A través
de las relaciones con Italia se introducen en España las formas renacentistas. Aun
así Castilla es donde persiste la presencia de la pintura hispanoflamenca, interpreta
de forma peculiar las nuevas influencias.
Ello es
patente en las obras de Pedro Verrugueté (1540-1505), San Pedro mártir en oración,
La decapitación de San Juan Bautista, la Anunciación o La Piedad. No obstante,
su coetáneo Juan de Borgoña (1465-1536), ya deja entrever en su producción vínculos
más estrechos con el arte italiano.
Así se
aprecia en los retablos de la Concepción y de la Adoración de los Reyes (en la
capilla de la Trinidad de Toledo). El Calvario, la imposición de la casulla a San
Ildefonso y muchas otras.
Al mismo tiempo,
Alejo Fernández (1475-1545), en Andalucía, sigue la tendencia italianizante con
su Flagelación, La Virgen de la Rosa o la Virgen de los Navegantes, creará una escuela
en auge durante el segundo tercio de siglo.
En
Levante sobresalen los artistas leonardescos Hernando de Llanos con la
adoración de Los Pastores y San Juan Bautista, Hernando Yáñez de La Almedina, con su Santa Ana con la Virgen y el
Niño y San Juan Bautista y la Sagrada Familia, aunque más tarde seguirán las
huellas de Rafael los pintores Juan Masip y Juan de Juanes, uno de los autores
más relevantes de la escuela levantina.
Decisiva
resulta también de un activo taller cortesano instalado en El Escorial y al que
pertenece Juan Fernández de Navarrete el Mudo, además de los retratistas que
trabajan en torno a esta corte, Alonso Sánchez de Coello y Juan Pantoja de la Cruz.
Pero los nombres que más ligados a la estética renacentista se hallan son los
de Luis de Morales el Divino, con su Virgen del Pajarito, y de Doménico Theotocópuli
el Greco, autor de el entierro del Conde
Orgaz y la coronación de la Virgen en los que predomina la espiritualidad.

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