Misisipi,
21 de mayo de 1542.-No había aún cumplido cuarenta y ocho años, pero el
agotamiento físico y las fiebres puede más
que el temple y la voluntad de conquista de Hernando de Soto, que muere
extenuado cuando su expedición llegaba a la confluencia de los ríos Wichita y Misisipi,
el lecho del gran río sería su tumba.
Nacido en Jerez de los Caballeros, Extremadura como tantos conquistadores, buscó fortuna en las Indias cuando solo
tiene diecinueve años como Cortés.
Participa
en el descubrimiento, conquista y colonización de Nicaragua; es solicitado por Pizarro
y se enrola en la expedición al Perú, lo que le proporciona una parte sustancial
del botín del rescate de Atahualpa.
Más
riquezas obtiene luego en el saqueo del Cuzco, marcha después a España, donde
se casa con Isabel de Bobadilla, hija de Pedrarias Dávila, su protector que
había condenado y ajusticiado a otro yerno suyo: Núñez de Balboa, el
descubridor del Pacífico,
En su estancia
en España, corta pero suficiente para desposarse, Soto logra también la
capitulación para la conquista de Florida, tierra que considera plena de
riquezas minerales, pero si la fortuna le ha sido propicia en el sur de América,
no le sucederá igual en el norte.
Con 10
barcos y 600 hombres parte hacía América en abril de 1538, ostentando el título
de Adelantado de la Florida y Gobernador de Cuba, cargos que poco más o menos
han sido con préstamos al Emperador, siempre necesitado de dinero. Y a de Soto,
no le falta, como resultado de sus correrías americanas.
No prevé
las calamidades que le aguardan en la América septentrional a lo largo de los años,
desde 1539 a 1542 en que las fiebres y el agotamiento físico acaban con su vida, depositando el cadáver en
las aguas del rio Misisipi, ahora los expedicionarios bajo el mando de Luis de Moscoso, dan por terminada
la expedición y regresan a México en septiembre de 1543.


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