Flandes,
1 de julio de 1567. Los ciudadanos flamencos, levantados en estado de guerra contra
la corona española encuentran una nueva forma de atacar los intereses españoles.
Guillermo de Orange concede patentes de corso, para arruinar el comercio marítimo
español, que se encuentra en este momento en plena prosperidad.
Muchos aventureros
acuden en busca de estas patentes de corso que no es otra corsa que los
pordioseros del mar, más deseosos de ganar cuantiosos botines que defender los
ideales flamencos de independencia.
Estos
piratas tendrán escasos puertos donde poder recalar ya que no solo atacan a los
galeones españoles, sino que destruyen barcos de otros países, convirtiéndose
en enemigos de muchas naciones.
El
sistema de piratería que se impone en este periodo da lugar a una patente de
corso bien regulada, que se refleja en las legislaciones de diversos países,
como en las ordenanzas de Francia (1584-1681), Holanda (1622-1667), Inglaterra
(1707), Dinamarca 1710.
DUREZA FRENTE
A CONCILIACIÓN
La marcha
del duque de Alba ha llenado de temor a los protestantes en toda Europa. Sobre
todo los calvinistas que dominan Ginebra
El Papa
Pio V deseaba aprovechar el paso del ejército católico parra arrasar este nido
de herejía, pero Felipe II, prudente una vez más no quiere levantar contra las
iras de los hugonotes franceses y alemanes por lo que se excusa ante el pontífice.
Sin
embargo, el episodio reactiva la decisión de lucha de todos los calvinistas, y
su presencia gana peso en Flandes donde en este momento continuo siendo una minoría.
El 22 de
agosto llega el duque a Bruselas, Margarita de Parma expresa rápidamente su
malestar a Felipe y abandona Flandes antes de terminar el año.
Termina
así la política de convivencia. Alba pretende por el contrario, imponer sin
fisuras la autoridad real como único medio de pacificar el país. Crea el
Tribunal de los Tumultos, llamado luego el Tribunal de la Sangre, y arresta a
los nobles más destacados en la protesta y Egmont y Horn.
Su intención
es no arrancar la viña, sino podarlas y espera limitar el derramamiento de
sangre, pero el temor de los flamencos es muy grande e interpretan estas
medidas como la instauración de un régimen de terror, máxime cuando viene a establecer
la nueva Inquisición Tridentina.
Guillermo
de Orange intenta una primera invasión con tropas alemanas pero el miedo
paraliza cualquier reacción popular y es derrotado.
El ataque
supone un argumento más para la estrategia que lleva a cabo el duque de Alba.





