martes, 17 de febrero de 2026

EL RENACIMIENTO EN LA PINTURA

 

        

 

A través de las relaciones con Italia se introducen en España las formas renacentistas. Aun así Castilla es donde persiste la presencia de la pintura hispanoflamenca, interpreta de forma peculiar las nuevas influencias.

Ello es patente en las obras de Pedro Verrugueté (1540-1505), San Pedro mártir en oración, La decapitación de San Juan Bautista, la Anunciación o La Piedad. No obstante, su coetáneo Juan de Borgoña (1465-1536), ya deja entrever en su producción vínculos más estrechos con el arte italiano.

Así se aprecia en los retablos de la Concepción y de la Adoración de los Reyes (en la capilla de la Trinidad de Toledo). El Calvario, la imposición de la casulla a San Ildefonso y muchas otras.

Al mismo tiempo, Alejo Fernández (1475-1545), en Andalucía, sigue la tendencia italianizante con su Flagelación, La Virgen de la Rosa o la Virgen de los Navegantes, creará una escuela en auge durante el segundo tercio de siglo.

En Levante sobresalen los artistas leonardescos Hernando de Llanos con la adoración de Los Pastores y San Juan Bautista, Hernando Yáñez de La  Almedina, con su Santa Ana con la Virgen y el Niño y San Juan Bautista y la Sagrada Familia, aunque más tarde seguirán las huellas de Rafael los pintores Juan Masip y Juan de Juanes, uno de los autores más relevantes de la escuela levantina.

Decisiva resulta también de un activo taller cortesano instalado en El Escorial y al que pertenece Juan Fernández de Navarrete el Mudo, además de los retratistas que trabajan en torno a esta corte, Alonso Sánchez de Coello y Juan Pantoja de la Cruz. Pero los nombres que más ligados a la estética renacentista se hallan son los de Luis de Morales el Divino,  con su Virgen del Pajarito, y de Doménico Theotocópuli el Greco, autor de el  entierro del Conde Orgaz y la coronación de la Virgen en los que predomina la espiritualidad.



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