México,
1540.- Juan de Zumárraga, primer obispo de México, solicita al emperador Carlos
V el envío de agricultores moriscos que
se dediquen a la cría de gusanos de seda.
No debió
parecer intempestiva su petición al emprendedor obispo si se atiende al rápido
incremento de la producción de seda mexicana, y al hecho de que los moriscos de Murcia y Granada, sobre todo de la comarca alpujarreña, tenían fama de expertos criadores en el arte sericícola, si bien es cierto que los tejedores solían ser cristianos.
Aunque el
monarca no accedió a lo solicitado por Zumárraga, si autorizó más tarde que se estableciesen
telares en La Puebla.
Hacía
1540, producían en México 15.000 libras de seda, cantidad significativa pero modesta en comparación con
las 170.000 libras producidas en la península Ibérica, objeto de un comercio en
manos de los genoveses, que reportaba pingües beneficios.
Cabe atribuir
a Hernán Cortés la introducción en la península Ibérica de la seda en México,
desde el comienzo de la conquista y colonización.
En un
principio la cría del gusano se ensayó con moreras americanas, y más tarde con
árboles llamados moreras nacidos con vástagos de árboles importados de España.
Fue al
sur de México, en la región mixteca, célebre por sus artesanos, donde el cultivo
de la morera era cada vez de una mejor calidad y la producción progresivamente
mayor.
La
industria progresó, especialmente desde que Carlos V autorizara la instalación
de telares. Los tejedores fueron cada vez más numerosos, llegaron a constituir
un gremio el del Arte Mayor de la Seda.
Entre los
promotores de la producción sedera se cuenta con un tal Martin Cortés, que al
parecer no era pariente del conquistador.
Se sabe de él que en 1539 solicitó la encomienda de Tepejí, población que por mérito de su esfuerzo se llamó TEPEJÍ DE LA SEDA.
En 1581 apareció en Granada y Murcia una obra
titulada ARTE PARA CRIAR SEDA EN NUEVA ESPAÑA, lo que en cierto modo ilustra la
importancia que había alcanzado la producción en el virreinato.
No
llegaría a arraigar en México, sin embargo, la industria sedera, a causa sobre
todo de la competencia de las sedas orientales. Comenzaron éstas a llegar con el
llamado Galeón de Manila, cuya ruta discurría entre ese puerto filipino y el
mexicano de Acapulco.
Fue en realidad el final de una fuente de riqueza.

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