España 1726,
La agricultura española se encuentra en un periodo de recuperación, tras los
desastres y reveses que ha sufrido en el siglo XVII.
En su
conjunto, el mundo agrícola se divide en tres zonas, según el modo de
producción y el rendimiento alcanzado, aparte del sistema de rozas que se
práctica en las montañas. Así en la zona de Galicia y de la cornisa cantábrica hay
un tipo de cultivo intensivo que obtiene como mínimo una cosecha al año y se
nutre de mano de obra exclusivamente familiar; los rendimientos obtenidos son
altos, pero en cambio la productividad es poco elevada.
En las dos submesetas y Andalucía occidental predomina el cultivo extensivo, en el que se recurre a mano de obra asalariada. Aquí la producción es superior a la de la zona anterior, pero en cambio el rendimiento por unidad de superficie es muy bajo. Por fin, en la costa mediterránea se impone el sistema que tiene elementos de la primera zona, como la parcelación, aunque con gran importancia del regadío y los cultivos arbóreos, y de la segunda, como el secano.
Además,
esta zona es la que se encuentra más inmersa en el mercado mundial, que fija los precios e incide sobre la aparición o
desaparición de tipo de cultivos.
Tal
ocurre con el crecimiento de los viñedos, vinculado a la demanda de aguardiente
y de pasas, o con la caña de azúcar americana, que obliga a sustituir el
cultivo de la cala por el de moreras y luego por el de naranjos.
En estos
sistemas de cultivo tiene importancia la existencia de ganado, fuente básica de
abono, y el empleo de un arado muy rudimentario que exige explotaciones
extensas para obtener cultivos rentables.
El
crecimiento de la agricultura, sobre todo de cereales, es en conjunto modesto
en el siglo XVIII. En la práctica no hay más que una ampliación, la mayoría de
veces de forma extensiva, de legados del siglo anterior como el maíz o el
viñedo, o el inicio de cultivos que serán de gran importancia, como la patata.
Son años de recuperación, sobre todo en Levante, cornisa cantábrica y Andalucía,
recuperación que se siente a partir de mediados de siglo en la zona central.
La
inexistencia de un mercado nacional no impide el intercambio de productos entre
las diversas comarcas y regiones, que se convierte en una necesidad ante la creciente
especialización de cultivos en las tierras del interior.
En las
zonas costeras, la posibilidad de participar en el comercio internacional
permite que estas tierras sufran menos las crisis de subsistencias, e incluso
participen en ese comercio internacional.
La
producción de granos, revitalizada en los primeros años del siglo, se caracteriza
en diversas zonas por el ascenso de cultivos, como el maíz que sustituyen al
trigo. En el País Vasco, Asturias y Galicia, el maíz arrincona al mijo, el
centeno, la avena y la cebada, y
desbanca al trigo.
En menor
escala ocurre algo similar en Casilla, en beneficio del centeno, la avena y la
algarroba, o en Murcia donde se impone la cebada,
LA ROZA,TUMBA Y QUEMA
La roza es un tipo de trabajo que consiste en la eliminación de la parte aérea de la vegetación, quedando la raíz de la planta. Se trata de rozar la tierra, penetrando en ella unos pocos centímetros y dejando esa pequeña capa de tierra más suelta y aireada, pero sin levantarlo en exceso.
Esto permite que el agua de riego y
lluvia penetren mejor en el suelo. El fin de esta labor es el de destruir las malas hierbas como la grama.
La roza manual era muy utilizada tanto
en jardinería como en huertos, y las principales herramientas para esta labor
eran el rozón, el cultivador y la azada
Con la llegada de la maquinaria ligera,
estas labores manuales han sido sustituidas por arados superficiales y de poca
profundidad.
La roza es muy importante para poder mantener zonas aisladas del fuego, como los cortafuegos pues se mantienen libres de vegetación muy combustible en épocas de sequía, como son las gramíneas y las pequeñas hierbas del campo y de la huerta.


































