martes, 24 de marzo de 2026

EL DESASTRE DE LA ARMADA INVENCIBLE CONTRA LOS INGLESES DE ISABEL I.

 



Lisboa, 30 de mayo de 1588.-La Flota  española conocida por la Invencible, parte con destino a Inglaterra  para tratar de desembarcar en aquellas tierras y destronar a la reina Isabel, enemiga de la católica Corona española. La antigua política de amistad con Inglaterra herencia llevada a cabo por la Corona de Aragón, va enturbiándose poco a poco hasta que con la muerte de María Tudor, entra en un callejón sin salida.

La nueva reina Isabel I trata por todos los medios de afianzar y acrecentar las fuerzas de Inglaterra en Europa y evitar la subordinación en el mar por medio de corsarios y alianzas.

Para ello no tiene más alternativas que el enfrentamiento con España, por este motivo Isabel no duda en apoyar a los enemigos de Felipe II, allí donde se hallen, sean Los Países Bajos o Francia jugando en gran medida la baza de la religión.

Mientras Felipe II aparece como el defensor del catolicismo. Isabel se arroga el papel de protectora del protestantismo; así las cosas se suceden con diversos intentos españoles de derrocar a la monarca inglesa, mientras esta se dedica a expoliar a base de corsarios las flotas de Indias españolas y de inmiscuirse en las propias Indias.

Francisco Drake

Haciendo caso omiso del monopolio español por fin en 1585, ambos países acuerdan el embargo de las  naves contrarias que se encuentren en sus puertos, al tiempo que la reina inglesa organiza una expedición de saqueo del corsario Francis Drake, que afecta al puerto de Vigo, las islas de Cabo Verde  y la Española, y Cartagena de Indias.

Alejandro Farnesio.

Felipe II cree encontrar entonces la solución al conflicto en la organización de una poderosa armada, que tras zarpar de Lisboa, se dirija a los Países Bajos y recoja allí las tropas de Alejandro Farnesio, para invadir luego Inglaterra.

Este proyecto muestra grandes fallos desde el principio, ya que en España no cuenta con barcos del calado adecuado para los puertos neerlandeses.

Los preparativos de la campaña duran más tiempo del previsto. El material para la escuadra se trae de los países nórdicos, lo que infunde más que sospechas a los ingleses.

Además cuando en abril de 1587 Drake ataca el puerto de Cádiz y destruye varios buques demuestra cuán pública es la preparación de la escuadra.

Al frente de la expedición se nombra al marqués de Santa Cruz y almirante de la armada atlántica Álvaro de Bazán, pero cuando este fallece, el 9 de febrero de 1.588, le sustituye Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medinasidonia.

Después de numerosos retrasos, y de una salida fallida (9-5-1588), la armada  española zarpa del Puerto de Lisboa el 30 de mayo de 1588 formada por 130 buques y 22.000 hombres entre marinos y soldados.

Estos últimos han de complementar los 26.000 que reúne Farnesio en los Países Bajos. La expedición comienza como termina mal. El Pésimo tiempo le obliga a refugiarse en la Coruña, desde donde sale de nuevo el 22 de julio hacía el canal de la Mancha.



El avistamiento entre las flotas enemigas tiene lugar en el cabo Lizard. La inglesa alcanza los 250 buques, gracias a la incorporación y pertrechado  de navíos pertrechados y de navíos particulares, que complementan los 34 únicos barcos de guerra que posee. 

Todas las ventajas son suyas. Además de conocer las aguas en que navegan sus naves más pequeñas y ligeras, se acomodan y son más maniobrables en la guerra de costas y  en mares tempestuosos y de poco fondo como los de la región.

El primer encuentro a fines de julio, es bien soportado por la flota española, que avanza hacía Calais sin  apenas pérdidas.

Entonces falla el plan en su punto básico al no disponer de buques de poco calado, las tropas de Farnesio deben llegar en barcazas hasta las naves españolas, pero esto es impedido por el bloqueo impuesto por los rebeldes de las Provincias Unidas.

En la noche del 7 al 8 de julio, los ingleses rompen la formación española, iniciando el desastre de la Invencible, que los elementos completan. Después de la batalla la armada española logra emprender la retirada por el norte, circunvalando Escocia e Irlanda, aunque pierden numerosos busques por la acción de las tormentas y de las guarniciones costeras.

A fines del mes de septiembre, la flota llega por fin a las costas españolas. De 130 naves que partieron, regresan 66 y solo 10.000 hombres de los 22.000 que marcharon.

El fracaso dela expedición tiene dos consecuencias inmediatas, de un lado, aparece una reacción derrotista, que ve en el fracaso de la operación el fin de la armada y del poderío español, tal como se apresuran a difundir los propagandistas ingleses.

De otro lado, surge una reacción regeneracionista encabezada por el mismo Felipe II que decide superar la humillación y reaccionar. Gracias a a esta actitud se realizan nuevos intentos, aunque también fallidos, de invadir Inglaterra, pero sin poner por ello las vías de comunicación con las colonias americanas, ni perjudicar a la armada, que se convierte así en un arma estatal y permanente, y que demuestra su valía ante posteriores ataques ingleses ya a intereses coloniales, ya a la misma península.

A pesar de todos los esfuerzos, los nuevos intentos de derrocar a la reina Isabel resultan infructuosos, incluso en 1596.


 



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