PORTUGAL RECOBRA SU INDEPENDENCIA
Portugal,
1 de diciembre de 1640. Se produce un motín en Lisboa, encabezado por Pinto
Ribeiro y la casa de Braganza. Es atacado el palacio de la virreina, doña
Margarita de Saboya, prima de Felipe IV, y asesinado el ministro Miguel de
Vasconcellos, quien controlaba quien controlaba en realidad la política
portuguesa como fiel delgado del conde duque de Olivares español.
El
asesinato no causa gran molestar en Doña Margarita, quien no tiene aprecio y
piensa que se trata de una cuestión de orden interno o venganza personal. Sin
embargo, pronto es avisada de las intenciones independentistas que se esconden
en el motín.
Tras ser
recluida en un convento se la conduce a la frontera aunque con toda
consideración, ya que goza de simpatías. El motín independentista luso responde
a una serie acumulada de errores de la Corona española y de Olivares y de su
centralismo castellano.
Cuatro
siglos de independencia, dotan a Portugal de una viva conciencia nacional que
su adscripción a Castilla no puede ahogar. Durante el reinado de Felipe II, los
portugueses no manifiestan grandes reivindicaciones.
No ocurre
así con Felipe III, que no tiene en cuenta los intereses coloniales portugueses
al acordar la tregua de los Doce Años con Holanda (1609), ni con Felipe IV y el
conde Luque de Olivares, que bajo un aspecto de respeto a la autonomía
portuguesa, tratan por todos los medios de imponer el centralismo castellano.
La
entrega del virreinato portugués a doña Margarita de Saboya constituye un verdadero
fracaso, incapaz en los asuntos gubernativos deja todo el poder en manos de
Miguel de Vasconcellos, cuñado de un familiar de Olivares.
Vasconcellos
actúa a su capricho. Dando gusto a su ambición y a los intereses de Olivares,
deseoso de recursos para lograr un eficaz despliegue internacional de la
monarquía española.
Al
estallar la guerra con Francia se imponen nuevos tributos a Portugal, lo que
provoca motines y un movimiento de protesta en Évora (1637) y en los Algarves.
La sublevación de Cataluña va a constituir el espaldarazo final.
Olivares
impone a los nobles portugueses que acudan a Cataluña, en bloque, nombrando
general en jefe de las tropas al duque de Braganza, de quien se sospecha que
aglutina la oposición portuguesa. Cumplido el encargo, el de Braganza se retira
a sus posesiones, mientras que su mayordomo, Juan Pino Ribeiro, prepara un
levantamiento en Lisboa, algo nada difícil, dada la actitud predominante hacía
Castilla.
Tras el levantamiento de 1 de diciembre de 1640, el duque de Braganza, es elegido rey con el nombre de Juan IV. Ahora comenzara una guerra con Castilla, que concluye tras reconocer la independencia portuguesa (12-2-1668)
Castilla, que concluye
tras reconocer la independencia portuguesa (13-2-1668).
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