sábado, 3 de enero de 2026

AMADIS Y EL VALEROSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

 

                         EL AMADÍS DE GAULA LECTURA CULTURAL


Zaragoza 1508. Garci Rodríguez de Montalvo publica su refundición de Amadís de Gaula, La obra realizada a partir de fragmentos de un primitivo manuscrito del Amadís de comienzo del siglo XV, probablemente y quizás de las versiones francesa e italiana anteriores a la española adquiriría gran celebridad y sería considerada el primer modelo de libro de caballerías.


El argumento cuenta la historia del hijo natural del rey de Gaula, Amadís, y pone especial énfasis en la descripción de las aventuras del protagonista, víctima de encantamientos de estos enfrentamientos contra seres extraordinarios, así como amor caballeresco de Amadís por la princesa Oriana

DE LOS SABROSOS RAZONAMIENTOS ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA  SU ESCUDERO, CON OTROS SUCESOS.

Todo eso no me descontenta: prosigue adelante – dijo Don Quijote. Llegaste, ¿y qué hacía aquella reina de la hermosura?. A buen seguro que la hallaste ensartando perlas, o bordando alguna cosa fina con oro de canutillo para este su cautivo caballero.

-     No la hallé respondió Sancho sino ahechando dos fanegas  de trigo en un corral de su casa.

-     Pues haz cuenta dijo Don Quijote que los granos de aquel trigo eran granos de  perlas, tocados de sus manos.

Y si miraste, amigo, el trigo, ¿era candeal o de trechel?.

-No era sino rubión – Respondió Sancho.


-Pues yo te aseguro dijo Don Quijote que, ha echado por sus manos, hizo pan candeal, sin duda alguna. 

Pero pasa adelante; cuando le diste mi carta, ¿la besó? ¿la puso sobre la cabeza? ¿Hizo alguna ceremonia digna de tal carta, o que hizo?.

Cuando yo se la iba a dar respondió Sancho, ella estaba en la fuga o el meneo de una buena parte trigo que tenía en la criba y me dijo <<Poned amigo poned esa carta sobre aquel costal; que no la puedo leer hasta que cabe de cribar todo lo que  aquí está..

Discreta señora dijo Don Quijote, eso fue por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante Sancho. Y en tanto que estaba en su menester ¿Qué coloquios pasó contigo?, ¿Qué te preguntó?, Y tú ¿qué le respondiste?, Acaba, cuéntamelo todo que no se quede nado en el tintero, ni una mínima.

Ella no me preguntó nada – dijo Sancho más yo le dije de la manera que vuestra merced, por su servicio quedaba haciendo penitencia, desnudo de la cintura arriba, metido entre estas sierras como si fuera salvaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan a manteles, ni sin peinarse la barba, llorando y maldiciendo su fortuna.

En decir que maldecía mi fortuna dijiste mal – dijo Don Quijote porque ante la que bendigo y bendeciré todos días de mi vida por haberme hecho digno de merecer amar a  tan alta señora como Dulcinea del Toboso.

-     Tan alta es respondió Sancho que a buena fe que me lleva a mi más de un coto.

-     Pues cómo Sancho dijo Don Quijote ¿As medidp tú con ella?.




-     Medirme de esta manera le respondi
Sancho que llegándole a ayudar a poner un costal de trigo sobre un jumento, llegamos tan juntos, que eché de ver que me llevaba más de un gran palmo.

-     Pues es vedad replicó Don Quijote que no acompaña esa grandeza y la adorna con ml millones de gracias del alma , pero no me negarás Sancho una cosa; cuando llegaste junto a ella  ¿no sentiste un olor de fragancia aromática .

-     Lo que se decir dijo Sancho es que sentí un olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella con el mucho ejercicio, estaba sudada  y algo correosa.


-     No sería eso respondió Don Quijote, sino que tú deberías estar romadizado, o debiste de  oler a ti mismo, porque yo sé muy bien a lo que huele aquella  rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ámbar desleído.

-   Todo puede ser respondió Sancho que muchas veces sale de mi aquel olor que entonces me pareció que salía de su merced de la señora Dulcinea, pero no hay de que maravillarse, que un diablo parece a otro.

- Y bien prosiguió Don Quijote he aquí que acabo de limpiar su trigo y de enviarlo al molino, ¿Qué hizo cuando leyó la carta?

La carta dijo Sancho, no la leyó  porque dijo que no sabía leer ni escribir; antes la rasgo y la hizo menudas piezas, diciendo que no la quería dar a leer a nadie, porque no querían que se supiese en el lugar sus secretos, y que le bastaba con lo que  yo le había dicho de palabra, acerca del amor que vuestra merced le tenía y de la penitencia extraordinaria que por su causa quedaba haciendo, 

Y finalmente me dijo que le dijese a vuestra merced que le besaba las manos, y que de allí quedaba  con más deseos de verle que de escribirle; y que así le suplicaba y mandaba que, vista la presente, saliese de aquellos matorrales y se dejase de hacer disparates, y se pusiese luego en el camino del Toboso, si otra cosa de más importancia no le sucediese porque tenía gran deseo de ver a vuestra merced.

 Riese mucho cuando le dijo como se llamaba vuestra merced Caballero de la Triste Figura. Pregúntele si había ido allá él  vizcaíno de marras, me dijo que sí, y que era un hombre muy bien, le pregunté por los galeotes y me dijo que hasta entonces no habría visto a ninguno.

Todo va bien hasta ahora dijo Don Quijote, peo dime que joya   te dío al despedirte por las nuevas que de mi le llevaste. Porque es usada y antigua costumbre entre los caballeros y demás andantes dar a los escuderos, doncellas o enanos que les llevan nuevas de sus damas a ellos de sus andantes, alguna rica joya en albricias en agradecimiento de su recado.

Bien puede ser así, y yo la tengo por buena usanza pero eso debió ser en los tiempos pasados, que ahora solo se debe acostumbrar a dar un pedazo de  pan y de queso, que esto es lo que me dio mi señora Dulcinea por las bardas de un corral, cuando de ella me despedí y aún por más señas, era el queso ovejuno.

Es liberal en extremo dijo Don Quijote y si no te dio joya de oro, sin duda debió ser  porque no la tendría allí a la mano para dártela; pero  buenas son mangas después de Pascua, yo la veré, y se satisfará todo.

¿Sabes de que estoy maravillado, Sancho. De que me parece que fuiste y viniste por los aires, pues poco más de tres días has tardado en ir y venir desde aquí al  Toboso.


 

 

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