EL AMADÍS DE GAULA LECTURA CULTURAL
Zaragoza 1508.
Garci Rodríguez de Montalvo publica su refundición de Amadís de Gaula, La obra realizada
a partir de fragmentos de un primitivo manuscrito del Amadís de comienzo del
siglo XV, probablemente y quizás de las versiones francesa e italiana anteriores
a la española adquiriría gran celebridad y sería considerada el primer modelo
de libro de caballerías.
El
argumento cuenta la historia del hijo natural del rey de Gaula, Amadís, y pone
especial énfasis en la descripción de las aventuras del protagonista, víctima de
encantamientos de estos enfrentamientos contra seres extraordinarios, así como amor
caballeresco de Amadís por la princesa Oriana
DE LOS
SABROSOS RAZONAMIENTOS ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA SU ESCUDERO, CON OTROS SUCESOS.
Todo eso no me descontenta: prosigue adelante – dijo Don
Quijote. Llegaste, ¿y qué hacía aquella reina de la hermosura?. A buen seguro
que la hallaste ensartando perlas, o bordando alguna cosa fina con oro de canutillo
para este su cautivo caballero.
-
No la hallé respondió Sancho sino ahechando dos fanegas de trigo en un corral de su casa.
-
Pues haz cuenta dijo Don Quijote que los granos de
aquel trigo eran granos de perlas,
tocados de sus manos.
Y si miraste, amigo, el trigo, ¿era
candeal o de trechel?.
-No era sino rubión – Respondió
Sancho.

-Pues yo te aseguro dijo Don
Quijote que, ha echado por sus manos, hizo pan candeal, sin duda alguna.
Pero pasa
adelante; cuando le diste mi carta, ¿la besó? ¿la puso sobre la cabeza? ¿Hizo
alguna ceremonia digna de tal carta, o que hizo?.
Cuando yo
se la iba a dar respondió Sancho, ella estaba en la fuga o el meneo de una buena
parte trigo que tenía en la criba y me dijo <<Poned amigo poned esa carta
sobre aquel costal; que no la puedo leer hasta que cabe de cribar todo lo que aquí está..
Discreta
señora dijo Don Quijote, eso fue por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante
Sancho. Y en tanto que estaba en su menester ¿Qué coloquios pasó contigo?, ¿Qué
te preguntó?, Y tú ¿qué le respondiste?, Acaba, cuéntamelo todo que no se quede
nado en el tintero, ni una mínima.
Ella no
me preguntó nada – dijo Sancho más yo le dije de la manera que vuestra merced,
por su servicio quedaba haciendo penitencia, desnudo de la cintura arriba, metido
entre estas sierras como si fuera salvaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan
a manteles, ni sin peinarse la barba, llorando y maldiciendo su fortuna.
En decir
que maldecía mi fortuna dijiste mal – dijo Don Quijote porque ante la que bendigo y
bendeciré todos días de mi vida por haberme hecho digno de merecer amar a tan alta señora como Dulcinea del Toboso.
-
Tan alta es respondió Sancho que a buena fe que me
lleva a mi más de un coto.
-
Pues cómo Sancho dijo Don Quijote ¿As medidp tú con
ella?.
-
Medirme de esta manera le respondi
Sancho que llegándole
a ayudar a poner un costal de trigo sobre un jumento, llegamos tan juntos, que
eché de ver que me llevaba más de un gran palmo.
-
Pues es vedad replicó Don Quijote que no acompaña
esa grandeza y la adorna con ml millones de gracias del alma , pero no me
negarás Sancho una cosa; cuando llegaste junto a ella ¿no sentiste un olor de fragancia aromática .
-
Lo que se decir dijo Sancho es que sentí un
olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella con el mucho ejercicio, estaba
sudada y algo correosa.
-
No sería eso respondió Don Quijote, sino que tú deberías
estar romadizado, o debiste de oler a ti
mismo, porque yo sé muy bien a lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo,
aquel ámbar desleído.
- Todo puede ser respondió Sancho que muchas
veces sale de mi aquel olor que entonces me pareció que salía de su merced de
la señora Dulcinea, pero no hay de que maravillarse, que un diablo parece a
otro.
- Y bien prosiguió
Don Quijote he aquí que acabo de limpiar su trigo y de enviarlo al molino, ¿Qué
hizo cuando leyó la carta?
La carta
dijo Sancho, no la leyó porque dijo que no sabía leer ni escribir; antes la rasgo y la hizo menudas piezas,
diciendo que no la quería dar a leer a nadie, porque no querían que se supiese en
el lugar sus secretos, y que le bastaba con lo que yo le había dicho de palabra, acerca del amor
que vuestra merced le tenía y de la penitencia extraordinaria que por su causa
quedaba haciendo,
Y finalmente me dijo que le dijese a vuestra merced que le
besaba las manos, y que de allí quedaba con
más deseos de verle que de escribirle; y que así le suplicaba y mandaba que, vista
la presente, saliese de aquellos matorrales y se dejase de hacer disparates, y
se pusiese luego en el camino del Toboso, si otra cosa de más importancia no le
sucediese porque tenía gran deseo de ver a vuestra merced.
Riese mucho cuando le
dijo como se llamaba vuestra merced Caballero de la Triste Figura. Pregúntele
si había ido allá él vizcaíno de marras, me dijo que sí, y que era un hombre muy
bien, le pregunté por los galeotes y me dijo que hasta entonces no habría visto
a ninguno.
Todo va
bien hasta ahora dijo Don Quijote, peo dime que joya te dío
al despedirte por las nuevas que de mi le llevaste. Porque es usada y antigua
costumbre entre los caballeros y demás andantes dar a los escuderos, doncellas
o enanos que les llevan nuevas de sus damas a ellos de sus andantes, alguna
rica joya en albricias en agradecimiento de su recado.
Bien
puede ser así, y yo la tengo por buena usanza pero eso debió ser en los tiempos
pasados, que ahora solo se debe acostumbrar a dar un pedazo de pan y de queso, que esto es lo que me dio mi
señora Dulcinea por las bardas de un corral, cuando de ella me despedí y aún
por más señas, era el queso ovejuno.
Es
liberal en extremo dijo Don Quijote y si no te dio joya de oro, sin duda debió
ser porque no la tendría allí a la mano
para dártela; pero buenas son mangas después
de Pascua, yo la veré, y se satisfará todo.
¿Sabes de
que estoy maravillado, Sancho. De que me parece que fuiste y viniste por los
aires, pues poco más de tres días has tardado en ir y venir desde aquí al Toboso.