Bolonia,
23 de febrero de 1530. El papa Clemente VII corona solemnemente al emperador Carlos
V de Alemania con la corona de hierro de los lombardos.
En 1520 Carlos
V recibe en Aquisgrán la primera de las tres coronas imperiales, la que corresponde
a su condición de emperador electo.
Según la
tradición, debe ceñirse dos coronas más, la de hierro de Lombardía y la corona
imperial pero esto no sucede hasta diez años más tarde.
La situación
política en 1530 lleva al emperador a decidir que es el momento apropiado para
hacerse coronar por el Papa. Fija el 24 de febrero, fecha de su cumpleaños y
aniversario de la batalla de Pavía. De acuerdo con su deseo, se prepara todo el
ceremonial para que el 22 de febrero reciba la corona de hierro lombarda y dos
días después, la imperial.
El ritual
es muy semejante en ambos casos, el emperador sale de palacio acompañado por un
brillante cortejo de nobles, cuatro de los cuales llevan los atributos
imperiales el cetro, la espada, el mundo y la corona, que luego son impuestos
por el pontífice.
El día 22,
los cuatro nobles son vasallos suyos, como el marqués de Villena y de Astorga,
mientras que la nación elige a príncipes soberanos como los duques de Saboya y
Urbino.
El día 24
Carlos V jura solemnemente defender la fe católica y la iglesia. A continuación
es ungido con óleo por el cardenal Farnesio y coronado en el transcurso de la
misa oficiada por el papa.
Suenan las trompetas y disparan los cañones, mientras en la calle la gente ¡¡grita ¡imperio, imperio!!, ¡¡España, España!!.
Con esta coronación, la última realizada
por un papa. Carlos V quiere simbolizar su aspiración a una cristiandad bajo su
imperio.

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