Sevilla 1522.-Sepublica
el anónimo Discurso contra el duelo, que amplía con nuevas condenas la ya
extensa exposición de los preceptos civiles y eclesiásticos que reprueban dicho
ejercicio.
La
práctica del combate en duelo mediante se
pretendía tomar satisfacción por una ofensa, o simplemente hacer una
demostración de valor persistía en
España pese a las continuas
amonestaciones y prohibiciones que pesaban sobre él desde tiempos atrás.
Ya en el
año 855, el Concilio de Valencia había condenado con la pena de muerte a todo
participante en desafíos de esta índole.
De nuevo
el Papa Inocencio IV prohibía esta práctica en 1255 y todavía en 1473, el
Concilio de Toledo castigaba con la expulsión del seno de la iglesia al los
duelistas.
De poco o
nada sirvieron los intentos de los Reyes Católicos poner fin a la avalancha de desafíos
en España con una pragmática, dictada en Toledo, según la cual se penaba a los
que se enfrentaban a duelo y a sus padrinos con el destierro y la pérdida de
sus bienes,
Si por su
parte Carlos I hubo de tolerar tal institución, solo como medio para vengar
las injurias, no fue porque se sintiera partidario de ella, sino porque así se
lo recomendaron sus consejeros españoles,
No
obstante durante el gobierno del emperador partieron repetidas iniciativas por
parte de la iglesia y otras esferas sociales con el fin de frenarlos y fue el
último monarca que concedió <<un campo de honor>>
con
su presencia, tal como preveían las leyes
seculares.
La
polémica en torno a los duelos e incluso a la realización de dichos
enfrentamientos, continuaría vigente durante mucho tiempo todavía.
Un siglo después
de la aparición del DISCURSO CONTRA EL DUELO y DESAFIOS, se publicaría otra obra llamada
Discursos contra el duelo y desafíos, escrita por Luis Brochero, quien reiteraba las críticas negativas.
Peo
tampoco con este nuevo volumen se conseguiría concienciar a las mentes que defendían
obstinadamente

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