Valladolid,
1.596.-En los últimos cuatro años, han sido bautizados seiscientos ochenta y
ocho niños, un 10% de los cuales ilegítimos.
En lo más
bajo de la escala social urbana se encuentran los pobres, denominación que
comprende a todos aquellos que carecen de lo imprescindible para llevar una
vida digna y que se mantienen de la caridad.
En el
grupo de los pobres denominan las personas sin familia, viudas, enfermos
ulcerosos, ciegos y lisiados entre los que se mezclan pícaros, vagos y
malhechores.
La
existencia institucional, y sobre todo la caridad privada, contribuyen a paliar
las necesidades de los pobres que constituyen el 10 y12% de la población de las
ciudades en las buenas épocas y alrededor del 25%, en periodos de escasez.
La
iglesia asume la mayor parte de las tareas de asistencia a los pobres. En los
obispados, conventos y monasterios se reparten alimentos (la conocida sopa
boba) cada día, y es sabido que el arzobispo de Valencia, Tomás de Villanueva,
entrega más de la mitad de sus rentas anuales para obras asistenciales y
educativas.
En los
años de hambre y epidemias, las instituciones eclesiásticas abren sus graneros
y acogen a los enfermos encargándose de cuidarlos.
Los niños
reciben una especial protección, en casi todas las ciudades, cuentan por lo
menos con una cofradía o fundación para hacerse cargo de los niños abandonados,
que son bautizados y criados por una nodriza.
Las
deficiencias higiénicas y la falta de medios hacen que la tasa de mortalidad
sea muy alta en las inclusas, al rededor del 80% de los niños fallecen antes de
los siete años.
También
existen colegios donde los niños huérfanos o pobres aprenden un oficio
artesanal, pero las plazas son limitadas.

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