Ágreda 1640.-Felipe
IV visita a la monja sor María de Ágreda, en el monasterio de la Inmaculada
Concepción, atraído por la fama de santidad y sabiduría, cuando se dirige hacía Aragón con
motivo de la guerra de Cataluña.
A partir
de ese momento se inicia una activa correspondencia entre el monarca y la monja
sor María de Agreda, que se convierte en una especie de consejera privada del
rey hasta su fallecimiento en 1665,
Sor María
Jesús de Ágreda, llamada en el mundo María Coronel y Arana, nace en 1602 en el
seno de una familia hidalga de extremada religiosidad, Ésta es de tal categoría
que cuando María cuenta 16 años entra en religión junto con sus padres y
hermanos. Su propia casa se convierte en un convento y antes de cumplir los
veinticinco años ya es nombrada abadesa.
Tras conseguir
dispensa papal a casa juventud. En este tiempo va adquiriendo fama de
santidad y de ser favorecida por revelaciones sobrenaturales. Lo que le permite
reunir importantes donaciones para construir el monasterio de la Inmaculada
Concepción, en las afueras de Ágreda.
Cuando
Felipe IV la conoce se siente atraído por ella e inicia una larga
correspondencia, en la que sor María le da más frecuentes consejos sobre las
cuestiones de gobierno que sobre temas religiosos o morales.
A través
de esos consejos toma parte en favor o en contra de los validos, aunque
recordando al rey su obligación de
gobernar personalmente. Sor María se muestra contraria al conde duque de
Olivares, al que considera perturbador de la paz del estado, y aconseja sabiamente
el tratar con tiento a la Inquisición. En política exterior, aparece partidaria
de la paz con Francia, aunque haya que recurrir para ello a la intercesión del
Papa.
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