglesa, mientras esta se dedica a
expoliar a base de corsarios las flotas de Indias españolas y de inmiscuirse en
las propias Indias.
Francisco Drake
Haciendo
caso omiso del monopolio español por fin en 1585, ambos países acuerdan el
embargo de las naves contrarias que se
encuentren en sus puertos, al tiempo que la reina inglesa organiza una
expedición de saqueo del corsario Francis Drake, que afecta al puerto de Vigo,
las islas de Cabo Verde y la Española, y
Cartagena de Indias.
Alejandro Farnesio.
Felipe II
cree encontrar entonces la solución al conflicto en la organización de una
poderosa armada, que tras zarpar de Lisboa, se dirija a los Países Bajos y
recoja allí las tropas de Alejandro Farnesio, para invadir luego Inglaterra.
Este
proyecto muestra grandes fallos desde el principio, ya que en España no cuenta
con barcos del calado adecuado para los puertos neerlandeses.
Los
preparativos de la campaña duran más tiempo del previsto. El material para la
escuadra se trae de los países nórdicos, lo que infunde más que sospechas a los
ingleses.
Además
cuando en abril de 1587 Drake ataca el puerto de Cádiz y destruye varios buques
demuestra cuán pública es la preparación de la escuadra.
Al frente
de la expedición se nombra al marqués de Santa Cruz y almirante de la armada
atlántica Álvaro de Bazán, pero cuando este fallece, el 9 de febrero de 1.588,
le sustituye Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medinasidonia.
Después
de numerosos retrasos, y de una salida fallida (9-5-1588), la armada española zarpa del Puerto de Lisboa el 30 de
mayo de 1588 formada por 130 buques y 22.000 hombres entre marinos y soldados.
Estos
últimos han de complementar los 26.000 que reúne Farnesio en los Países Bajos.
La expedición comienza como termina mal. El Pésimo tiempo le obliga a
refugiarse en la Coruña, desde donde sale de nuevo el 22 de julio hacía el
canal de la Mancha.
El avistamiento entre las flotas enemigas tiene lugar en el cabo Lizard. La inglesa alcanza los 250 buques, gracias a la incorporación y pertrechado de navíos pertrechados y de navíos particulares, que complementan los 34 únicos barcos de guerra que posee.
Todas
las ventajas son suyas. Además de conocer las aguas en que navegan sus naves
más pequeñas y ligeras, se acomodan y son más maniobrables en la guerra de
costas y en mares tempestuosos y de poco
fondo como los de la región.
El primer
encuentro a fines de julio, es bien soportado por la flota española, que avanza
hacía Calais sin apenas pérdidas.
Entonces
falla el plan en su punto básico al no disponer de buques de poco calado, las
tropas de Farnesio deben llegar en barcazas hasta las naves españolas, pero
esto es impedido por el bloqueo impuesto por los rebeldes de las Provincias
Unidas.
En la
noche del 7 al 8 de julio, los ingleses rompen la formación española, iniciando
el desastre de la Invencible, que los elementos completan. Después de la
batalla la armada española logra emprender la retirada por el norte,
circunvalando Escocia e Irlanda, aunque pierden numerosos busques por la acción
de las tormentas y de las guarniciones costeras.
A fines
del mes de septiembre, la flota llega por fin a las costas españolas. De 130
naves que partieron, regresan 66 y solo 10.000 hombres de los 22.000 que
marcharon.
El
fracaso dela expedición tiene dos consecuencias inmediatas, de un lado, aparece
una reacción derrotista, que ve en el fracaso de la operación el fin de la
armada y del poderío español, tal como se apresuran a difundir los
propagandistas ingleses.
De otro
lado, surge una reacción regeneracionista encabezada por el mismo Felipe II que
decide superar la humillación y reaccionar. Gracias a a esta actitud se
realizan nuevos intentos, aunque también fallidos, de invadir Inglaterra, pero
sin poner por ello las vías de comunicación con las colonias americanas, ni
perjudicar a la armada, que se convierte así en un arma estatal y permanente, y
que demuestra su valía ante posteriores ataques ingleses ya a intereses
coloniales, ya a la misma península.
A pesar
de todos los esfuerzos, los nuevos intentos de derrocar a la reina Isabel resultan infructuosos, incluso en 1596.

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