Méjico, 1.528.
Se publica la Relación Anónima de
Tlatelolco o Manuscrito de Tlatelolco, que ha sido escrito por cronistas
indígenas anónimos.
Forma
parte de un manuscrito más extenso titulado “Unos anales históricos de la
nación mexicana”. Sus autores habían sido testigos de la llegada de los
españoles y de la caída del imperio azteca. Escribieron en lengua náhuatl, valiéndose
de unas adaptaciones del alfabeto castellano ideada por frailes franciscanos.
El
manuscrito que incluye pinturas al estilo mexicano antiguo, representa una de
las tres formas en la que los aztecas conservaron la memoria de lo acaecido
durante la conquista: la combinación de la imagen y la palabra.
Una
primera forma de plasmar sus recuerdos consiste estrictamente en imágenes; jeroglíficos
y pinturas.
Otro tipo
de manuscrito lo constituyen los <<cantos de tristeza>> compuesto
por poetas que describen los días postreros
del sitio de Tenochtitlan.
En ellos
no se emplean pinturas ni jeroglíficos. Característica de estas crónicas es la
frecuente referencia a los portentos que precedieron a la llegada de los
españoles, interpretados como augurios de lo que ha de suceder. Cortés era la
encarnación de Quetzalcóatl, el rey y Dios que retornaba a reclamar su trono.
Muchos de
estos documentos eran considerados como
obras del demonio, ardieron en las hogueras de los misioneros.

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