Madrid,
31 de marzo de 1576. Juan de Escobedo, secretario personal de don Juan de
Austria, muere cuando regresaba al anochecer hacía su casa, asesinado por
hombres de secretario real Antonio Pérez.
Según
todos los testimonios, el rey había consentido en este crimen, movido por las
calumnias que Pérez vertía sobre el comportamiento desleal de su hermanastro, y
el papel que en estas intrigas desempeñaba
Escobedo.
En
realidad se trataba de un ajuste de cuentas entre pícaros de mucha categoría,
eso sí n que el rey no fue sino un juguete en manos del todo poderoso
secretario Escobedo, entró al servicio de don Juan por recomendación de Pérez,
que deseaba tener un confidente cerca del recientemente nombrado gobernador de
Flandes.
Ambos se
enredaron en un juego de engaños e informaciones sobre los planes de sus
respectivos señores.
En junio
de 1577 Escobedo viajó a Madrid para urgir a Felipe II sobre la proyectada
invasión de Inglaterra, y al trono que aspiraba don Juan, durante la estancia,
renovó sus intrigas cortesanas, y se dio cuenta de que Antonio Pérez y la
princesa de Éboli hacían grandes fortunas con el tráfico de secretos oficiales,
excluyéndole por completo del negocio.
Este
resquemor era muy peligroso para sus antiguos amigos, porque Escobedo sabía
muchas cosas de respecto de los manejos e indiscreciones de ambos.
Pérez no tuvo
mucho trabajo en persuadir al rey de que don Juan contemplaba seriamente la
posibilidad de traicionarle, y de que era Escobedo quien inspiraba tales propósitos.
En presencia
del marqués de los Vélez, Felipe II dio permiso para envenenar al secretario
con mucho tiento a fin de que na se supiera.
Fracasado el veneno hubo que recurrir a la espada. El escándalo levantado por este crimen y el descubrimiento de las intrigas de Pérez ocasionaron la caída de todo su grupo.

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