martes, 27 de enero de 2026

LA MEMORIA DEL PUEBLO AZTECA

 


Méjico, 1.528. Se publica  la Relación Anónima de Tlatelolco o Manuscrito de Tlatelolco, que ha sido escrito por cronistas indígenas anónimos.

Forma parte de un manuscrito más extenso titulado “Unos anales históricos de la nación mexicana”. Sus autores habían sido testigos de la llegada de los españoles y de la caída del imperio azteca. Escribieron en lengua náhuatl, valiéndose de unas adaptaciones del alfabeto castellano ideada por frailes franciscanos.

El manuscrito que incluye pinturas al estilo mexicano antiguo, representa una de las tres formas en la que los aztecas conservaron la memoria de lo acaecido durante la conquista: la combinación de la imagen y la palabra.

Una primera forma de plasmar sus recuerdos consiste estrictamente en imágenes; jeroglíficos y pinturas.

Otro tipo de manuscrito lo constituyen los <<cantos de tristeza>> compuesto por poetas que describen los días postreros  del sitio de Tenochtitlan.

En ellos no se emplean pinturas ni jeroglíficos. Característica de estas crónicas es la frecuente referencia a los portentos que precedieron a la llegada de los españoles, interpretados como augurios de lo que ha de suceder. Cortés era la encarnación de Quetzalcóatl, el rey y Dios que retornaba a reclamar su trono.

Muchos de estos documentos  eran considerados como obras del demonio, ardieron en las hogueras de los misioneros.


 

 

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