martes, 27 de enero de 2026

LAS BRUJAS DEL RONCAL

 



Pamplona 1527.-El tribunal inquisitorial de Calahorra, presidido por el inquisidor Avellaneda y por el obispo de Pamplona, fray Prudencio de Sandoval, realiza una gran caza de brujas en los valles navarros.

Desde que Navarra se incorporara a la corona española el tribunal de la Inquisición va inmiscuyéndose cada vez en mayor medida en las competencias del Tribunal de la Corte y del Real  Consejo, sobre todo en los asuntos relacionados con la religión.


La polémica entre el poder civil y el eclesiástico, respecto al fenómeno de la brujería, concluye finalmente con el control parcial de estas cusas por parte de la Inquisición.

En 1527 los regidores de Pamplona reciben a dos niñas de 9 y 11 años que afirman ser brujas y poder reconocer a sus congéneres mirándoles a los ojos..

El inquisidor Avellaneda organizada inmediatamente la formación de una expedición para buscar brujos y brujas en los valles navarros llevando consigo 50 soldados.

Gracias  a la ayuda de las niñas brujas y de los soldados, el inquisidor Avellaneda logra apresar algunos centenares de brujas y brujos, 120 de ellos en el Roncal, 100 en Salazar y 200 en Amezkos. Más tarde Avellaneda describe su expedición, narrando como vio  volar a algunas brujas, cómo el diablo le persiguió para matarlo, y otros tópicos entresacados casi literalmente del MALLEUS MALEFICARUM (Martillo de las Brujas), de gran difusión en toda la Europa de aquella época, y  responsable de numerosas histerias descubridoras de brujerías.


Las hogueras inquisitoriales navarras trabajaban arduamente, persiguiendo a aquellos a los que la ignorancia popular culpa de las sequias, inundaciones, enfermedades y cualquier mal que les ataque. A pesar de todo, el mayor número de víctimas por brujería en estas tierras así como en el norte peninsular, no procede de la Inquisición, más favorable a ver en estas manifestaciones signos de locura, sino de las autoridades civiles, movidas en muchos casos por ocultos sentimientos,  como la envidia, la codicia o la simple ignorancia. 





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