Viena
1703.-El archiduque Carlos de Austria se proclama rey de España. La inestabilidad
y la inoperancia de los gobiernos franceses en Madrid (1701-1705) hacen que el
partido francófilo pierda adeptos. Mientras el
gobierno y la corte se desgastan en estériles luchas personales.
La gran
Alianza de la Haya, firmada por Inglaterra, Alemania y Holanda se amplía con la
adhesión de todos príncipes alemanes, menos el de Baviera y el arzobispo de
Colonia en 1702.
Un año más
tarde Saboya y Portugal, que hasta entonces eran aliados de Francia, pasan a
engrosar las filas de sus enemigos.
A partir de
entonces Luis XIV cuenta únicamente con el apoyo de Baviera, de Colonia y
España, que es más un lastre que una ayuda.
Los mares
están dominados por las flotas de los aliados, así que la guerra debe decidirse
en el continente.
Animado
por los éxitos de sus partidarios, el archiduque Carlos de Austria, se proclama
rey de España. Una escuadra angloholandesa le conduce hasta Lisboa donde
desembarca el 7 de mayo de 1704.
Es
recibido por Pedro II de Portugal y el archiduque adopta el nombre de Carlos
III.
Pocos
días después Pedro y Carlos publican sendos comunicados declarando que están
dispuestos a tomar las armas para liberar a España de la usurpación y tiranía
de Felipe de Anjou, concediendo una amnistía a todos los que en un periodo no
mayor de 30 días desde su entrada en territorio español, abandonen la causa de
los Borbones.
Ahora
España se convierte en escenario de la guerra de Sucesión años 1700 al 1715

MADRID. EL
SERVICIO DE LA DEUDA.- El estado crónico de endeudamiento de la monarquía
española, agravado ahora por la guerra de Sucesión, exige una rápida respuesta
por parte de los nuevos gobernantes. Portocarrero y Ávila, al hacerse cargo del
poder, y con el beneplácito de Felipe V, toman algunas medidas tendentes a
enjugar el déficit, tales como la reducción del servicio en la corte, lo que
causa un enorme malestar en aquellas capas de la nobleza que obtienen sus
únicos ingresos, e incluso su sustento como fieles servidores del rey.
Esta
medida de nada sirve por lo que se recurre a una mayor presión tributaria
contra las capas que normalmente soportaban los impuestos.
No
obstante, debido al estado de guerra y a la profunda crisis atravesada por
España, poco se puede conseguir de aquellas gentes a las que casi todo les ha
sido sustraído, por lo que tienen que recurrir al increíble nombre de
<<servicio de deudas>>.
Mal sienta tal medida sobre
todo entre la nobleza, por lo que se adopta la de desviar los impuestos
hacía los municipios y hacia los burgueses, implantando obligatoriamente en
determinados territorios.
UN EJÉRCITO PARA UNA GUERRA. MADRID AÑO 1704.
Por decreto de Felipe V, se procede a la reorganización del ejército, el rey se dedica con entusiasmo a esta tarea, tomando como modelo el plan francés de Louvois. Comienza con la reorganización de la infantería y de las milicias provinciales, tomando primero batallones de 500 hombres y más tarde regimientos de 12 compañías.
Después le toca el turno a la caballería que estará formada por 46 regimientos. En 1.710 se constituye un regimiento de artillería, y se procede a la creación de academias, parques y arenales, que más adelante pasaran a constituir el Real Cuerpo de Artillería.
Disponiendo asimismo que cada regimiento tenga una sola bandera blanca, con la cruz de Borgoña, dos castillos y dos leones. Al principio los cañones se hacen de hierro y bronce y se funden en Barcelona y Sevilla, con una calidad excelente.
El número de soldados variaba muchísimo con las épocas, y como número máximo llegaba a estar formado por unos 100.000. Junto a las compañías de fusileros con bayoneta se establecía la presencia de granaderos y dota a los de caballería mediante carabina y sable.