miércoles, 4 de marzo de 2026

HUANCAVELICA Y EL TRIÁNGULO DE LA MINERÍA.

 



Huancavelica, 1563. Son descubiertas las minas peruanas de cinabrio de Huancavelica. La industria minera es la que más se desarrolla en la América Hispana.

Cinabrio

Las directrices mercantilistas del estado, así como las ideas acerca  del poder y prestigio social que dan las riquezas especialmente los metales preciosos favorecen su crecimiento.

Las minas transforman el escenario de las Indias, y se convierten en un factor decisivo en la colonización, impulsada por el descubrimiento de las minas de plata de Zacatecas (1546), Guanajuato (1548), y Santa Bárbara (1547) en Nueva España, (Méjico), se inicia la colonización de la zona llamada hasta entonces Norte Misterioso.

La búsqueda  de ricos filones en América del Sur, no es menos feliz: en 1545 se descubren las minas argentíferas de Potosí (Bolivia), y en 1552 las de Sombrerete, Avino, Pachuca y Real del Monte, entre otras.

En principio la obtención de la plata se hace mediante oxidación del mineral, es decir quemándolo. Usan para ello hornos en los que se colocan capas alternas de combustible y mineral. Una vez oxidado, por fundiciones sucesivas, se separa la plata de los restos de mineral.

Este método exige gran cantidad de combustible que a veces resulta difícil de hallar, por ello es trascendental la aplicación a la minería de la plata a través del procedimiento de la amalgama, usado por primera vez en las minas de Pachuca (Méjico), por Bartolomé de Medina en 1555.

El nuevo método exige la utilización de azogue o cinabrio (mineral de mercurio), e inmediatamente las autoridades ordenan la búsqueda de filones en las Indias de este elemento, que en principio se importa a España.

El descubrimiento de 1563 de las minas de Huancavelica por Amador de Cabrera, proporciona azogue no solo al mineral argentífero peruano, sino también a Nueva España (Méjico).


Hasta que en 1573 subsiste la libre producción y tráfico del azogue, pero a partir de ese año se impone el sistema de asientos.

Este establece que los mineros deben vender en exclusiva el mineral extraído al estado que se lo compra a un precio fijado de antemano.

Los funcionarios reales distribuyen previo pago el cinabrio entre los mineros de plata, quienes en función de la cantidad de azogue comprada deben entregar la cantidad de plata correspondiente al quinto real.

Con este sistema, el estado pretende obtener beneficios del imprescindible azogue y, al mismo tiempo fiscalizar y vigilar las producciones de plata y de cinabrio.

No obstante esto es la teoría: en la práctica, los mineros saben burlar a la autoridades y eludir el pago del quinto real. 

El quinto real, se cobraba en las explotaciones mineras de la América española, suponía un impuesto obligatorio del 20% , (la quinta parte sobre la producción total de los metales preciosos, principalmente oro y plata, que se extraía de las minas.

Era un tributo directo a la Corona Española, que constituía una de las principales fuentes de ingresos de la Real Hacienda.

  



       

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