Amberes, 4 de noviembre de 1576.- Los
soldados veteranos españoles amotinados ante la falta de pagas, saquean la
ciudad durante horas, en el vandálico acto pierden la vida más de siete mil
vecinos.
Es lo que
se ha llamado en llamar furia española, la caótica situación económica de la
corona, alcanza uno de sus puntos culminantes el día 1 de septiembre de 1575,
cuando Felipe II firma un decreto de suspensión de pagos o quiebra.
Una de
las consecuencias del decreto es la imposibilidad de seguir enviando dinero a
Flandes.
A la
muerte de Requesens (5-3-1576) Felipe II nombra nuevo Gobernador a su hermano don
Juan de Austria, al que ordena que se presente prontamente en Bruselas, pasando
por el Mont Cenis, ya que la falta de pagas está enervando los ánimos de los
soldados.
Sin embargo
don Juan retrasa su viaje, entre otras razones por cuestiones monetarias, y
viaja a Madrid, para solicitar de su hermano consejos para gobernar Flandes,
labor a la que tiene verdadero pánico.
Al mismo
tiempo que don Juan cruza la frontera de los Países Bajos con Luxemburgo,
disfrazado de criado morisco de Octavio Gonzaga, las tropas españolas saquean
Amberes, en abierta rebeldía contra los Estados Generales, las tropas habían ocupado
la ciudadela de Amberes en el mes de octubre por medio de la sección de Sancho
Dávila.
Los
vecinos de la ciudad, temerosos de ellos, piden que se refuerce la guarnición
pero la solicitud solo sirve para enervar más a la soldadesca extranjera y precipitarla
al saqueo.
El ataque
que se inicia al medio día produce la inmediata caída de los parapetos, y la muerte de (Oberstein)
o huida (Champagny, Havre de los principales jefes militares que defienden la ciudad.
Los
desmanes continúan produciéndole durante horas, más de siete mil muertos e
incalculables pérdidas materiales.
Para
evitar que se repita la “furia española” los Estados Generales, que se han
reunido en Bruselas, aprueban una alianza con los rebeldes calvinistas de Holanda
y Zelanda.
Cuando
llega don Juan de Austria y quiere imponerse como gobernador, no encuentra nada
más que obstáculos a sus deseos.

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