BANCARROTA REAL
1º de
junio de 1557, se suspende el derecho de lo asentistas de cobrar las rentas
ordinarias como pago de las cantidades adelantadas.
Desencadenante
de tales suspensiones era la negativa de los asentistas a continuar concediendo
créditos, lo que causaba la ruptura de los contratos firmados y la emisión de
juros (pensiones perpetuas sobre la renta pública) por el valor de los créditos.
Sin
embargo en cada una de estas operaciones muchos banqueros se arruinaban y sólo
permanecían en pie los más fuertes, a los que la Corona ofrecía condiciones
particulares para que no dejaren de concertar asientos lo que hacían pese al
gran riesgo que ello implicaba.
Felipe II
iniciaba pues su reinado con una insostenible situación financiera en España y
con la herencia de la enorme deuda contraída por el imperio carolino.
Los
cargamentos de plata procedentes de las colonias pasaban directamente a manos
de los banqueros alemanes, genoveses, flamencos y españoles o se destinaban a
pagar las exportaciones con destino al Nuevo Mundo.
Llevada
por la ilusión de prosperidad, la Corona había abierto frentes en todas partes,
a la vez que la aristocracia se entregaba al derroche y, paralelamente,
aumentaban los precios y las tasas de interés del dinero.
La suspensión
de consignaciones de 1557, no obstante, resolvía el caótico estado del país por
unos años, durante los cuales, en el interior tanto como en el exterior, se
respiró una atmósfera de paz casi total.

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