Castilla 1603
Francisco de Quevedo y Villegas, inicia la redacción de su vida en el libro llamado
el Buscón. Concluida en 1608 y publicada en 1.626, esta novela picaresca representa
el exponente genuino del estilo quevedesco, en ella se conjugan la prosa precisa, grave, sugerente y
sugestiva que es propia del autor, con metáforas más audaces, y si bien las
situaciones y temas del género picaresco,
el estilo le confiere una originalidad absoluta.
Pensada
como un espectáculo de guiñol, la Vida del Buscón no solo elude la realidad,
sino que la potencia hasta hacer de ella una caricatura, un esperpento, en el
que los personajes se representan completamente deshumanizados para traspasar
al autor el pesimismo de Quevedo y su intención moralizante.
Francisco
de Quevedo y Villegas había nacido en Madrid en 1.580. Tras cursar sus estudios
en Alcalá y Valladolid, acompañó al duque de Osuna en su viaje a Italia (1.616),
de regreso a Madrid, actuó como portador de dinero para la Corona.
Encargado
de los asuntos de Hacienda en Venecia, se le concedió el hábito de Caballero de
Santiago, pero al ser derribado Osuna, fue desterrado a su señorío de la Torre
de Juan Abad.
Felioe III
Convento de San Marcos en León.
Durante
el reinado de Felipe IV, Quevedo consigue ganarse el favor del conde duque de
Olivares y desempeñó por cierto tiempo algunos cargos en la corte, sin embargó
cayó en desgracia al hallarse un
memorial satírico en el palacio, por lo que el autor fue detenido y trasladado
a San Marcos en León.
Con la caída de Olivares en 1.643, Quevedo recuperó una breve libertad de sólo dos años,
pues en 1,645 moriría en Villanueva de los Infantes. Autor de una producción
amplia y compleja, sus títulos se reparten entre las obras en prosa y en poesía.
En el
primer grupo se incluyen la novela picaresca, los escritos festivos, satíricos,
políticos, en los que predomina siempre una actitud de denuncia contra la
situación de su época, filosófica, fantasías morales, y traducciones.
El segundo
grupo contiene poesías amorosas, satíricas, morales, fúnebres, sagradas,
romances, jácaras, y también traducciones en verso. Uno de los aspectos más característicos
y sin duda más populares, de Quevedo lo constituyen las obras festivas.
Estas se
publican en 1631 junto a algunas sátiras con el título Juguetes de la niñez y Travesuras
del ingenio, volumen en el que se incluían los sueños, corregidos y convertidos
en alegorías mitológicas con toda alusión a la Sagrada Escritura suprimida.
El Sueño del Infierno conocido como el sueño de las calaveras fue el primero que se compuso y en él aparece ya el , constante tema del Juicio Final a lo largo de toda su trayectoria literaria, que empleará tanto en la esfera religiosa y trascendente como en el ámbito de la comicidad.
Aquí se
anuncia también la fantasía moral posterior La hora de todos. Escritas con una
técnica muy superior a la empleada en los sueños, las fantasías morales de
Quevedo, giran siempre en torno a unos personajes determinados, el Avaro, el
Médico, el Cornudo, el Administrador de la Justicia, las Damas, más o menos
honestas etc.a los que sin piedad hace
blanco de su agudo sátira.
Por otra
parte el razonamiento grave de diversas figuras históricas es la base de su Discurso de todos los diablos
o el infierno enmendado.
Respecto
a las obras poéticas, que forman prácticamente la mitad de la producción del
autor madrileño y lo convierte en uno de los más brillantes poetas de la
literatura española.
Quevedo concibe la poesía como la creación de un mundo nuevo, sino como meditación sobre el que ya existe y conocemos. Su postura intolerante de continuo enfrentada a una realidad que no acepta, se traduce en una intención moralizante que se hace visible incluso en medio de la sátira y de las situaciones burlescas.




